martes, 29 de noviembre de 2016

¿Parlamentarios o miembros de una ‘claca'?

El respecto no obliga a aplaudir

En una escena de una película española de los años cuarenta o cincuenta –era en blanco y negro- uno de los personajes dictaba un discurso a su secretaria. Hilvanaba las palabras en voz alta construyendo el contenido de su alocución, pero de tanto en tanto detenía su relato para indicar la reacción del auditorio en aquel momento: aplausos, murmullos, risas…

Es de suponer que la confección del discurso que el rey Felipe VI pronunció en la inauguración solemne de la legislatura no incluía el comportamiento que debían mantener los diputados y senadores durante su alocución, pero algunos analistas políticos dieron especial relevancia a este aspecto situándolo incluso por encima del contenido de la intervención del monarca. Como se sabe, el discurso finalizó con un aplauso que duró varios minutos de la mayoría de los asistentes al acto.

Aitor Esteban
Entre los que no secundaron esta actitud estaba el portavoz del PNV en el Congreso Aitor Esteban que, al igual que los miembros de su grupo parlamentario permaneció de pie en su escaño. Por este motivo fue entrevistado al día siguiente por Carlos Herrera, (1) quien le preguntó por qué no había aplaudido el discurso del rey, pero añadiendo una coletilla en que le hacía notar que su actitud era la misma que había seguido el grupo Unidos Podemos. Un argumento que aunque es muy utilizado en política tiene muy poca consistencia, porque manteniendo distintos planteamientos se puede converger en un aspecto puntual, hacer lo mismo no quiere decir ser ni pensar lo mismo. Pero además en este caso era falso. ¿Por qué? Como aclaró el diputado vasco él se había levantado tras el discurso, mientras el grupo Unidos Podemos había permanecido sentado.
Carlos Herrera

Es importante resaltar además los motivos que dio el congresista para justificar su actitud: no estaba de acuerdo con el contenido del discurso y aunque mostraba respeto al orador, al que luego saludó, consideraba que no tenía por qué aplaudir. A preguntas del entrevistador también indicó qué era lo que no le había gustado. Hubiera bastado para dejar clara su posición en el Parlamento si Herrera y luego Mayte Alcaraz no se hubieran empeñado en afearle su comportamiento teniendo en cuenta los beneficios que había obtenido el País Vasco desde que se instauró el actual régimen de monarquía parlamentaria, hecho que tensionó el tono de la entrevista quedando manifiestas las discrepancias de criterio.
Mayte Alcaraz

Los parlamentarios no son miembros de una claca*  a la que hay que dirigir, ni se debe confundir respeto con aplauso. El comportamiento del señor Esteban en este acontecimiento sirvió como excusa para desvelar algunos aspectos de sus postulados políticos, eso fue a mi entender lo positivo de la entrevista, aunque el tono empleado por los entrevistadores denotaba un sesgo prejuicioso hacia el personaje y su grupo. Pienso además que los comunicadores deberían huir de la superficialidad argumental basada en criterios exclusivamente estéticos. Estimo que la mayor contribución que pueden hacer a la audiencia es enriquecer su base de conocimientos y argumentos para ayudarles a comprender la realidad.


*claca, clac o claque
1. Conjunto de personas que aplauden en un espectáculo a cambio de remuneración o de entrada gratuita.

2. Cualquier grupo de personas que por principio alaba las acciones de otra

domingo, 20 de noviembre de 2016

Convivir en un ambiente viciado

Ninguna sociedad está completamente inmunizada

Hice mención de Fernando Aramburu*  hace unas semanas a cuenta de un comentario en una entrevista radiofónica** sobre los objetivos de la educación. Ahora reproduciré otros fragmentos de esta entrevista tras leer Los peces de la amargura.

Componen esta obra diez breves relatos que tienen como fundamento mostrar los efectos sociales de la actividad terrorista. Todos los personajes que aparecen son en sentido amplio víctimas del terrorismo. Unos en sentido estricto, porque sufren directa o indirectamente el impacto de la violencia. Otros porque son rehenes –por voluntad propia o empatía- del discurso de los que fomentan el odio disfrazándolo de patriotismo. Historias reales contadas de forma sencilla -quizá por ello más estremecedoras- con un lenguaje cercano –popular- y sobrio, donde pasado y presente se entrelazan para hacerlas más inteligibles.

