domingo, 11 de febrero de 2024

El filtro de la caridad

Ni registros, ni estadísticas

Proliferan las entrevistas del papa Francisco en diversos medios, que dan pie a titulares que en algún caso pueden resultar sorprendentes, polémicos incluso -se ha de tener presente que el titular tiene la función de ser un reclamo-. La relevancia de su persona, por el cargo que ocupa, estimula también controversias y aprovechamientos que buscan defender posturas propias instrumentalizando los pronunciamientos del papa.

El gran despliegue de informaciones a nuestra disposición y la facilidad para opinar con inmediatez sobre cualquier asunto impide a menudo que los juicios que se emiten estén fundamentados en un conocimiento y una reflexión suficientes; la impaciencia y el ansia de protagonismo se anteponen.

Pienso que el papa no ha de ser nunca objeto de polémica para un católico. Él no necesita hooligans, ni criticones, ni apocalípticos para llevar a cabo su misión, sino que recen por él, como pide tantas veces, para que el Espíritu Santo le asista, personalmente y a través de sus colaboradores, y le libre de cizañeros, medradores y aduladores. Pedir por su fidelidad, unirse a sus intenciones, meditar sus enseñanzas… son medios de apoyo y cercanía a su persona por quién es y lo que representa, dejando al margen los sentimientos que le puedan producir a uno sus palabras o actuaciones.

En una entrevista reciente el papa Francisco dijo “me gusta pensar que el infierno está vacío… es un deseo que espero que se haga realidad” (1). Supongo que se refería a seres humanos, pues es de fe que hay seres angélicos que son moradores permanentes del averno. No se pone en duda la existencia del infierno, sino que se expresa un deseo que podría conjugar con las palabras de san Pablo: «nuestro Salvador… quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (2); y las que el profeta Ezequiel pone en boca de Dios: «no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta y viva» (3).

El destino eterno -cielo, purgatorio, infierno- tiene que ver con nuestra libertad y con lo que expresa sucintamente un canto litúrgico cuyo título y estribillo recoge una frase de san Juan de la Cruz: «Al atardecer de la vida me examinarán del amor», que la canción va especificando en las tres estrofas que lo acompañan (4).

Al juzgar a cualquier ser humano, por más datos que tengamos sobre él, siempre nos quedamos cortos, como le fue revelado al profeta Samuel mientras cumplía la misión de buscar un rey que sustituyese a Saúl: «el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón». ¡Cuánto menos nos corresponde decidir o presumir sobre el destino eterno de nadie! Es más, si el amor es el filtro que tenemos que pasar para alcanzar la bienaventuranza eterna, tendremos que ir preparándonos para desprendernos de todo atisbo de animadversión que permanezca en nosotros.

No hay registros ni estadísticas de condenados, ni nos compete especular sobre ello. Lo que sí nos concierne es emplearnos en la batalla que hay que librar para superar todos los obstáculos que apartan del amor a Dios y a nuestros semejantes; en ello se resumen los mandamientos del decálogo (6).

(1) Información relacionada:

https://www.aciprensa.com/noticias/102744/vaticano-papa-francisco-asegura-que-le-gusta-pensar-que-el-infierno-esta-vacio

«En una entrevista concedida el domingo 14 de enero a un programa de televisión italiano, el Papa Francisco aseguró que le gusta pensar que el infierno está vacío.

“Esto no es un dogma de fe —esto que diré— es una cosa mía personal que me gusta: me gusta pensar que el infierno está vacío”, señaló el Santo Padre en entrevista con el programa Che tempo che fa.

Es un deseo que espero sea realidad, pero es un deseo”, agregó el Pontífice durante el diálogo.»

(2) 1Timoteo 2, 4. (Las citas bíblicas están extraídas de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/)

(3) Ezequiel 33, 11

(4) Cancionero litúrgico, número 86. Extraído de https://lapresentacion.es/wp-content/uploads/2020/04/Cancionero-litúrgico.pdf

Al atardecer de la vida

me examinarán del amor. (bis)

-Aunque hablara miles de lenguas

si no tengo amor nada soy,

aunque realizara milagros

si no tengo amor nada soy.

-Si ofrecí mi pan al hambriento

y al sediento di de beber,

si mis manos fueron sus manos,

si en mi hogar le quise acoger.

-Si ayude a los necesitados,

si en el pobre he visto al Señor,

si los tristes y los enfermos

me encontraron en su dolor.

(5) 1 Samuel 16, 7

(6) Mateo 22, 36-40

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?’. Él le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas.»

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