martes, 27 de febrero de 2024

El paradigma del tendero

Lo visible y lo invisible

Cuando Checoslovaquia formaba parte de los países europeos que conformaban el Telón de Acero, que orbitaban en torno a la Unión Soviética, Václav Havel escribe un valiente ensayo titulado
El poder de los sin poder, donde describe la situación que se vive en su país, a la que aplica el término postotalitarismo, y expone lo que según su criterio debería ser la alternativa a este régimen, que dista de ser una copia de lo que acontece en las democracias parlamentarias clásicas.

Uno de los ejemplos que muestra para exponer el ambiente social que se vivía lo protagoniza un tendero que “ha puesto en el escaparate, entre las cebollas y zanahorias, el eslogan: «¡Proletarios de todo el mundo, uníos!»”. Para él es algo normal, lo coloca porque toca: “Lo hace desde hace años, porque lo hacen todos y porque así tiene que ser. Si no lo hiciera podría tener un disgusto… Lo ha hecho porque este gesto entra en la norma de salir adelante; porque es una de las mil «naderías» que le aseguran una vida relativamente tranquila «en consonancia con la sociedad»” (1)

Más allá de la literalidad, el texto supone un lema ideológico; incorporarlo al escaparate supone una muestra de adhesión a los dirigentes del régimen imperante: “transmite un mensaje preciso aunque secreto. A la letra sonaría así: yo, tendero de verduras XY, estoy aquí y sé lo que tengo que hacer; mi comportamiento es el esperado; soy de fiar y no se me puede reprochar nada; obedezco y, por tanto, tengo derecho a una vida tranquila… Es el escudo con el que el tendero se defiende de posibles delatores” (2).

Ese soporte ideológico es la tela de araña en la que quedan atrapados los ciudadanos para someterse al poder político: “El sistema… con sus pretensiones toca al individuo casi a cada paso. Obviamente le toca con los guantes de la ideología. De ahí que en él la vida esté atravesada de una red de hipocresías y de mentiras… El individuo no está obligado a creer todas estas mistificaciones, pero ha de comportarse como si las creyese o, por lo menos tiene que soportarlas en silencio o comportarse bien con los que se basan en ellas. Por tanto, está obligado a vivir en la mentira. No tiene que aceptar la mentira. Basta que haya aceptado la vida con ella y en ella. Ya con esto ratifica el sistema, lo consolida, lo hace, lo es” (3).

La ideología es el pegamento social que necesita el régimen para perdurar: Nuestro sistema dispone de una ideología… lógicamente estructurada, generalmente comprensible y, por su esencia, muy elástica, que por su globalidad y su exclusivismo adquiere casi la importancia de una religión secularizada: ofrece al hombre una respuesta rápida a cualquier pregunta, no es posible aceptarla solo en parte y el abrazarla incide profundamente en la existencia humana. En la época de la crisis de las certezas metafísicas y existenciales como en la época del desarraigamiento del hombre, de la alienación y de la pérdida del sentido del mundo, esta ideología ejerce necesariamente una particular sugestión hipnótica; ofrece al hombre extraviado «casa» -basta asumirla e inmediatamente todo se vuelve claro de nuevo-, la vida vuelve a tener sentido y de su horizonte desaparecen el misterio, los interrogantes, la inquietud y la soledad. Por esta modesta «casa» el hombre en general paga un alto precio: la abdicación de su razón, de su conciencia, de su responsabilidad; en efecto, una parte integrante de la ideología asumida consiste en delegar la razón y la conciencia en manos de los superiores, esto es, el principio de identificación del centro del poder con el centro de la verdad” (4).

En este ambiente claustrofóbico para la libertad le tocó vivir a Havel durante muchos años, sufriendo persecución y cárcel por no ‘tragar’ con las consignas que emergían del poder político. Ejercer la libertad tiene un precio, que no todo el mundo está dispuesto a pagar.

Lo que nos transmite el libro de Havel va más allá de una época o un contexto determinados, porque situaciones análogas se han vivido a lo largo de la historia y en distintos ámbitos. ¡Cuántas maldades se silencian o amparan bajo paraguas ideológicos, patrióticos, reputacionales, étnicos, clasistas…! ¡Cuántos prejuicios! ¡Cuántas rigideces! ¡Cuánta ceguera! ¡Cuánta esclavitud mental! ¡Cuánto deterioro humano!... En todo aquello en lo que uno está implicado, conviene valorar la bondad del compromiso adquirido y lo anejo que lo excede o pervierte… y, luego, actuar en consecuencia.