Aramburu narra “una reunión de casos, de sucesos” y pretende “mostrar, sin meterme a juzgar” -el lector ya interpretará-: “Me niego a escribir historias en blanco y negro, de buenos y malos. Y de hecho si uno ha vivido de cerca este fenómeno –como ha sido mi caso- se da cuenta que hay muchos matices incluso dentro de las familias…”.

Fernando Aramburu
El libro se publico en 2006  y se puede pensar que la situación actual es muy distinta, pero el escritor donostiarra, que dice de sí mismo “soy un poco incómodo en la zona porque no repito consignas y pienso por mi cuenta”, advierte: “Ahora vivimos en una situación mejor que hace un par de décadas, sin atentados. Me preguntan a menudo si esto es la paz, y traslado esta pregunta a paisanos míos y recibo respuestas distintas… Hay muchas preguntas pendientes todavía y, particularmente, las generaciones futuras tienen derecho al recuerdo… Temo que se cierren mal las heridas… el sufrimiento de las víctimas ya no ocupa las primeras planas de los periódicos pero está ahí… Sigue habiendo homenajes a presos de ETA que salen. He vuelto a ver pintadas, fotos de presos por la calle; todo esto renueva, renueva algo que no ha pasado realmente. Particularmente a quien le han quitado un ser querido todo esto es muy doloroso. Luego hay elecciones y uno comprueba que los postulados que llevaron a numerosos jóvenes a cometer crímenes siguen recibiendo apoyo popular importante, todo esto es bastante entristecedor.

Lo que se cuenta en este libro se circunscribe a un ámbito social concreto, sin embargo bastaría dar un vistazo a la historia para darse cuenta que ninguna sociedad está completamente inmunizada de emular situaciones parecidas y que todos, en pequeña o gran medida, podemos contribuir para que haya una buena convivencia a nuestro alrededor.   

Reproduzco a continuación unos fragmentos del relato Después de las llamas –espero que la editorial no se enfade- que me parecen reveladores del estilo narrativo del texto y el clima social que retrata.***

Eusebio está en la habitación de un hospital recuperándose de las quemaduras sufridas por una botella incendiaria.
EL OTRO ENFERMO (de repente): No sé si vendrá la parienta porque anda sola con los animales y la huerta. Si viene me hacen ustedes un favor, éeh? Su señora y usted. No hablar de política. Ni una palabra.
EUSEBIO: ¿Y eso?
EL OTRO ENFERMO: Es que mi mujer y su familia son todos muy vascos. Demasiado. Lo llevan en la sangre.
EUSEBIO: Mire, aquí donde me tiene, soy nacido en Hernani.
EL OTRO ENFERMO: Bueno.
EUSEBIO: Mi difunta madre me tenía dicho que hasta los cinco años no aprendí el castellano.
EL OTRO ENFERMO: Normal.
EUSEBIO: Tengo apellidos vascos para llenar yo solo el listín de teléfonos. Y mi Martina es de Azpeitia y todos los años hace queso en casa, que una vez hasta ganó un concurso. En Tolosa, ¿eh?, no en cualquier sitio. ¡A ver quién nos gana a vascos!
EL OTRO ENFERMO: Mi parienta tiene mucho arranque.
EUSEBIO: ¡Pues mire que la mía!
EL OTRO ENFERMO: En casa, ella suele matar el txerri (cerdo). Dice: quita, quita. Ahí se queda, pues. Yo me voy a segar al monte. Al de un minuto el txerri ya se ha callado.
EUSEBIO: La mía al que mata es a mí. Todos los días. A todas horas.
EL OTRO ENFERMO: La parienta estará poco. Sola en casa, mucho no se puede quedar. Por eso pido: si podrían dejar un ratito el tema político... Si hablan de otra cosa ella es maja, ya verá. En misa siempre da limosna. Pero cuando hay manifestación en el pueblo, ahí va la primera.
Tras haber sido entrevistado por un periodista.
BEGOÑA: Mis amigas creen que te diste un trompazo en el almacén de la imprenta.
EUSEBIO: Tú déjales que crean.
BEGOÑA: Voy a quedar fatal cuando te vean en el periódico.
EUSEBIO: Bah, igual sacan un cachito sin foto en una esquina de la página. Me lo ha dicho el periodista.
BEGOÑA: Lo verán de todas formas. Espero que no hayas hablado de terrorismo ni nada por el estilo.
EUSEBIO: ¡Qué va! Cuatro bobadas.
BEGOÑA: Aitá, mira que nos metes en un lío que para qué.
EUSEBIO: ¿Y la hija?
MARTINA: Mejor no me hables de ésa.
EUSEBIO: Seguro que habéis vuelto a discutir.
MARTINA: Se ha marchado. Y el chaval también, sin subir a saludar a su padre.
EUSEBIO: Bueno, se habrá ido con la cuadrilla.
MARTINA: A sus amigos les ha contado una historia y ahora le da vergüenza que salga la verdad en el periódico.
EUSEBIO: ¿Una historia? ¿Qué historia?
MARTINA: Que te escaldaste las piernas en el trabajo. ¡A quién se le ocurre!
EUSEBIO: Y si me ven en el periódico, ¿qué? ¿He hecho algo malo?
MARTINA: En la cuadrilla por lo visto hay algunos abertzales que entienden estas cosas como les apetece. El hijo está preocupado. Él no me lo quería contar, pero mientras veníamos en el taxi se lo he sonsacado. Me huelo que se ha vuelto un poco abertzale. Las malas compañías.
EUSEBIO: ¿Abertzale, Pello? Coño, eso sí que no me lo esperaba. Ya me jodería. ¡Después de lo que me ha pasado!
MARTINA: Tendrás que hablar con él.
EUSEBIO: A ver qué le digo.


