Sin
embotellamientos ni incubaciones
“Son
necesarias… son básicas para la supervivencia” (1), pero algunas nos incomodan,
al menos en determinados momentos: no encajan en nuestro ambiente o nuestra
cultura. También porque nos ponen en un aprieto cuando pugnan con nuestra
voluntad impulsándonos a hacer lo que no queremos hacer o nos hemos propuesto
no hacer, aunque luego lo intentemos justificar con un razonamiento motivado
(2). Saben de su poder los que se dedican a la publicidad, la propaganda, los
medios de comunicación, las distintas manifestaciones artísticas: “Arte es todo
aquello que logra emocionar, conmover”, escribe Reyes Calderón (3).
Las
emociones aportan información valiosa sobre nuestra personalidad: “señales que
nos indican aquello que nos importa”, dice la psicóloga Susan David, que ha
acuñado el término “agilidad emocional” para definir “la capacidad de convivir
con nuestros pensamientos, emociones y recuerdos de forma saludable, de manera
que esto nos ayude a vivir siendo coherentes con nuestros valores… Tiene que
ver con conectar con nosotros mismos para poder avanzar en nuestra vida hacia
la persona que queremos ser.” (4)

Ese
cotejo con los propios valores es una de las diferencias con respecto a la
inteligencia emocional: “capacidad que tenemos para gestionar, comprender o
manejar nuestras propias emociones” para “mejorar nuestra calidad de vida… y
tener mejores relaciones con los demás…” (5) David cuestiona que baste con el
autodominio: “Lo que mi trabajo y mis investigaciones muestran es que controlar
las emociones suele ser contraproducente”, porque puede producir amplificación
(6): “Cuando intentamos controlar nuestras emociones, apartarlas, acaban por
volver. Y vuelven fortalecidas, y acabamos por actuar de maneras en las que no
queríamos actuar.” (4)
Para
la psicóloga sudafricana afincada en los Estados Unidos se “trata de estar
abiertos a nuestras emociones, de aceptarlas y de ser compasivos con nosotros
mismos”, teniendo en cuenta que “nuestras emociones han evolucionado para
ayudar a adaptarnos, a desarrollarnos, a sobrevivir.” (4)
Hay
dos respuestas a las emociones que David considera especialmente nocivas. Una
de ellas consiste en “embotellarlas”, decirle a algunas emociones ‘no procede’ -nunca o en este momento-:
la “gente se juzga a sí misma por tener esas emociones… O las apartan, por
considerar, de algún modo, que no son legítimas. Intentan racionalizar sus
emociones.” La otra es “incubarlas”: “las tratas como hechos”, que es algo así
como confundir el estado de ánimo con la realidad. Para David: “embotellar e
incubar, parecen muy diferentes, pero ambas afectan muy negativamente nuestra
salud, nuestro bienestar y a todos los aspectos de nuestra vida.” (4)
El
método de Susan David se puede resumir en cuatro fases:
“Exteriorizar”, que
supone aceptar, mostrar, como dice Marian Rojas “quien se traga las emociones
se ahoga –silencio emocional-” (1); además apostilla David “cuando apartamos
nuestras emociones o nos quedamos atascados en ellas (rigidez emocional),
estamos dejando de usar algo fantástico que tenemos dentro, que puede ser
complejo e incómodo, pero que es importante para nosotros: el sistema de
señalización que hemos desarrollado como especie.” (4)
“Alejarse”:
“cuando tomas algo de distancia, cuando escribes, o cuando ves de una forma más
objetiva tus propias emociones”, “porque tú no eres tus emociones” (4). Un fragmento de El monte de las ánimas nos da una pauta para desbloquear un estado emocional intenso: “Intenté dormir de
nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se
desboca, y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato, me decidí a
escribirla, como, en efecto, lo hice.” (7)
“Preguntarte
tus porqués” es diálogo con tu interior para confrontar lo que sientes con lo
que realmente te importa, tus valores.
“Avanzar”:
“Si podemos aprender de nuestras emociones y podemos entender lo que intentan
decirnos, podremos usar esa información de maneras increíblemente útiles.” (4)
Prestando atención a la información que procede de nuestras emociones, aprovechándola para conocernos mejor, estaremos en mejores condiciones de alcanzar
los objetivos vitales que nos hayamos propuesto. Así podría resumirse, bajo mi
punto de vista, la propuesta de Susan David, que además de explicarla en la
entrevista que me ha servido de referencia, también lo ha desarrollado en un
libro titulado Agilidad emocional.
(1) Marian
Rojas: «Si nos pasamos la vida buscando
ser perfectos, enfermamos », entrevista de Álvaro Sánchez León publicada en
la revista Nuestro Tiempo, número 704, otoño 2019
(2) Victoria
Pérez: Razonamiento motivado o por qué
piensas que tienes razón incluso cuando estás equivocado, publicado en
Hipertextual el 14 de marzo de 2017: “El razonamiento motivado es el resultado
de la implicación de nuestras emociones en nuestros razonamientos y decisiones
hipotéticamente racionales.” Texto completo en
https://hipertextual.com/2017/03/razonamiento-motivado
(3) Reyes
Calderón: Dispara a la luna (2016).
Editorial Planeta – Colección: Autores españoles e iberoamericanos – 1ª edición
(2016). 605 páginas. Capítulo 5, página 46
(6) Amplificación (inconsciente):
Amplificación es un concepto incluido en la psicología analítica de Carl Gustav
Jung y que hace alusión a aquel proceso que genera una expansión, ampliación o
concentración de una imagen inconsciente u onírica por medio de asociaciones
mediadas por el simbolismo o cualquier otro sistema metafórico. Fuente:
https://esacademic.com/dic.nsf/eswiki/77200
(7) Gustavo Adolfo Becquer: El monte de las ánimas. Texto completo en
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/rimas-y-leyendas--0/html/00053dfc-82b2-11df-acc7-002185ce6064_7.html