sábado, 5 de mayo de 2018

Dilemas angustiosos

Dudas e incomprensiones ante la persecución


Es muy difícil, por no decir imposible, ponerse en la piel de quien sufre una sangrienta persecución, cualquiera que sea el motivo que la ha originado. La película Silencio (1) nos transmite una de las muchas que ha sufrido el cristianismo durante su existencia y que en esta época se siguen produciendo de forma más abrupta en Asia y África y más sibilina en los países occidentales.

El escenario escogido son unos hechos producidos en Japón en el siglo XVII que dieron origen a un relato de Shusaku Endo con el mismo título. Pablo J. Ginés describe el entorno: “San Francisco Javier fue el primer misionero católico en llegar al país en 1549, y en apenas 60 años Japón ya contaba con unos 300.000 católicos… En 1600 había unos 95 jesuitas extranjeros… y unos 70 hermanos jesuitas japoneses… Pero en 1614 empezaron las persecuciones fuertes del Estado contra los cristianos. Unos mil católicos murieron mártires de forma directa, en ejecuciones. Varios miles más murieron de enfermedad y pobreza al serles confiscados sus medios de vida.” (2) El objetivo que se pretendía justificar con la persecución era la preservación de la cultura ancestral japonesa y la hegemonía de la espiritualidad budista.

Una vez más se cumplía la advertencia de Jesús relatada por el evangelista Juan: "Os he dicho todo esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas; más aún: llega la hora en la que todo el que os dé muerte pensará que hace un servicio a Dios. Y esto os lo harán porque no han conocido a mi Padre, ni a mí.” (3) ¿Cómo cabe reaccionar en esos casos? No hay una respuesta unánime. La decisión que se tome dependerá de la situación concreta y del estado anímico de cada uno.

Robert Spaemann
La perversidad que conllevan las operaciones genocidas se manifiesta en la crueldad de los métodos empleados para obtener sus objetivos. Entre ellos la presión psicológica que realizan los ejecutores para involucrar a otros actores en su acción, como el caso que analiza Robert Spaemann sobre los médicos que elaborando listas de pacientes para el régimen nazi “habían tomado parte en la campaña gubernamental de eutanasia masiva para los enfermos mentales” y habían justificado su colaboración porque “habían excluido de las listas, aproximadamente un 25% de enfermos, infringiendo así las disposiciones vigentes”. Su colaboración les había hecho partícipes de la ejecución de cada uno del 75% restante. Spaemann recoge de la ética clásica la respuesta al dilema: “nadie tiene responsabilidad de lo que sin su intervención sucede, siendo así que esto sólo podría evitarse haciendo algo que no le incumbe hacer.” (4)

Andrew Garfield (protagonista)
y Martin Scorsese (director)
Al padre Rodrigues, el protagonista principal de la película, le plantean una disyuntiva parecida: ‘si apostata se salva él y salva a unos cristianos a los que se está torturando’. Como suele ocurrir el efecto de su renuncia será efímero, una y otra vez será sometido a continuas pruebas para ratificar su decisión, siendo instrumentalizado al mismo tiempo para que los genocidas prosigan con su campaña. Salva su vida a costa de someterse dócilmente a sus dictados.

Templo en Nagasaki
Intuyendo su muerte dice San Pablo: “estoy a punto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe.” (5) Muchos cristianos japoneses pagaron un alto precio –sufrimiento y muerte- por su fidelidad. ¿Qué juicio merecen aquellos que abjuraron públicamente de su fe, especialmente los sacerdotes? La valoración humana puede ser variopinta, en función de las propias convicciones y teniendo en cuenta las circunstancias. El guion incide en ello en la escena final, poniendo el acento en las limitaciones de nuestra apreciación con unas palabras enigmáticas: “El hombre que un día fue Rodrigues acabó como ellos querían…, alejado de Dios, pero eso es algo que sólo Dios puede confirmar”, acompañándolas de una imagen contradictoria.

(1) Silencio. Título original: Silence. Año: 2016. Duración: 159 min. País: Estados Unidos. Dirección: Martin Scorsese. (www.filmaffinity.com/es/film556741.html)
(2) Pablo J. Ginés/ReL30 noviembre 2016: «Silencio» de Scorsese: una cosa es la novela, otra el filme y otra la historia real de los mártires. Fuente: www.religionenlibertad.com/silencio-scorsese-una-cosa-novela-otra-filme-53468.htm
(4) Robert Spaemann: La perversa teoría del fin bueno. Fuente: es.catholic.net/op/articulos/44060/cat/415/la-perversa-teoria-del-fin-bueno.html#
(5) Fuente: www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/2timoteo-4

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