**http://www.cope.es/player/Escucha-la-entrevista-al-escritor-Fernando-Aramburu-en-Herrera-en-COPE&id=2016091210230001&activo=10

*** Fernando Aramburu: Los peces de la amargura. Tusquets. Colección Andanzas nº 612. 1ª edición 2006. Páginas 216, 227 y 232

sábado, 19 de noviembre de 2016

Ficciones y realidades que estremecen

Relatos que han hecho famoso un valle

Dos escritores donostiarras son los autores de los últimos libros que he leído, Ofrenda a la tormenta de Dolores Redondo y Los peces de la amargura de Fernando Aramburu. El primero una ficción inspirada en un hecho real, el segundo una  “reunión de casos, de sucesos” reales. Tienen en común que son relatos que estremecen por lo que se trasluce de ellos, tratando con sobriedad los aspectos macabros de las situaciones expuestas.

Ambos escritores acaban de publicar su último trabajo, Patria Aramburu y Todo esto te daré Redondo, galardonado con el premio Planeta. Ambos han sido entrevistados recientemente con motivo de la presentación y promoción de sus trabajos. A Dolores ya la había escuchado en 2013 cuando presentó su primera novela; en el caso de Fernando era el estreno. De esas entrevistas surgió el interés por leer alguna de sus obras.

Dolores Redondo
en el Valle de Baztán
Los libros de Dolores Redondo están muy solicitados en la biblioteca, pero coincidió que en una de las recientes visitas vi expuesta en lugar destacado Ofrenda a la tormenta, que es, en palabras de la autora, el tercer trozo de una extensa novela que se inició con El guardián invisible, que junto con Legado en los huesos conforman la trilogía de Baztán.

¿Qué le impulsó a escribirlas? La autora lo explica al final del texto que he leído: “puse… mucho de lo que me ha configurado personalmente: una familia matriarcal y el mundo mitológico que por suerte formó parte de mi infancia y que, con otros nombres, se ha preservado en el valle de Baztán como en pocos lugares; y también algunos aspectos que me fascinan literariamente y que tienen que ver con la progresión de una investigación policial”.

Pero el argumento está inspirado en un suceso real: “Fue una noticia en la prensa, breve, siniestra, cargada de dolor, injusticia y miedo, suficiente para impactarme y quedarse como un fantasma omnipresente en mi memoria.” La víctima era una niña que «se llamaba Ainara y tenía catorce meses cuando fue asesinada», según había leído. Indagó pero “el silencio parecía haber sepultado aquel horrible hecho” hasta que se produjo “la confesión de un testigo arrepentido que afirmaba haber participado junto a un grupo de personas en el crimen ritual de un bebé de apenas catorce meses”. “Los hechos habían ocurrido treinta años atrás en un caserío de una localidad Navarra, y los propios padres de la niña la habrían entregado como sacrificio, haciendo desaparecer después el cadáver y uniéndose al riguroso pacto de silencio que todos los miembros de la secta habrían respetado hasta la actualidad”.

