lunes, 13 de enero de 2020

Tiempo de desperezarse

Respuesta a las expectativas


Hacía un tiempo muy agradable y comentó en voz alta: ‘tendría que hacer siempre esta temperatura’. Uno de sus compañeros –sin acritud- le replicó: ‘entonces estaríamos aplatanados’. La rutina ambiental continuada, la sensación habitual de bienestar, puede llegar a relajar tanto que adormezca la pulsión vital, física y anímicamente, dejando desarmado a quien la experimenta ante cualquier cambio que pudiera producirse. Spencer Johnson lo desarrolla en la fábula contenida ¿Quién se ha llevado mi queso?

Cuando se está a verlas venir y las expectativas son poco halagüeñas cunde el temor paralizante que se limita a confiar en que no se acaben cumpliendo o que no lleguen ser tan adversas para sus intereses como se prevén. Una pasividad que atenaza llevar a cabo cualquier iniciativa personal o colectiva que responda positivamente a las circunstancias, que se refugia en un lamento estéril: ¿qué va a pasar?, cuando la situación más bien exige una actitud propositiva: ¿qué voy/vamos a hacer?

Esta cuestión se la planteaba hace casi un cuarto de siglo el filósofo Julián Marías en un artículo periodístico centrado en la actividad política (1). Las consideraciones del filósofo desenmascaran un conjunto de actitudes y prácticas nocivas que dificultan y, a veces, impiden que el trabajo de los gobernantes repercuta en provecho del conjunto de la población.
Las dudas e incertidumbres que genere el clima social y político presente y previsible a corto plazo pueden actuar como despertador o como refugio de lamentos, según como se aborden, tal como indica el filósofo: La existencia de dificultades, que es evidente, puede ser un estímulo, un acicate, si existen proyectos atractivos. Pero la movilización del país hacia todo eso, que es posible y puede llevar hasta al entusiasmo, requiere algunas condiciones difíciles de cumplir por el desaliento establecido, por la funesta tendencia a prestar atención a los que solo quieren ‘hacer daño’, por no distinguir a los que tienen una parcela de razón y atienden a razones de aquellos que están cautivos de sus ‘fijaciones’ y, como aquel general tan valiente, no se rinden ni a la evidencia.”
Julián Marías

También el discurso político –relato incluido- presentan para Marías dos caras: Lo malo es que nuestra época ha sustituido la ‘retórica’ por la ‘propaganda’La retórica, la buena retórica, consistía en mover a las personas mediante la palabra, y no necesitaba mentir, sino apelar con el estilo literario a los resortes profundos de lo humano. La propaganda -plaga del siglo XX- (y XXI –fake news, posverdad-) manipula a los hombres profanándolos mediante la mentira, la distorsión de la realidad, su ocultamiento.” Nota a faltar “la buena retórica veraz e ilusionante”, necesaria para aunar voluntades, y, apoyándose en una cita de Pericles hace hincapié en la importancia de saber comunicar: ‘El que sabe y no se explica claramente, es lo mismo que si no pensara’. De ahí la necesidad de la palabra justa y expresiva, capaz de hacer entender y de entusiasmar, de movilizar lo mejor de los ciudadanos.” Una cualidad que debe acompañar al político honrado y creador que debe tener presente la realidad, no falsearla, no ocultarla, no engañar -y esto requiere ante todo no engañarse-.” Además ha de saber distinguir los grados de importancia de los asuntos, los problemas, las opiniones.” No han de ser los protestones profesionales los que dictaminen las prioridades: “Me asombra el tiempo y la atención que se presta a minucias, que interesan sólo a unos cuantos, y con frecuencia por motivos poco estimables, mientras se pasan por alto cuestiones de verdadera importancia o se despachan con ligereza.”

Busto de Pericles
Espera Marías de los gobernantes que promuevan proyectos creadores que pueden mejorar la situación y movilizar a los ciudadanos. Claro que hay que mostrarlos, explicarlos claramente, justificarlos, reconocer sus dificultades o inconvenientes, ver si, a pesar de ello, son inevitables o en definitiva valiosos.” En su ejecución: extremar el rigor, la exigencia, no pasar por movimiento mal hecho, no obstinarse en ningún error y no renunciar al acierto, no dejarse intimidar por la jactancia o la amenaza.” La honestidad en el ejercicio de la función comporta a la vez tenacidad y humildad: Hay que enmendar y rectificar lo que está mal; pero si se acierta, hay que sostenerlo, no dejarse desanimar ni intimidar. La obstinación es un error inaceptable; la entereza es una exigencia del que pretende ejercer alguna magistratura o poder.”

Viendo el espectáculo que a menudo nos regalan los políticos podemos pensar que los planteamientos de Marías solo son posibles en el País de las Maravillas, pero viene bien apuntarlas para que nos ayuden a ejercer una cualidad fundamental para separar el grano de la paja y evitar que nos den gato por liebre: el discernimiento.

(1) Julián Marías: Qué vamos a hacer. Publicado en ABC el 12/9/96. El artículo completo se puede consultar en el siguiente enlace: http://www.conoze.com/doc.php?doc=1840

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