miércoles, 30 de julio de 2025

En torno al Sínodo (15)

Atender a los contextos

«La kapia es el punto más importante del puente, de igual modo que el puente es la parte más importante de la ciudad; o, como escribió en su diario de viaje un viajero turco a quien los visegradeses trataron bien, “Su kapia es el corazón del puente, el cual es el corazón de esta ciudad que ha de permanecer en el corazón de todos”. La kapia demuestra hasta qué grado los antiguos arquitectos… ponían de manifiesto su inteligencia cuando se trataba no sólo de la solidez y de la belleza de la construcción, sino de la utilidad y de las comodidades que obtendrían las generaciones posteriores» (1).

Hay lugares emblemáticos. El premio Nobel de literatura Ivo Andrić nos indica uno de ellos: las dos terrazas construidas en el puente de Mehmed Paša Sokolović en Višegrad, localidad perteneciente a Bosnia-Herzegovina y lindante con Serbia. Un puente que no es sólo un medio de tránsito para cruzar el río Drina, sino que a su vez es nexo de unión entre dos culturas: la musulmana y la cristiana. Sus terrazas se han convertido a lo largo de sus más de cuatro siglos de existencia en punto de encuentro, de descanso, de esparcimiento, de confraternización, de celebración festiva… un lugar donde poder relacionarse unos y otros.

La sinodalidad expresa un modo de relacionarse que ha de extenderse por toda la Iglesia que no es ajeno a los distintos contextos en que ha de desarrollarse, como indica el Documento final del Sínodo (2): «La llamada a la renovación de las relaciones en el Señor Jesús resuena en la pluralidad de contextos en los que sus discípulos viven y realizan la misión de la Iglesia. Cada uno de estos contextos posee riquezas particulares que, indispensablemente, hay que tener en cuenta, vinculadas al pluralismo de las culturas. Sin embargo, todos ellos, aunque de manera diferente, llevan los signos de lógicas relacionales distorsionadas y a veces opuestas a las del Evangelio. A lo largo de la historia, el cierre a las relaciones se solidifica en verdaderas estructuras de pecado (3), que influyen en el modo de pensar y actuar de las personas. En particular, generan bloqueos y miedos, que es necesario afrontar cara a cara y atravesar para poder emprender el camino de la conversión relacional.»

Ninguna tradición cultural es inmaculada en su recorrido, algo que no nos debería extrañar a poco que nos examinemos honestamente sobre nuestro propio proceder. Continúa el Documento final: «Enraizados en esta dinámica están los males que afligen a nuestro mundo, empezando por las guerras y los conflictos armados, y la ilusión de que se puede alcanzar una paz justa por la fuerza de las armas. [Dudé en hacer mención al puente sobre el Drina cuando me enteré que allí hubo una gran matanza de civiles durante la guerra de Bosnia en 1992 (4).] Igualmente, letal es la creencia de que toda la creación, incluso las personas, puedan ser explotados a capricho con fines lucrativos. Esta es la consecuencia de las muchas y variadas barreras que dividen a las personas, incluso en las comunidades cristianas, y limitan las posibilidades de unos en comparación con las que disfrutan otros.»

En esta descripción tampoco la Iglesia sale bien parada: «Tantos males que asolan nuestro mundo se manifiestan también en la Iglesia. La crisis de los abusos, en sus diversas y trágicas manifestaciones, ha traído un sufrimiento indecible y a menudo duradero a las víctimas y supervivientes, y a sus comunidades. La Iglesia debe escuchar con particular atención y sensibilidad la voz de las víctimas y de los sobrevivientes de los abusos sexuales, espirituales, institucionales, de poder o de conciencia de parte de miembros del clero o de personas con cargos eclesiales. La auténtica escucha es un elemento fundamental en el camino hacia la sanación, el arrepentimiento, la justicia y la reconciliación. En una época que experimenta una crisis global de confianza y que incita a las personas a vivir en la desconfianza y la sospecha, la Iglesia debe reconocer sus propios defectos, pedir perdón humildemente, hacerse cargo de las víctimas, dotarse de herramientas de prevención y esforzarse por reconstruir la confianza mutua en el Señor.»

