miércoles, 10 de junio de 2020

Leer la Biblia

Itinerario de aprovechamiento


Desafiando a las protestas protagonizadas tras la violenta muerte de George Floyd, Donald Trump se dirigió a una iglesia cercana a la Casa Blanca y se fotografió en sus aledaños con un ejemplar de la Biblia en la mano. Su principal rival a la presidencia de los Estados Unidos, Joe Biden, se sirvió de esta imagen para decir en un mitin en Philadelphia: “El presidente levantó la Biblia en la iglesia de San Juan ayer. Solo desearía que la abriera de vez en cuando en lugar de blandirla. Si la abriera, podría haber aprendido algo. Que todos estamos llamados a amarnos unos a otros como nos amamos a nosotros mismos” (1).

El uso que hacen Trump y Biden de la Biblia, y la utilidad que les reporta para sus vidas, es algo que convendría circunscribir a su esfera personal, aunque luego tenga una repercusión pública, porque un texto tan extenso y sugerente puede tener para sus lectores efectos muy diversos que escapan a cualquier forma de encasillamiento. En el conjunto de libros que la componen quedan reflejadas las diversas manifestaciones en que se expresa el ser humano de todos los tiempos y, por ello, se puede encontrar en su contenido situaciones análogas a las que nos encontramos a diario -si se hace el esfuerzo de prescindir de lo coyuntural-, así como respuestas a muchos de los interrogantes que nos inquietan.

Un itinerario de aprovechamiento de las Sagradas Escrituras lo expone Servais Pinckaers en su extenso tratado sobre la moral cristiana, inspirándose en la doctrina de los llamados 'Padres de la Iglesia', de los que destaca que “su lectura estaba en relación directa con su vida y quedaba iluminada por la experiencia, lentamente formada en ellos, de la realidad y de la verdad de lo que creían.”

Con esta premisa intenta explicar el método que seguían asimilándolo al proceso de elaboración del pan:

“Con gusto diríamos que poseen el arte de hacer pan nutricio con el grano de la Escritura. Efectivamente, muy bien se pueden comparar los textos de la Escritura al grano, pues con frecuencia están compuestos de cortas sentencias que contienen en algunas palabras un tema, una rica doctrina, como un germen de vida. Veamos, pues, cuáles son las etapas de este trabajo espiritual.

La primera operación consiste en eliminar el cascabillo que recubre el grano, en despojar a la Palabra de sus envolturas humanas: la lengua, los géneros literarios, las particularidades del autor, del medio, de la época, etc.… Para llegar a captar el grano vivo, la fe es tan necesaria como la mano, pues sólo ella abre nuestra inteligencia a la Palabra, la deja penetrar en nosotros para que toque nuestro corazón, y, por lo mismo, la fe nos hace penetrar en la Palabra para captarla y comprenderla.

Servais Pinckaers
Pero después, como se muele el grano para hacer la harina, hay que meditar la Palabra y triturarla mediante la reflexión, en unión con la vida, sirviéndose de la memoria y de la experiencia.

La meditación lleva a la práctica, que es comparable al acto de amasar, pues las exigencias de la acción, con sus dificultades, sus resistencias y sus lentitudes, nos amasan verdaderamente. Este trabajo no puede tener éxito sin el agua de una oración regular.

Por último, el pan que ha tomado forma debe ser puesto al horno, es decir, debemos necesariamente pasar por el fuego de la prueba significada por el oro de la Palabra siete veces refinado, lentamente purificado.

Solamente entonces el pan puede ser ofrecido como alimento, sólo entonces el lector de la Escritura llega a ser capaz de presentar a los otros una explicación substancial de la Palabra de Dios, como hacían los Padres en sus comentarios.” (2)

Limpiar (despojar lo accesorio); moler (reflexionar, meditar); amasar (poner en práctica sus enseñanzas); hornear (sufrir las consecuencias -incomprensiones, persecuciones, aislamientos…-); nutrir (hablar y testimoniar). Un itinerario que tiene relación con las diferentes actitudes ante la palabra revelada que expone Jesús en la parábola del sembrador (3).

“The president held up the Bible at St. John’s Church yesterday,” Mr. Biden, a practicing Catholic, said, referencing the photographs for which Mr. Trump posed. “I just wish he opened it once in awhile instead of brandishing it. If he opened it, he could have learned something. That we’re all called to love one another as we love ourselves.”
(2) Servais Pinckaers: Las fuentes de la moral cristiana. Título original: Les sources de la morale chretienne (1985) Editorial: Eunsa – Facultad de Teología Universidad de Navarra Colección Teológica, número 60 – 3ª edición (2007). Traductor: Juan José García Norro. 543 páginas. Capítulo VIII, páginas 250 y 251-252
(3) Ver Evangelio según san Mateo, capítulo 13, versículos 1 a 23 (específicamente 3 a 9 y 18 a 23). Se puede consultar en el enlace: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/mateo-13

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