Punto y seguido
Hace unas semanas leí la crónica de Pablo J. Ginés (1) sobre la intervención de Guzmán Carriquiry Lecour, laico uruguayo que ha trabajado durante 48 años en la Curia Romana y, tras su jubilación, ha ejercido como embajador de Uruguay en la Santa Sede, en un encuentro online organizado por del Club de Lectura de Corriente Social Cristiana con motivo de la publicación de su libro El testigo, en la que afirma: «A Francisco le gustaba abrir procesos convencido de que el Espíritu Santo los iría conduciendo, incluso en la ambigüedad».
Al
convocar el papa Francisco el Sínodo de la sinodalidad, además de la
perplejidad que para muchos suponía -quizá todavía lo supone- la palabra
sinodalidad, surgieron temores y expectativas, algo que no debía extrañar por
la magnitud que entrañaba dicha decisión: nada más y nada menos que convocar a
los fieles de todo el mundo para que expresaran su parecer sobre la Iglesia.
Hasta entonces parecía que el contenido de los Sínodos estaba reservado a
algunos elegidos entre los miembros de la jerarquía católica.
En la nota de acompañamiento al texto final escribe el papa Francisco: «El Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos recoge los frutos de un camino marcado por la escucha del Pueblo de Dios y por el discernimiento de los pastores. Dejándose iluminar por el Espíritu Santo, toda la Iglesia ha sido llamada a leer su propia experiencia y a identificar los pasos a dar para vivir la comunión, realizar la participación y promover la misión que Jesucristo le confió.»
En su conclusión (3), el Documento final del Sínodo aspira a que cunda el ejemplo en una sociedad que en muchos aspectos se muestra tensionada: «la sinodalidad de la Iglesia se convierte en profecía social, inspirando nuevos caminos también para la política y la economía, colaborando con todos los que creen en la fraternidad y la paz en un intercambio de dones con el mundo.»
Continúa: «Viviendo el proceso sinodal hemos tomado nueva conciencia de que la salvación que hay que recibir y proclamar pasa a través de las relaciones. Se vive y se testimonia juntos. La historia se nos presenta trágicamente marcada por la guerra, la rivalidad por el poder, por miles injusticias y represiones. Sabemos, sin embargo, que el Espíritu ha puesto en el corazón de cada ser humano un deseo profundo y silencioso de relaciones auténticas y de vínculos verdaderos. La creación misma habla de unidad y de compartir, de variedad y de entrelazamiento entre las distintas formas de vida. Todo nace de la armonía y tiende a la armonía, incluso cuando sufre la herida devastadora del mal. El sentido último de la sinodalidad es el testimonio que la Iglesia está llamada a dar de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, la armonía del amor que se derrama de sí misma para darse al mundo. Caminando en estilo sinodal, en el entrelazamiento de nuestras vocaciones, carismas y ministerios, y saliendo al encuentro de todos para llevar la alegría del Evangelio, podremos vivir la comunión que salva: con Dios, con toda la humanidad y con toda la creación. De este modo, gracias al compartir, comenzaremos ya a experimentar el banquete de vida que Dios ofrece a todos los pueblos.»
Dos referencias pueden dar aliento al espíritu sinodal que se ha abierto a todas las realidades eclesiales: un aforismo: «Solos llegamos más rápido, juntos llegamos más lejos» y una oración de Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien» (4). En el Saludo final a la asamblea el papa cita unas palabras de la poetisa francesa Madeleine Delbrêl: «hay lugares donde sopla el Espíritu, pero hay un Espíritu que sopla en todos los lugares.»(1) Publicado en Religión en Libertad. Extraído de https://www.religionenlibertad.com/vaticano/260213/leon-xiv-cambiara-curia-edad-guzman-carriquiry_116527.html
El
video completo del evento se puede ver en la página web del organizador https://elcorrent.org/es/
(2)
San Ignacio de Loyola: Ejercicios espirituales, número 318: «5ª regla.
La quinta: en tiempo de desolación nunca hacer mudanza mas estar firme y
constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a
la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente
consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen
spíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consexos no podemos tomar
camino para acertar.» Extraído de https://ejerciciosespirituales.org/wp-content/uploads/2017/03/LIBRO_EE.pdf
(3)
Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia
sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa
sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Conclusión: Un
banqute para todos los pueblos. Puntos 152 a 155. También se ha hecho mención a
los puntos 127 y 130. Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(4)
Evangelio según san Lucas, capítulo 10, versículos 21-24: «En aquella
hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: “Te doy gracias,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los
sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así
te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce
quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a
quien el Hijo se lo quiera revelar”. Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo
aparte: “¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo
que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron;
y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron”.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/







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