(1) Václav Havel: El poder de los sin poder. Título original: Moc bezmocných (1978). Editor: Ediciones Encuentro (2011). Traductor: Vicente Martín Pindado. 128 páginas. Capítulo 3, página 17

(2) Havel, o.c., capítulo 4, página 20

(3) Havel, o.c., capítulo 4, página 23

(4) Havel, o.c., capítulo 2, páginas 13-14

domingo, 11 de febrero de 2024

El filtro de la caridad

Ni registros, ni estadísticas

Proliferan las entrevistas del papa Francisco en diversos medios, que dan pie a titulares que en algún caso pueden resultar sorprendentes, polémicos incluso -se ha de tener presente que el titular tiene la función de ser un reclamo-. La relevancia de su persona, por el cargo que ocupa, estimula también controversias y aprovechamientos que buscan defender posturas propias instrumentalizando los pronunciamientos del papa.

El gran despliegue de informaciones a nuestra disposición y la facilidad para opinar con inmediatez sobre cualquier asunto impide a menudo que los juicios que se emiten estén fundamentados en un conocimiento y una reflexión suficientes; la impaciencia y el ansia de protagonismo se anteponen.

Pienso que el papa no ha de ser nunca objeto de polémica para un católico. Él no necesita hooligans, ni criticones, ni apocalípticos para llevar a cabo su misión, sino que recen por él, como pide tantas veces, para que el Espíritu Santo le asista, personalmente y a través de sus colaboradores, y le libre de cizañeros, medradores y aduladores. Pedir por su fidelidad, unirse a sus intenciones, meditar sus enseñanzas… son medios de apoyo y cercanía a su persona por quién es y lo que representa, dejando al margen los sentimientos que le puedan producir a uno sus palabras o actuaciones.

En una entrevista reciente el papa Francisco dijo “me gusta pensar que el infierno está vacío… es un deseo que espero que se haga realidad” (1). Supongo que se refería a seres humanos, pues es de fe que hay seres angélicos que son moradores permanentes del averno. No se pone en duda la existencia del infierno, sino que se expresa un deseo que podría conjugar con las palabras de san Pablo: «nuestro Salvador… quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (2); y las que el profeta Ezequiel pone en boca de Dios: «no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta y viva» (3).

El destino eterno -cielo, purgatorio, infierno- tiene que ver con nuestra libertad y con lo que expresa sucintamente un canto litúrgico cuyo título y estribillo recoge una frase de san Juan de la Cruz: «Al atardecer de la vida me examinarán del amor», que la canción va especificando en las tres estrofas que lo acompañan (4).

Al juzgar a cualquier ser humano, por más datos que tengamos sobre él, siempre nos quedamos cortos, como le fue revelado al profeta Samuel mientras cumplía la misión de buscar un rey que sustituyese a Saúl: «el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón». ¡Cuánto menos nos corresponde decidir o presumir sobre el destino eterno de nadie! Es más, si el amor es el filtro que tenemos que pasar para alcanzar la bienaventuranza eterna, tendremos que ir preparándonos para desprendernos de todo atisbo de animadversión que permanezca en nosotros.

No hay registros ni estadísticas de condenados, ni nos compete especular sobre ello. Lo que sí nos concierne es emplearnos en la batalla que hay que librar para superar todos los obstáculos que apartan del amor a Dios y a nuestros semejantes; en ello se resumen los mandamientos del decálogo (6).

(1) Información relacionada:

https://www.aciprensa.com/noticias/102744/vaticano-papa-francisco-asegura-que-le-gusta-pensar-que-el-infierno-esta-vacio

«En una entrevista concedida el domingo 14 de enero a un programa de televisión italiano, el Papa Francisco aseguró que le gusta pensar que el infierno está vacío.

“Esto no es un dogma de fe —esto que diré— es una cosa mía personal que me gusta: me gusta pensar que el infierno está vacío”, señaló el Santo Padre en entrevista con el programa Che tempo che fa.

Es un deseo que espero sea realidad, pero es un deseo”, agregó el Pontífice durante el diálogo.»

(2) 1Timoteo 2, 4. (Las citas bíblicas están extraídas de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/)

(3) Ezequiel 33, 11

(4) Cancionero litúrgico, número 86. Extraído de https://lapresentacion.es/wp-content/uploads/2020/04/Cancionero-litúrgico.pdf

Al atardecer de la vida

me examinarán del amor. (bis)

-Aunque hablara miles de lenguas

si no tengo amor nada soy,

aunque realizara milagros

si no tengo amor nada soy.

-Si ofrecí mi pan al hambriento

y al sediento di de beber,

si mis manos fueron sus manos,

si en mi hogar le quise acoger.

-Si ayude a los necesitados,

si en el pobre he visto al Señor,

si los tristes y los enfermos

me encontraron en su dolor.

(5) 1 Samuel 16, 7

(6) Mateo 22, 36-40

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?’. Él le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas.»