Que salgan a la luz tantos desmanes ni ha de oscurecer la encomiable labor que realizan innumerables hijos de la Iglesia en todo el mundo, ni ha de impedir que la semilla del Evangelio se siga sembrando en todo tipo de terrenos esperando ser acogida; siendo conscientes de la propia debilidad, pero con la esperanza puesta en quien «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (5): «La escucha de los que sufren la exclusión y la marginación refuerza la conciencia de la Iglesia de que es parte de su misión hacerse cargo del peso de estas relaciones heridas para que el Señor, el “Viviente”, pueda sanarlas. Sólo así puede ser “en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (6). Al mismo tiempo, la apertura al mundo nos permite descubrir que en cada rincón del planeta, en cada cultura y en cada grupo humano, el Espíritu ha sembrado las semillas del Evangelio. Éstas fructifican en la capacidad de vivir relaciones sanas, de cultivar la confianza mutua y el perdón, de superar el miedo a la diversidad y dar vida a comunidades acogedoras, de promover una economía que cuide de las personas y del planeta, de reconciliarse después de un conflicto.»

Al caminar juntos para lograr estos propósitos no han de olvidarse las palabras de san Pablo: «Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo» (7); unos y otros hemos de ayudarnos a recorrer el itinerario de la santidad al que cada uno está llamado.

(1) Ivo Andrić: Un Puente sobre el Drina. Título original: No Drini Cuprija (1945). Editorial: Debolsillo – Colección: Contemporánea, número 289 – 2ª edición (2010). Traductor: Luis del Castillo Aragón. 499 páginas. Capítulo primero, página 18.

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Puntos tratados 53 a 56. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Juan Pablo II: Carta encíclica Sollicitudo rei socialis, punto 36: «Hay que destacar que un mundo dividido en bloques, presididos a su vez por ideologías rígidas, donde en lugar de la interdependencia y la solidaridad, dominan diferentes formas de imperialismo, no es más que un mundo sometido a estructuras de pecado. La suma de factores negativos, que actúan contrariamente a una verdadera conciencia del bien común universal y de la exigencia de favorecerlo, parece crear, en las personas e instituciones, un obstáculo difícil de superar. Si la situación actual hay que atribuirla a dificultades de diversa índole, se debe hablar de “estructuras de pecado”, las cuales se fundan en el pecado personal y, por consiguiente, están unidas siempre a actos concretos de las personas, que las introducen, y hacen difícil su eliminación. Y así estas mismas estructuras se refuerzan, se difunden y son fuente de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres.» Extraído de https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html

(4) Ver, por ejemplo, artículo en El mundo con ella del 14 de junio de 2022. Enlace : https://www.elmundoconella.com/bosnia-herzegovina/visegrad-la-belleza-del-drina-y-el-recuerdo-de-un-horrible-pasado/

(5) 1ª Carta de San Pablo a Timoteo, capítulo 2, versículo 4. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-timoteo/

(6) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 1: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano, ella se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisión su naturaleza y su misión universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes. Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales técnicos y culturales, consigan también la plena unidad en Cristo.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(7) Carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 6, versículo 2. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/galatas/

jueves, 24 de julio de 2025

Un duelo que se proyecta

Frente a la grandeza impostada

‘Nadie es perfecto’, con esta expresión concluye la exitosa película: Con faldas y a lo loco. Mal que nos pese cuando tenemos un alto concepto de nosotros mismos, podemos aceptar que eso es así, que no somos una excepción; pero, eso sí, hay que camuflarlo tanto como sea posible. Observamos a muchos personajes públicos refractarios a reconocer errores o fechorías, aunque sean flagrantes -¡qué van a pensar de nosotros!-: se niega, se obvia, se acusa o se busca un subterfugio. También nos puede pasar lo mismo a cada uno de nosotros si cedemos a la tentación de distorsionar nuestra biografía, nuestro currículo o nuestra fotografía para causar buena impresión o conseguir algún objetivo.

Este modo de proceder tiene un efecto tóxico en nuestro interior, como el agua que permanece estancada; es un duelo que no se ha superado, que suele manifestarse en reacciones destempladas, agresivas, en determinadas circunstancias, aquellas en las que hay heridas no cicatrizadas. Y este duelo también se proyecta.

Aludiendo al rey David y glosando uno de sus salmos escribe san Agustín (1): «No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusar a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás.»

Una vez mostrada, la herida está en disposición para ser curada: «No es así cómo nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: Pues yo reconozco mi culpa, tengo presente mi pecado. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón.»

De esta actitud se puede extraer un corolario que también nos aporta san Agustín: «Queda un remedio para no pensar mal de tu hermano. Sé con humildad lo que quieres que él sea, y así no sospecharás que él es lo que tú no eres» (2) Lo que vemos mal en los demás puede ser una pista para darnos cuenta en qué podemos mejorar.

(1) San Agustín: Sermón 19 (comentario de los salmos 50 y 72), punto 2. Extraído de https://www.augustinus.it/spagnolo/discorsi/index2.htm

(2) San Agustín: Exposición segunda del salmo 30. Sermón segundo, punto 7. Extraído de https://www.augustinus.it/spagnolo/esposizioni_salmi/esposizione_salmo_037_testo.htm



martes, 22 de julio de 2025

En torno al Sínodo (14)

Apuesta por la comunicación

Hay cariños que matan y atenciones que agobian. Cuando vi la película María Antonieta dirigida por Sofía Coppola me llamaron la atención algunas escenas en las que el exceso de servicio invadía la intimidad de los esposos mientras comían o de la reina en su alcoba. Se empujaba a los monarcas a vivir en una burbuja.

Tenemos experiencia, en mayor o menor medida de que cuanto más aprecio vertemos sobre nosotros mismos más maniáticos nos tornamos. El ascenso social va ligado en muchas ocasiones a amistades selectivas y compromisos clasistas. De la misma manera, cuanto más preocupada está una sociedad por el bienestar más encorsetada se encuentra la ciudadanía -por su salud, por su seguridad…-. Y los cristianos al poner los cinco sentidos centrados en las formas se pueden olvidar del fondo: qué supone vivir y relacionarse siguiendo las enseñanzas de Jesús.

La segunda parte del Documento final del Sínodo se inicia haciendo analogía entre la llamada de Jesús a los apóstoles para que le siguieran y la invitación del papa Francisco: «También el camino sinodal comenzó así: escuchamos la invitación del sucesor de Pedro y la acogimos; partimos con él y detrás de él. Juntos hemos orado, reflexionado, luchado y dialogado. Pero sobre todo hemos experimentado que son las relaciones las que sostienen su vitalidad, animando sus estructuras. Una Iglesia sinodal misionera necesita renovar ambas cosas» (1).

Jesús se relacionaba con todo el mundo. Algunos se lo retraían: «Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan”» (2). A nosotros nos puede dar repelús tratar con según quien, o nuestro entorno lo puede ver con desdén -no está bien visto-. Esta alergia la observamos también a diario en la vida política y social. Nos damos cuenta también que en este contexto la convivencia queda dañada.

Eran refractarios a Jesús los que estaban encantados de conocerse: los sabihondos, los aprovechados, los altaneros, los supremacistas, los perdonavidas; los hinchados de un ego propio o grupal que acorta las miradas y los hace rígidos, insensibles e inflexibles con quien no es de su cuerda. Glosando la parábola del samaritano decía el papa León XIV: «Este relato sigue desafiándonos también hoy, interpela nuestra vida, sacude la tranquilidad de nuestras conciencias adormecidas o distraídas y nos provoca contra el riesgo de una fe acomodada, ordenada en la observancia exterior de la ley, pero incapaz de sentir y actuar con las mismas entrañas compasivas de DiosLa mirada hace la diferencia, porque expresa lo que tenemos en el corazón: se puede ver y pasar de largo o bien ver y sentir compasión. Hay un modo de ver exterior, distraído y apresurado, un modo de mirar fingiendo que no se ve, es decir, sin dejarnos afectar ni interpelar por la situación; y hay un modo de ver, en cambio, con los ojos del corazón, con una mirada más profunda, con una empatía que nos hace entrar en la situación del otro, nos hace participar interiormente, nos toca, nos sacude, interroga nuestra vida y nuestra responsabilidad» (3).