Elizondo
Hace hincapié en que lo que relata es una ficción: “La historia está basada en aquella noticia, en un puñado de datos y muchas suposiciones. Lejos de mi deseo pretender que lo que plantea la novela constituya una hipótesis de lo que ocurrió. Me importaba resaltar la potencia de unas creencias para provocar actuaciones monstruosas, algo que lamentablemente no tiene nada de ficción y es, de hecho, muy real. Doctrinas pervertidas que se sustentan con la sangre de los inocentes. El mal, no los malvados, sino el mal.

La protagonista es Amaia Salazar, una inspectora de la Policía Floral instruida en el FBI, a la que la autora define como 'una mujer muy emotiva, muy fuerte y a la vez muy sensible’, que ha vivido toda su existencia, especialmente durante la infancia, amenazada por su madre.

Observo que la escritora se deja llevar por estereotipos al retratar a un peculiar sacerdote y sorprende el comportamiento de un seductor juez y las escasas cautelas que Amaia toma con él, cegándola profesional y afectivamente –quizá sean exigencias de lo que predomina en ámbitos artísticos-. Pero estas salvedades no impiden considerar que la obra en su conjunto es meritoria por su estilo, tanto por el tratamiento del lenguaje, como por las descripciones y el desarrollo de la trama. Se lee con facilidad, mantiene la tensión narrativa y pese a su extensión no he percibido la inclusión de capítulos prescindibles. Por todo ello no me extraña el éxito que ha conseguido.

Entrevista a la autora durante la presentación de su primera novela: http://www.cope.es/player/id=2013011422010001&activo=10

Entrevista a la autora durante la promoción de Ofrenda a la tormenta:
http://origin-www.cope.es/player/Entrevista-a-Dolores-Redondo-en-Fin-de-Semana-COPE&id=2014121218520001&activo=10

viernes, 11 de noviembre de 2016

A propósito de un ‘tuit’ prorevolucionario

Ignorancia, ceguera o frivolidad

Escribe Andrés Trapiello en el prólogo del libro de El maestro Juan Martínez que estaba allí : “Después de triunfar en los cabarets de media Europa, el bailarín flamenco Juan Martínez, y su compañera, Sole, fueron sorprendidos en Rusia por los acontecimientos revolucionarios de febrero de 1917. Sin poder salir del país, en San Petersburgo, Moscú y Kiev sufrieron los rigores provocados por la Revolución de Octubre y la sangrienta guerra civil que le siguió.

Andrés Trapiello
Y continúa “El gran periodista sevillano Manuel Chaves Nogales conoció a Martínez en París y asombrado por las peripecias que éste le contó, decidió recogerlas en un libro… Se trata… de una novela que relata los avatares a los que se ven sometidos sus protagonistas y cómo se las ingeniaron para sobrevivir.” (1)

No deja de ser un texto que narra una experiencia personal, pero su lectura me permitió tener una visión más clara del proceso previo y posterior a la revolución rusa de 1917. Algunas películas que he visto como Doctor Zhivago o El Don apacible glosan en sus argumentos este periodo convulso de la historia.

Alberto Garzón
El 7 de noviembre el coordinador general de Izquierda Unida, Alberto Garzón, ‘tuiteó’:  “Hoy es el 99 aniversario de la revolución rusa de 1917; una revolución contra ‘El Capital’. #RevolucionEs Paz, Pan y Tierra.” (2) Conocí de su existencia a través del comentario de Santiago González en los micrófonos de Herrera en Cope. Una intervención que, despojada del tono irónico que imprime el periodista, aporta unos datos dignos de ser tenidos en cuenta para valorar el mensaje de Garzón:

Santiago González
Revolución es paz: en febrero de 1918 comenzó la guerra civil que en tres años costó nueve millones de muertos.

Revolución es pan: al terminar la guerra en 1921 comenzó una hambruna que produjo más un millón de muertos por inanición. El holomodor,  (3) palabra ucraniana que define la gran hambruna decretada por Stalin en  1932 y 1933, ésta adrede, produjo una cantidad de muertos en Ucrania y Kazajistan que podría llegar a los diez millones de víctimas, mientras Stalin exportaba trigo de Ucrania tirando los precios. El que quiera saber algo de esto tiene un libro capital Tierras de sangre de Timothy Snyder. Se llegó a practicar el canibalismo en familia.

