Ni registros, ni estadísticas
Proliferan las entrevistas del papa Francisco en diversos medios, que dan pie a titulares que en algún caso pueden resultar sorprendentes, polémicos incluso -se ha de tener presente que el titular tiene la función de ser un reclamo-. La relevancia de su persona, por el cargo que ocupa, estimula también controversias y aprovechamientos que buscan defender posturas propias instrumentalizando los pronunciamientos del papa.
El gran despliegue de informaciones a nuestra disposición y
la facilidad para opinar con inmediatez sobre cualquier asunto impide a menudo
que los juicios que se emiten estén fundamentados en un conocimiento y una reflexión
suficientes; la impaciencia y el ansia de protagonismo se anteponen.
Pienso que el papa no ha de ser nunca objeto de polémica
para un católico. Él no necesita hooligans, ni criticones, ni apocalípticos
para llevar a cabo su misión, sino que recen por él, como pide tantas veces,
para que el Espíritu Santo le asista, personalmente y a través de sus colaboradores,
y le libre de cizañeros, medradores y aduladores. Pedir por su fidelidad, unirse
a sus intenciones, meditar sus enseñanzas… son medios de apoyo y cercanía a su
persona por quién es y lo que representa, dejando al margen los sentimientos
que le puedan producir a uno sus palabras o actuaciones.
En una entrevista reciente el papa Francisco dijo “me gusta
pensar que el infierno está vacío… es un deseo que espero que se haga realidad”
(1). Supongo que se refería a seres humanos, pues es de fe que hay seres
angélicos que son moradores permanentes del averno. No se pone en duda la
existencia del infierno, sino que se expresa un deseo que podría conjugar con
las palabras de san Pablo: «nuestro Salvador… quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (2); y las que el profeta
Ezequiel pone en boca de Dios: «no me complazco en la muerte del malvado, sino
en que el malvado se convierta y viva» (3).
Al juzgar a cualquier ser humano, por más datos que tengamos
sobre él, siempre nos quedamos cortos, como le fue revelado al profeta Samuel mientras
cumplía la misión de buscar un rey que sustituyese a Saúl: «el hombre mira a
los ojos, mas el Señor mira el corazón». ¡Cuánto menos nos corresponde decidir
o presumir sobre el destino eterno de nadie! Es más, si el amor es el filtro
que tenemos que pasar para alcanzar la bienaventuranza eterna, tendremos que ir
preparándonos para desprendernos de todo atisbo de animadversión que permanezca
en nosotros.
No hay registros ni estadísticas de condenados, ni nos compete especular sobre ello. Lo que sí nos concierne es emplearnos en la batalla que hay que librar para superar todos los obstáculos que apartan del amor a Dios y a nuestros semejantes; en ello se resumen los mandamientos del decálogo (6).
(1) Información relacionada:
«En una entrevista concedida el domingo 14 de enero a un
programa de televisión italiano, el Papa Francisco aseguró que le gusta pensar
que el infierno está vacío.
“Esto no es un dogma de fe —esto que diré— es una cosa mía
personal que me gusta: me gusta pensar que el infierno está vacío”, señaló el
Santo Padre en entrevista con el programa Che
tempo che fa.
“Es un deseo que espero sea realidad, pero es un deseo”,
agregó el Pontífice durante el diálogo.
(2) 1Timoteo 2, 4. (Las citas bíblicas están extraídas de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/)
(3) Ezequiel 33, 11
(4) Cancionero litúrgico, número 86. Extraído de https://lapresentacion.es/wp-content/uploads/2020/04/Cancionero-litúrgico.pdf
Al atardecer de la vida
me examinarán del amor. (bis)
-Aunque hablara miles de lenguas
si no tengo amor nada soy,
aunque realizara milagros
si no tengo amor nada soy.
-Si ofrecí mi pan al hambriento
y al sediento di de beber,
si mis manos fueron sus manos,
si en mi hogar le quise acoger.
-Si ayude a los necesitados,
si en el pobre he visto al Señor,
si los tristes y los enfermos
me encontraron en su dolor.
(5) 1 Samuel 16, 7
(6) Mateo 22, 36-40


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