martes, 10 de enero de 2017

Lenguaje teatral

Tener qué contar y saber cómo contarlo

Hace unos días que he acabado de leer Largo viaje hacia la noche (Long Day’s Journey into Night) de Eugene O’Neill (1), un drama familiar autobiográfico plasmado en lo que sucede durante un día en la vida de los personajes. Una relación áspera y quebradiza donde el autor desnuda sus propios recuerdos. Cuando la acabó, exigió que no se representara hasta que hubieran transcurrido 25 años de su muerte, una condición que no respetó su viuda.

Comparado con la cantidad dedicada a otros géneros, he leído pocas obras teatrales. De ésta lo que me ha gustado especialmente es el ritmo expositivo y el contenido de los diálogos –densos pero no pesados- que retratan la situación que vive la familia protagonista, que arrastra consigo mucho dolor que no se ha restañado; una relación áspera entre sus miembros que torna quebradiza la convivencia. Me ha sorprendido también la meticulosidad del autor para describir los ambientes y las reacciones de los personajes, algo que se puede percibir como exponente de la manera en que O’Neill concebía que debía representarse la obra, que puede resultar aclaratoria para el lector, aunque limite su imaginación, pero que, a su vez, supone una especie de corsé para el director teatral que la quiera representar.

Ana Antón-Pacheco
Tan interesante como la lectura de la pieza teatral es la introducción –casi tan extensa como el texto de O’Neill- que realiza la profesora de Filología de la Universidad Complutense de Madrid Ana Antón-Pacheco, traductora y editora del texto, en la que repasa la biografía del autor y analiza su obra literaria, muy influenciada por sus experiencias personales y personas con las que se relacionó, en el entorno familiar, social y cultural que le tocó vivir. 

De la expuesto por Antón-Pacheco destaco lo que hace referencia a los personajes y el lenguaje: O’Neill intenta retratar tipos que conoce, a los que traslada a la tarima del escenario, colocados en las situaciones vivenciales que les son correspondientes y circunscritos por problemas que trascienden el mero entorno físico.” Pero “no se detiene en el mero nivel realista formal, sino que, paralelamente, inicia un lento proceso de renovación lingüística”. En este contexto recoge las aportaciones de la investigadora del Selwin College de la Universidad de Cambridge Jean Chothia, autora de un estudio sobre la obra de O’Neill titulado Forging a Language (2): “O’Neill no solamente se preocupa de crear personajes reconocibles localizados en entornos físicos igualmente reales, sino que intenta dotarlos de una forma de expresión lingüística que se corresponda con su extracción social”. Pero el lenguaje dramático y el lenguaje de la vida cotidiana son difícilmente conciliables. ¿Por qué? Chothia expone algunos motivos: “Si el dramaturgo ha de crear una acción significativa durante las tres o cuatro horas de tiempo que dura la representación de una obra, su diálogo, por muy natural que parezca ser, ha de ser lo menos natural posible para que transmita significado e implicación.” Al leerlo recordé el comentario de un crítico de cine referido a una de las películas de Woody Allen, pienso que era Hannah y sus hermanas, en la que describía la gran cantidad de información que se desprendía de un breve diálogo matrimonial al inicio del film.

Jean Chothia
Continúa Chothia: “El diálogo dramático no reproduce, sino que representa el lenguaje. Es una construcción artificial creada por el dramaturgo con mayor o menor arte, de tal forma que, dentro de la convención dada, suene natural cuando se pronuncie, a la vez que incorpore un subtexto esquematizado de tal densidad que permita que una acción compleja tome vida dentro de los límites del tiempo de representación.”. Y remarca la importancia crucial del lenguaje en el conjunto de una obra teatral: “donde se produce un fracaso en el lenguaje, aparece también un fallo de concepción dramática”.

Tan importante para un creador artístico es tener qué contar como saber cómo contarlo a quien se lo pretende contar. En este ámbito, la sencillez y naturalidad expositiva son la consecuencia de un arduo trabajo previo.

(1) Eugene O’Neill: Largo viaje hacia la noche – Long Day’s Journey into Night (1940) – Cátedra – Colección Letras Universales número 51 – 5ª edición 2005 – Traducción: Ana Antón-Pacheco – 219 páginas

(2) Jean Chothia, Forging a Language, A Study of the Plays of Eugene O’Neill, Londres, Cambridge University Press (1979), 1981.

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