Revolución es tierra: en 1921 la superficie cultivable era el 62% de la que había antes de la revolución.” (4)

Preguntándome sobre cómo podría interpretarse el mensaje del líder de IU se me ocurren tres posibilidades:

1) Se trata de un problema semántico donde colisiona el significado que el autor da a las palabras ‘paz’, ‘pan’ y ‘tierra’ con lo que habitualmente se entiende sobre ellas. Ya sabemos que la manipulación del lenguaje es una de las actividades más preciadas de la propaganda. ¿Recordáis los lemas proclamados en 1984 de Orwell?

2) Es consecuencia de la ceguera producida por prejuicios ideológicos, que implica que los hechos deban interpretarse de manera que encajen con los cánones que prefija la ideología.

3) Es una frivolidad que se podría describir con la frase: No dejes que la realidad te estropee un pomposo ‘tuit’.

No ha de extrañar que el ‘tuit’ haya generado múltiples y diversas reacciones, el personaje y el foro utilizado lo favorecen. A pesar de discrepar sobre su contenido ha supuesto un nuevo aprendizaje, incorporando conocimientos y reflexionando sobre ellos.


(4) http://www.cope.es/player/nombre=herreraencope_081116_8-9&id=2016110809100001&activo=10 (el fragmento seleccionado se encuentra entre los minutos 22:50 y 24:15)

 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Chapuzas arriesgadas

Silenciamientos culpables

Se puede trabajar mal por falta de pericia, por desdén, por impaciencia, por imprudencia, por superposición de intereses… y convertir esta práctica en una rutina necesaria para cumplir unos objetivos prefijados. Pero tarde o temprano aparece el riesgo de que se descubra. En esta tesitura se puede optar corregir o reconocer o quizá se prefiere ocultar, soslayar o minimizar el hecho para que no quede dañada la imagen. En este último caso es imprevisible hasta dónde se puede llegar una vez puesta en marcha la maquinaria que pretende desvirtuar la realidad.

Karen Silkwood trabajaba en la planta que la empresa Kerr-McGee Cimarron Fuel Fabrication Site tenía  cerca de Crescent, en el estado estadounidense de Oklahoma, donde se fabricaba combustible para abastecer a centrales nucleares. Se manipulaba plutonio, un material radioactivo altamente tóxico. Todo ello requería que se extremasen las medidas de higiene y seguridad, que tenían que salvaguardar tanto la salud de los trabajadores, como la calidad de la producción. Sin embargo la instalación, los procedimientos y las condiciones laborales de la planta no eran las adecuadas.

La actividad sindical de Karen constituyó un problema para los directivos de la empresa y más tarde, según iban aflorando irregularidades, también incomodó a sus compañeros, que temían el cierre de la empresa y la pérdida de sus puestos de trabajo, minusvalorando el riesgo que suponía para su salud seguir trabajando en las mismas condiciones. La tensión creció a medida que la imagen de la empresa iba quedando en entredicho en sectores cada vez más amplios de la sociedad y alguien consideró que los pasos que seguía Silkwood suponían un peligro que se había de erradicar. Karen fue víctima de varios y sorprendentes incidentes radioactivos que afectaron incluso a su propia vivienda, episodios que no impidieron que continuase en su empeño de denunciar las malas prácticas de la empresa. Cuando conducía su coche para acudir a entrevistarse con un periodista del New York Times con pruebas que incriminaban a la empresa sufrió un sospechoso accidente que acabó con su vida. La carpeta con la comprometedora documentación que llevaba en el coche desapareció.



Las circunstancias de la muerte de Karen y el resultado de la autopsia, que reveló que su cuerpo estaba contaminado de plutonio, sirvieron de acicate para cuestionar la seguridad de la tecnología nuclear y la planta de Kerr-McGee se cerró el año siguiente. Esta etapa de la vida de Karen fue llevada al cine con la película Silkwood, estrenada en 1983 y dirigida por Mike Nichols.

Hay muchas barbaridades que se cometen intentando silenciar conductas delictivas, equivocadas o erróneas incrementando de este modo el daño causado hasta límites insospechados.

Información sobre Karen Silkwood en la red: