Integridad manifestada con
tiento
“Mamita, si pregunta por mí
dile que no estoy” (1) repite una y otra vez el cuarteto que hizo famosa la
canción hace más de medio siglo: expresión de un desencanto amoroso con el
ritmo pop de la época. Asocio el estribillo a un ejemplo que se
utiliza cuando se habla a padres y madres sobre la educación de la sinceridad
de los hijos:
‘Les dices que digan siempre la verdad y un día suena el teléfono
–una llamada que consideras inoportuna- y antes de descolgarlo uno de tus hijos
le indicas: ¡di que no estoy!’ La reacción del auditorio ante una versión de
‘consejos vendo que para mí no tengo’ suele ir acompañada de algunas miradas y
sonrisas.
Se valora positivamente decir la
verdad, pero en determinadas circunstancias se considera inconveniente, porque
se entiende que supone una vulnerabilidad o un perjuicio que no se quiere
asumir. Chesterton en un escrito de principios del siglo XX hace responsables a
los educadores que transmiten la idea de que conviene gestionar su utilidad -¿qué
gano con ello?; ¿qué me va a costar-: «a ningún escolar inglés se le
enseña nunca a decir la verdad, por la simple razón de que nunca se le enseña a
desear la verdad. Desde el mismísimo principio se le enseña a no atribuir la
menor importancia a la cuestión de que un hecho es un hecho; se le enseña sólo
a preocuparse por la cuestión de si el hecho puede usarse de su “parte” cuando
está “jugando el juego”.» (2)
La consecuencias de mentir
o la falta de sinceridad –palabra y comportamiento- en uno mismo y en el
entorno no suelen ser inmediatas, lo que contribuye a que no se dé excesiva
importancia a lo que se consideran mentirijillas, piadosas o impías. Sin
embargo, tienen un efecto corrosivo en la convivencia, porque mina la
confianza. Michael Ende lo ilustra en un fragmento de La historia interminable. El protagonista, Bastián Baltasar Bux, descubre
cómo sus falsedades perjudican gravemente al Reino de Fantasía: «Con espanto y
vergüenza, Bastián pensó en sus propias mentiras. Las historias inventadas que
contaba no eran mentiras. Eran otra cosa. Pero en algunas ocasiones había
mentido de forma totalmente consciente y deliberada… A veces por miedo, a veces
por conseguir algo que quería tener sin falta, a veces también sólo para darse
importancia.» (3)Aun así, hay ocasiones en que
la verdad parece tan dura que se hace cuesta arriba resistirse a la tentación
de negarla o maquillarla. Incluso se esgrime que no se hace en beneficio
propio, sino por el bien de otro a quien no se quiere dañar. Sin embargo, no se
ayuda a nadie con engaños, lo que no impide que se tenga que poner esfuerzo para
decir la verdad cuando corresponda de la forma menos lesiva posible. No se es
veraz, ni sincero, escupiendo la verdad. Toda virtud debe ir acompañada de
caridad –amor superlativo-. Sin atisbo de caridad no hay asomo de virtud.
(1) Los 4 de la torre: Mamita (1965). Reproducción de la
canción en: https://www.youtube.com/watch?v=IeDsGQhETJc. Reproducción de la
letra: https://im-digital.biz/letras.asp?Id=3662.
(2) G. K. Chesterton: Lo que está mal en el mundo (1910). Editorial:
Acantilado – Colección: El Acantilado, número 171 – 1ª edición (2008).
Traductora: Mónica Rubio. 251 páginas. Parte cuarta, capítulo XI, página 203.
(3) Michael Ende: La historia interminable (1979). Capítulo
I
MOLT INTERESANT, GRACIES ¡¡¡
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