La sinodalidad está orientada a favorecer la comunicación intra y extraeclesial: «A lo largo del recorrido del Sínodo y en todas las latitudes, surgió la llamada a una Iglesia más capaz de alimentar las relaciones: con el Señor, entre hombres y mujeres, en las familias, en las comunidades, entre todos los cristianos, entre los grupos sociales, entre las religiones, con la creación… El deseo de relaciones más auténticas y significativas no sólo expresa la aspiración a pertenecer a un grupo cohesionado, sino que corresponde a una profunda conciencia de fe: la calidad evangélica de las relaciones comunitarias es decisiva para el testimonio que el Pueblo de Dios está llamado a dar en la historia… Ser Iglesia sinodal exige, pues, una verdadera conversión relacional. Debemos aprender de nuevo del Evangelio que el cuidado de las relaciones no es una estrategia o una herramienta para una mayor eficacia organizativa, sino que es la forma en que Dios Padre se ha revelado en Jesús y en el Espíritu.»

Escribe san Pablo que «en Dios no hay acepción de personas» (4). Va bien para entender la sinodalidad recordar las palabras del papa Francisco en la JMJ de Lisboa: «Somos comunidad de hermanos y hermanas de Jesús, hijos e hijas del mismo Padre. Amigos, quisiera ser claro con ustedes, que son alérgicos a la falsedad y a las palabras vacías: en la Iglesia hay espacio para todos, para todos. En la Iglesia ninguno sobra, ningún está a más, hay espacio para todos. Así como somos. Todos. Y eso, Jesús lo dice claramente cuando manda los apóstoles a llamar al banquete de ese Señor que lo había preparado. Dice: vayan y traigan a todos: jóvenes y viejos, sanos y enfermos, justos y pecadores. Todos. Todos. Todos. En la Iglesia hay lugar para todos. Padre, pero hoy soy un desgraciado, soy una desgraciada, ¿hay lugar para mí? Hay lugar para todos. Todos juntos, cada uno en su lengua… cada uno en su lengua repita conmigo: todos, todos, todos… El Señor no señala con el dedo, sino que abre sus brazos… Nos abraza a todos. Nos muestra Jesús en la cruz, que tanto abrió sus brazos para ser crucificado y morir por nosotros. Él nunca cierra la puerta, nunca, sino que te invita a entrar. Entra y ve. Jesús recibe, Jesús acoge. En estos días, cada uno de nosotros transmite el lenguaje de amor de Jesús. Dios te ama; Dios te llama. Que lindo que es esto. Dios me ama, Dios me llama. Quiere que esté cerca de Él» (5).

Ese «todos, todos, todos» ha provocado algunos recelos entre quienes la asocian a la expresión “¡ancha es Castilla!” (6). Si nos olvidamos de la llamada que hace Jesús a la conversión unida a la acogida, no lo entenderemos bien; este «todos, todos, todos», nos anima a no tirar la toalla, a dejar de pensar que no tenemos remedio. Pero «todos, todos, todos», no quiere decir que valga ‘todo, todo, todo’. Se escucha a todos, se atienden sus consideraciones, consultas, propuestas o sugerencias, pero no hay peligro de desvarío doctrinal; a la luz de las Sagradas Escrituras y la tradición se irán estudiando y resolviendo las cuestiones que vayan surgiendo; es lo que supone actuar con discernimiento.

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Puntos tratados 49 a 52. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Evangelio según san Lucas, capítulo 5, versículos 30 a 32. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(3) Papa León XIV: Homilía del 13 de julio de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20250713-omelia-castelgandolfo.html

(4) Carta de san Pablo a los Romanos, capítulo 2, versículo 11. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/corpus-romanos/

(5) JMJ Lisboa 2023: Discurso del Santo Padre Francisco en la Ceremonia de acogida, 3 de agosto de 2023. Extraído de https://www.lisboa2023.org/es/articulo/papa-francisco-en-la-iglesia-hay-espacio-para-todos. También se puede ver en https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/august/documents/20230803-portogallo-cerimonia-accoglienza.html

(6) ¡Ancha es Castilla!: Expresión coloquial que se usa para animar a alguien, o a uno mismo, a actuar con libertad y de manera decidida. Extraído de https://www.rae.es/diccionario-estudiante/Castilla

 

miércoles, 16 de julio de 2025

En torno al Sínodo (13)

Un estandarte para la Iglesia y el mundo

“Cómo está el mundo señor Macario / cómo está el mundo, que atrocidad / con tanto cine / con tanta radio / vamos palante / vamos patrás”, interpreta El Consorcio una canción popular a ritmo de chotis (1). ‘Cómo está el mundo’, una expresión recurrente cuando observamos tantas cosas que pasan, a nuestro alrededor y más allá, que nos sumen en el desconcierto o nos hieren. ¿Qué hacemos más allá de lamentarnos? ¡Carpe diem!, vivamos el momento, gritarán algunos. ¡Acabemos con las fuerzas del mal! -según el propio criterio, se entiende-, proclamarán otros. ¡Yo a lo mío, los demás que se apañen!, pensaran algunos. Hay otras respuestas más alentadoras para la humanidad, por supuesto.

La sinodalidad es una propuesta en línea con estas últimas respuestas, como expresa el Documento final del Sínodo en el último epígrafe de la primera parte (2): «Practicado con humildad, el estilo sinodal puede hacer de la Iglesia una voz profética en el mundo de hoy. “La Iglesia sinodal es como un estandarte alzado entre las naciones (3)(4) ¿Por qué?

«Vivimos en una época marcada por el aumento de las desigualdades, la creciente desilusión con los modelos tradicionales de gobierno, el desencanto con el funcionamiento de la democracia, las crecientes tendencias autocráticas y dictatoriales, el dominio del modelo de mercado sin tener en cuenta la vulnerabilidad de las personas y la creación, y la tentación de resolver los conflictos por la fuerza en lugar del diálogo. Las prácticas auténticas de sinodalidad permiten a los cristianos desarrollar una cultura capaz de profetizar críticamente frente al pensamiento dominante y ofrecer así una contribución distintiva a la búsqueda de respuestas a muchos de los retos a los que se enfrentan las sociedades contemporáneas y a la construcción del bien común

Las aspiraciones de la sinodalidad son ambiciosas, incluso nos pueden parecer un poco fantasiosas pensando que el papel todo lo aguanta. ¿Se implicarán las distintas comunidades eclesiales en llevarla a cabo? ¿Se creerán que es un proceso beneficioso para la Iglesia y la sociedad? El timón de la barca de la Iglesia la lleva en último término el Espíritu Santo, si el Santo Padre nos pide que rememos en la dirección de la sinodalidad (5), pongámonos a dar paladas en esa dirección, impliquémonos y pidamos al Señor pesquis para no ser un obstáculo en su aplicación; no confundamos los carismas con los particularismos, que quieren que todo cuadre según su modo de entender las cosas. La experiencia es maestra, ayuda a afrontar las situaciones a las que nos enfrentamos, pero no ha de convertirse en una losa que impida alcanzar cotas más altas por las limitaciones que nos autoimponemos.

Así acaba la primera parte del Documento final: «El modo sinodal de vivir las relaciones es una forma de testimonio con relación a la sociedad. Además, responde a la necesidad humana de ser acogido y sentirse reconocido dentro de una comunidad concreta. Es un desafío al creciente aislamiento de las personas y al individualismo cultural, que incluso la Iglesia ha absorbido con frecuencia, y nos llama al cuidado recíproco, a la interdependencia y a la corresponsabilidad por el bien común. Asimismo, desafía un exagerado comunitarismo social que asfixia a las personas y no les permite ser sujetos de su propio desarrollo. La disponibilidad de escuchar a todos, especialmente a los pobres, contrasta con un mundo en el que la concentración de poder deja fuera a los pobres, a los marginados, a las minorías y a la tierra, nuestra casa común. Tanto la sinodalidad como la ecología integral asumen la perspectiva de las relaciones e insisten en la necesidad de cuidar los vínculos: por eso se corresponden y se integran en el modo de vivir la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.»

