Tener qué contar y
saber cómo contarlo
Hace unos días que he
acabado de leer Largo viaje hacia la
noche (Long Day’s Journey into Night) de Eugene O’Neill (1), un drama familiar
autobiográfico plasmado en lo que sucede durante un día en la vida de los
personajes. Una relación áspera y quebradiza donde el autor desnuda sus propios
recuerdos. Cuando la acabó, exigió que no se representara hasta que hubieran
transcurrido 25 años de su muerte, una condición que no respetó su viuda.
Comparado con la cantidad dedicada a otros géneros, he leído pocas obras
teatrales. De ésta lo que me ha gustado especialmente es el ritmo expositivo y
el contenido de los diálogos –densos pero no pesados- que retratan la situación
que vive la familia protagonista, que arrastra consigo mucho dolor que no se ha
restañado; una relación áspera entre sus miembros que torna quebradiza la
convivencia. Me ha sorprendido también la meticulosidad del autor para
describir los ambientes y las reacciones de los personajes, algo que se puede
percibir como exponente de la manera en que O’Neill concebía que debía representarse
la obra, que puede resultar aclaratoria para el lector, aunque limite su
imaginación, pero que, a su vez, supone una especie de corsé para el director
teatral que la quiera representar.![]() |
| Ana Antón-Pacheco |
Tan interesante como
la lectura de la pieza teatral es la introducción –casi tan extensa como el
texto de O’Neill- que realiza la profesora de Filología de la Universidad
Complutense de Madrid Ana Antón-Pacheco, traductora y editora del texto, en la
que repasa la biografía del autor y analiza su obra literaria, muy influenciada
por sus experiencias personales y personas con las que se relacionó, en el
entorno familiar, social y cultural que le tocó vivir.
De la expuesto por Antón-Pacheco destaco
lo que hace referencia a los personajes y el lenguaje: “O’Neill intenta retratar tipos que conoce, a los que traslada a la
tarima del escenario, colocados en las situaciones vivenciales que les son
correspondientes y circunscritos por problemas que trascienden el mero entorno
físico.” Pero “no se detiene en el mero nivel realista formal, sino que,
paralelamente, inicia un lento proceso de renovación lingüística”. En este
contexto recoge las aportaciones de la investigadora del Selwin College de la
Universidad de Cambridge Jean Chothia, autora de un estudio sobre la obra de O’Neill
titulado Forging a Language (2): “O’Neill
no solamente se preocupa de crear personajes reconocibles localizados en entornos
físicos igualmente reales, sino que intenta dotarlos de una forma de expresión
lingüística que se corresponda con su extracción social”. Pero el lenguaje dramático y el lenguaje de la vida cotidiana son difícilmente
conciliables. ¿Por qué? Chothia expone algunos motivos: “Si el dramaturgo ha de
crear una acción significativa durante las tres o cuatro horas de tiempo que
dura la representación de una obra, su diálogo, por muy natural que parezca
ser, ha de ser lo menos natural posible para que transmita significado e
implicación.” Al leerlo recordé el comentario de un crítico de cine referido
a una de las películas de Woody Allen, pienso que era Hannah y sus hermanas, en la que describía la gran cantidad de
información que se desprendía de un breve diálogo matrimonial al inicio del
film.![]() |
| Jean Chothia |
Continúa Chothia: “El diálogo
dramático no reproduce, sino que representa el lenguaje. Es una construcción
artificial creada por el dramaturgo con mayor o menor arte, de tal forma que,
dentro de la convención dada, suene natural cuando se pronuncie, a la vez que
incorpore un subtexto esquematizado de tal densidad que permita que una acción
compleja tome vida dentro de los límites del tiempo de representación.”. Y remarca
la importancia crucial del lenguaje en el conjunto de una obra teatral: “donde
se produce un fracaso en el lenguaje, aparece también un fallo de concepción
dramática”.
Tan importante para un creador artístico es tener
qué contar como saber cómo contarlo a quien se lo pretende contar. En este ámbito, la sencillez y naturalidad expositiva son la consecuencia de un arduo trabajo
previo.
(1) Eugene O’Neill: Largo viaje hacia la noche – Long Day’s
Journey into Night (1940) – Cátedra – Colección Letras Universales número 51 –
5ª edición 2005 – Traducción: Ana Antón-Pacheco – 219 páginas
(2) Jean Chothia, Forging a Language, A Study of the Plays of
Eugene O’Neill, Londres, Cambridge University Press (1979), 1981.


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