martes, 30 de julio de 2024

Meterse en líos

Hoja de ruta

En una tertulia radiofónica hablaban de la natalidad y el famoso director del programa dijo: ‘Yo he cumplido’; tiene un hijo y una hija. Esa afirmación, que he oído en otras ocasiones en boca de familiares, conocidos y amigos es algo así como un acta de defunción, de acabamiento, entre otras cosas porque sabemos que la paternidad o maternidad no se agotan con el nacimiento de los hijos, ni se debe equiparar a la obligatoriedad social de, por ejemplo, pagar impuestos o hacer la declaración de la renta.

Hacer las cosas por cumplir puede dejar el regusto amargo de la acción desalmada, privada de espíritu: ‘ya he hecho lo que me toca o lo que me han mandado’. Pero, ¿cómo lo has hecho? Cumplimiento puede llegar a desgajarse en cumplo y miento cuando se traduce en una simple anotación que se abstrae de la importancia del cómo.

La obsesión por limitarse a cumplir, por conformarse con un suficiente bajo al realizar las tareas, suele ir acompañada por la resistencia ante todo lo que tenga un cierto grado de incertidumbre. De hecho, supone autolimitarse, desconfiar de las propias posibilidades, mermar el desarrollo de las cualidades que se tienen. Sólo asumiendo riesgos, batallando con la incertidumbre, se puede comprobar lo que uno puede dar de sí.

No se trata de ser un temerario que convierte el riesgo en un fin en sí mismo, sino en que ese riesgo tenga como objetivo, a la vez, una mejora personal y una actitud de servicio: poner en juego las propias cualidades procurando un bien que va más allá de uno mismo; hacerlo sólo como un reto personal, como un ejercicio de autoestima –‘mira lo que soy capaz de hacer’- lo desvirtúa y desmerece.

¿Hay un límite a esa asunción de riesgos? Un refrán nos advierte ante la acumulación de tareas: ‘quien mucho abarca, poco aprieta’ (1). Una vez se le ha perdido el miedo al riesgo, implicarse en nuevos proyectos puede convertirse en un acicate que merme la atención necesaria hacia los que ya están en marcha: ‘desnudar un santo, para vestir a otro’ (2), dice otro refrán. En esta tesitura se encontraba el sacerdote Joaquín Garrigós ante un nuevo proyecto que tenía entre manos que había que sumar a las responsabilidades que ya tenía. Aprovechando una peregrinación a San Giovanni Rotondo, rezó ante la tumba del padre Pio de Pietrelcina exponiendo esa duda. La respuesta que obtuvo, según comenta, fue: «Mientras tu corazón pertenezca a Jesús; mientras tú cuides tu oración y tu intimidad con el Señor no digas nunca a nada que no y vas a experimentar como tu corazón da de sí y donde tú pensabas que había un límite siempre se puede más. Siempre que tú cuides tu intimidad con el Señor y tu oración» (3).

Enfrascarse en nuevos proyectos y mantener la vitalidad de los vigentes, sólo da buenos frutos cuando la base que los sustenta está suficientemente sólida en todos ellos.

(1) Ver significado en https://cvc.cervantes.es/Lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59420&Lng=0

(2) Ver significado en https://cvc.cervantes.es/Lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58499&Lng=0

(3) Testimonio de Joaquín Garrigós en el Canal Mater Mundi de Youtube. Se puede ver completo en https://www.matermundi.tv/2024/07/03/testimonio-de-joaquin-garrigos-dominguez/ El fragmento mencionado se encuentra a partir del minuto 31:40

No hay comentarios:

Publicar un comentario