(1) El Consorcio: Cómo está el mundo señor Macario. La interpretación se puede ver en: https://www.youtube.com/watch?v=U3weALE7fqU

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Primera parte, epígrafe La sinodalidad como profecía social, puntos tratados 47 y 48. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Libro del profeta Isaías, capítulo 12, versículo 13: «Izará una enseña hacia las naciones, para reunir a los desterrados de Israel, y congregar a los dispersos de Judá, desde los cuatro extremos de la tierra.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/isaias/

(4) Papa Francisco, Discurso para la conmemoración del 50 aniversario de la constitución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015: «Nuestra mirada se extiende también a la humanidad. Una Iglesia sinodal es como un estandarte alzado entre las naciones (cf. Is 11,12) en un mundo que —aun invocando participación, solidaridad y la transparencia en la administración de lo público— a menudo entrega el destino de poblaciones enteras en manos codiciosas de pequeños grupos de poder. Como Iglesia que «camina junto» a los hombres, partícipe de las dificultades de la historia, cultivamos el sueño de que el redescubrimiento de la dignidad inviolable de los pueblos y de la función de servicio de la autoridad podrán ayudar a la sociedad civil a edificarse en la justicia y la fraternidad, fomentando un mundo más bello y más digno del hombre para las generaciones que vendrán después de nosotros.» Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/october/documents/papa-francesco_20151017_50-anniversario-sinodo.html

(5) Saludo del Santo Padre León XIV a los miembros del Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, 26 de junio de 2025: «La sinodalidad es un estilo, una actitud que nos ayuda a ser Iglesia, promoviendo auténticas experiencias de participación y comunión». Extraído de https://www.synod.va/es/news/el-papa-leon-xiv-se-reune-con-los-miembros-del-xvi-consejo-ordin.html#:~:text=Vaticano%2C%2026%20de%20junio%20de%202025.%20En,General%20del%20S%C3%ADnodo%2C%20del%20que%20es%20Presidente. Ver discurso completo del papa en italiano en https://www.vatican.va/content/leo-xiv/it/speeches/2025/june/documents/20250626-consiglio-sinodo.html

martes, 8 de julio de 2025

En torno al Sínodo (12)

Con espíritu deportivo

"Desde que hemos introducido los ‘videos shorts’ en la página web las visualizaciones han crecido muchísimo", comentaba el rector de una parroquia al hacerle mención de los datos que un feligrés había expuesto poco antes de finalizar la celebración eucarística. ¿Cala el mensaje que se transmite a través de ellos? Los administradores de la página web lo deben considerar un instrumento útil para la parroquia y sus feligreses, presentes y futuros.

Cada ‘video short’ es un reclamo, cuya eficacia dependerá del interés que el receptor muestre por el emisor o el contenido del mensaje. Es, en el caso que nos ocupa, como lanzar una semilla que ha de encontrar un terreno que la acoja para poder fructificar.

La sinodalidad también es una semilla que el papa Francisco promovió y necesita ser acogida por las comunidades eclesiales. ¿En qué terreno puede fructificar mejor? El Documento final del Sínodo indica (1): «La sinodalidad es ante todo una disposición espiritual que impregna la vida cotidiana de los bautizados y todos los aspectos de la misión de la Iglesia. Una espiritualidad sinodal brota de la acción del Espíritu Santo y requiere escucha de la Palabra de Dios, la contemplación, el silencio y la conversión del corazón En este sentido nos hablaba el papa León XIV el pasado domingo: «La Iglesia y el mundo no necesitan personas que cumplen con sus deberes religiosos mostrando su fe como una etiqueta exterior; necesitan, en cambio, obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión, discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios dondequiera que se encuentren» (2).

Hace unos días he leído que en la diócesis de Terrassa se ha constituido el Equipo sinodal diocesano compuesto por 9 miembros. Es un paso importante, pero nos advierte el Documento final: «La renovación de la comunidad cristiana sólo es posible reconociendo la primacía de la gracia. Si falta la profundidad espiritual personal y comunitaria, la sinodalidad se reduce a un expediente organizativo. Estamos llamados no sólo a traducir los frutos de la experiencia espiritual personal en procesos comunitarios, sino a tener la experiencia de cómo la práctica del mandamiento nuevo del amor recíproco es lugar y forma del encuentro con Dios. En este sentido, la perspectiva sinodal, a la vez que se inspira en el rico patrimonio espiritual de la Tradición, contribuye a renovar las formas: una oración abierta a la participación, un discernimiento vivido juntos, una energía misionera que nace del compartir y se irradia como servicio.»

