Clara y exigente
Era un licor de garrafa comprado a granel en la bodega del barrio que se había introducido en un recipiente con la marca Napoleón. Nuestra vecina le dejó la botella a mi madre cuando se la pidió para salir del apuro y poder servir al amigo alemán que había venido a almorzar a casa con su familia que, tras observar con delectación el espirituoso que se le ofrecía exclamó con agrado: ‘Ja Gut’; sintiéndose satisfecho tras degustarlo. La sorpresa se la llevó mi madre al conocer la procedencia del coñac cuando le devolvió la botella a la vecina.
Hace unos meses se publicó
la última encíclica del papa Francisco, Fratelli tutti. Un título atractivo que
entra en los cánones de lo que se ha dado en llamar corrección política. Quizá
por ello ha recibido alabanzas de colectivos y personalidades que no se
caracterizan por su aprecio a la Iglesia y, al mismo tiempo, críticas aceradas
de otros más proclives a los postulados de la institución milenaria. Me temo
que en ambos casos son consecuencia de una lectura apresurada del texto, si se ha llegado a realizar,
donde ha primado el pedigrí de la marca, la fraternidad universal, sobre el
buqué que desprende su contenido. Difícilmente se apreciará todo su sabor si no se es capaz de prestarle suficiente
atención con una lectura pausada ,
traspasando el umbral donde se aglomeran las ideas preconcebidas.
A esa misma parábola le dedica el papa Francisco el capítulo segundo y sirve de base para exponer más adelante sus planteamientos y propuestas: «En el intento de buscar una luz en medio de lo que estamos viviendo, y antes de plantear algunas líneas de acción, propongo dedicar un capítulo a una parábola dicha por Jesucristo hace dos mil años. Porque, si bien esta carta está dirigida a todas las personas de buena voluntad, más allá de sus convicciones religiosas, la parábola se expresa de tal manera que cualquiera de nosotros puede dejarse interpelar por ella.» (2)
El papa Francisco se
expresa con claridad utilizando un lenguaje apto para todos los públicos, donde
queda reflejado un vasto conocimiento de la realidad político-social con sus tendencias
sobresalientes, para hacer hincapié en aquellos aspectos relevantes que considera que conviene
reorientar o corregir si se quiere transitar el camino hacia la anhelada
fraternidad universal que, para dejar de parecer un objetivo utópico, necesita
de personas, colectivos, instituciones y empresas comprometidos a poner de su
parte lo que sea preciso para que se avance en esa dirección.
Como la encíclica alude a
situaciones concretas que atañen a la mayor parte de todos los seres humanos, sin perderse en generalidades o abstracciones, es muy
probable que todo aquel que la lea con detenimiento se sienta incómodo con
alguna de las propuestas o reflexiones, porque le pueden remover y sentirse invitado
a ponderar o replantearse una postura consolidada en su forma de entender la
vida y su relación con los demás, por eso las alabanzas o críticas a vuelapluma
dan la impresión de ser reacciones impostadas o epidérmicas.
Dice uno de los consejos
del controvertido cardenal Mazarino: «No te conformes con haber leído un
tratado una sola vez. Debes leerlo varias veces, pues normalmente en cada
lectura nuestra inteligencia capta una cosa diferente. Hay ciertas cosas que,
por mucho esfuerzo que se haga, no pueden asimilarse del todo en una sola vez,
ni tan siquiera con los comentarios de un experto.» Pienso que esta encíclica
bien merece ese esfuerzo.
(1) Papa Benedicto XVI:
Carta encíclica Caritas in veritate. Punto número 15. Referencia: http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html
(2) Papa Francisco: Carta
encíclica Fratelli tutti. Punto
número 56. Referencia: http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html




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