Vivir la sinodalidad requiere esfuerzo. Uno podría pensar que bastaría con recopilar opiniones, hacer sugerencias o propuestas, plantear cuestiones diversas. Esto también lo pueden hacer los que el papa León XIV llama «“cristianos de ocasión”, que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento» (2). Hace falta algo más: «Una espiritualidad sinodal exige también ascesis, humildad, paciencia y disponibilidad para perdonar y ser perdonado. Acoge con gratitud y humildad la variedad de dones y tareas distribuidos por el Espíritu Santo para el servicio del único Señor (3). Lo hace sin ambiciones ni envidias, ni deseos de dominio o control, cultivando los mismos sentimientos de Cristo Jesús, que “se despojó de sí mismo asumiendo la condición de siervo” (4)»; todo un programa de cristianismo activo propio de «los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad» (2).

Un camino exigente, pero no imposible de llevar a cabo si lo afrontamos con espíritu deportivo y pedimos al Señor que ‘guie nuestros pasos’: «En una sociedad competitiva, donde parece que sólo los fuertes y los ganadores merecen vivir, el deporte también enseña a perder, poniendo a prueba al hombre, en el arte de la derrota, con una de las verdades más profundas de su condición: la fragilidad, el límite, la imperfección. Esto es importante, porque es a partir de la experiencia de esta fragilidad que nos abrimos a la esperanza. El atleta que nunca se equivoca, que no pierde jamás, no existe. Los campeones no son máquinas infalibles, sino hombres y mujeres que, incluso cuando caen, encuentran el valor para levantarse» (5).

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale puntos tratados 43 a 46. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Papa León XIV: Ángelus 6 de julio de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2025/documents/20250706-angelus.html

(3) Carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 12, versículos 4 y 5: «Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor». Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(4) Carta de san Pablo a los Filipenses, capítulo 2, versículos 5 a 7: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/filipenses/

(5) Papa León XIV: Homilía del 15 de junio de 2025, fiesta de la Santísima Trinidad y Jubileo de los deportistas. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20250615-omelia-giubileo-sport.html

jueves, 3 de julio de 2025

Una clave ciceroniana

Sinfonía ciudadana

Nos necesitamos unos a otros. La convivencia no es tan sólo un hecho, sino también una necesidad; no estamos capacitados para desarrollar una vida totalmente independiente: la experiencia de Robinson Crusoe es un hecho accidental, no una norma de vida general. Las sociedades se organizan para coordinar esa ayuda mutua que nos facilita la vida, pero el grado de buena convivencia dependerá de la actitud colaboradora de aquellos que forman parte de ellas.

Cicerón pone en boca de Escipión en La república una analogía entre el funcionamiento de una sociedad y la melodía que produce un conjunto musical:

«De la misma manera que en las liras, en las flautas y hasta en el propio canto y en los coros se ha de mantener cierta armonía de los distintos sonidos y que, si esta resulta alterada o se vuelve discordante, los oídos juntos no las soportan; de la misma manera que ese concierto armonioso se consigue gracias al equilibrio de los sonidos más dispares, así también la ciudad, en virtud de un equilibrio racional entre las clases más altas, las más bajas y las medias, como si de sonido se tratara, logra su sinfonía poniendo de acuerdo los elementos más dispares; y lo que en el canto es llamado por los músicos “armonía”, tal es en la ciudad la “concordia” que constituye el vínculo más estrecho y mejor para la buena salud del Estado; y esta concordia no puede existir en modo alguno sin la base de la justicia» (1).

Del mismo modo esto puede aplicarse a las instituciones, a las empresas, a las asociaciones, a las comunidades. También a las familias, aunque en este caso el vínculo más decisivo es el amor entre sus miembros.

(1) Extraído de Marco Tulio Cicerón: La República – Las leyes. Título original: De Re Pública (51 aC.) – De legibus (-44? aC.). Editorial: Akal – Colección: Clásica/Clásicos Griegos, número 28. Edición de Juan María Núñez González. 303 páginas. Punto XLII.69, páginas 120-121