A pesar de los pesares
Dice el refrán que ‘es
de bien nacidos ser agradecidos’, pero hay circunstancias en la vida en que se
hace costoso mostrar agradecimiento. En la introducción de Educar en la gratitud (1) se habla de un chico de doce años,
Matthew que pasa de vivir acomodadamente a experimentar la precariedad. Si para
un adulto resulta difícil de asumir, para un preadolescente el descalabro
económico familiar es un varapalo que podría conllevar una actitud hosca o
malhumorada, no tan solo por las carencias materiales que comporta, sino
también por la reacción que se puede producir en su entorno –amigos,
compañeros, vecinos…- que podía marginarlo o, incluso, someterlo a burlas. No
fue esa su experiencia, quizá porque afrontó la situación con naturalidad, o bien
porque le permitió valorar aspectos de su vida a los que antes no les prestaba
atención. El caso es que en una redacción escolar sobre la gratitud escribió: «Mi
vida no sería la misma sin todos los que me han ayudado a conseguir mis
objetivos. Estoy agradecido a Dios, a mi familia, a mis amigos, e incluso a mis
profesores, por ayudarme a mejorar mi vida».
Este libro lleva el
subtítulo ‘cómo enseñar a apreciar lo positivo de la vida’, una actitud que
resaltaba Carles Capdevila al inicio de uno de sus últimos actos públicos (2) en
los que decía que era un ‘optimista con pruebas’, entre ellas tener cuatro
hijos –dos adolescentes- y estar contento, y haber sacado adelante un proyecto arriesgado
como el periódico Ara que dirigió, a
pesar de haber iniciado la andadura en medio de la gran crisis en la que está
inmersa la prensa en papel. Unas palabras que adquieren mayor relevancia al ser
pronunciadas por quien está aquejado de una grave enfermedad y sabe que le
queda poco tiempo de vida.
En su intervención hizo
mención a las cartas de agradecimiento que le enviaban al periódico los familiares
de una persona fallecida dirigidas al personal sanitario. Una situación que
puede parecer paradójica si el único objetivo hubiera sido la curación del
enfermo: ¡cómo agradecer un fracaso! Sin embargo él hacía hincapié en que no solo
se cura sino que se cuida (tenir cura
en catalán) al paciente. Pese a no haber conseguido la curación había estado
bien atendido, ese era el motivo de gratitud. A este trato se refería un
artículo que obtuvo un premio publicado en el Ara: “Desde hace meses para mí cada día es el Día Mundial de la
Enfermería, no sólo el 12 de mayo. Desde que soy fan de este colectivo –de la
forma más interesada, porque las necesito, y de la forma más agradecida, porque
hacen mucho más que curarme, cuidan de mí.” (3)
Algo parecido ocurre en
la película Los milagros del cielo (4)
cuando todos los esfuerzos humanos y económicos empleados por una familia para conseguir
que Anna, una niña de doce años, se cure de una extraña dolencia del que no se
conoce un remedio eficaz. Recurren al único especialista que puede ofrecer un
resquicio de esperanza pero el tratamiento experimental que le aplican no da el
resultado apetecido. El proceso de la enfermedad ha creado tensiones en la
familia, ha cuestionado las creencias de sus miembros y ha supuesto un elevado desembolso
económico que casi les arruina. La decepción al constatar que la vida de Anna continuará
deteriorándose sin que haya nada que lo pueda remediar no va acompañada de quejas
o reproches contra el médico y el personal sanitario. Asumen la situación y se
esfuerzan en atender en casa de la mejor manera posible a la hija y hermana.
Cuando
se produce después un hecho extraordinario que rompe con todas las previsiones la madre, Christy, relata delante de su comunidad religiosa lo
sucedido. Durante su intervención se muestran escenas relacionadas con episodios
de la película que no se habían expuesto por quedar al margen de los
protagonistas, se trata atenciones y gestiones que algunos personajes habían
realizado en favor de los miembros de la familia sin que ellos tuvieran
conocimiento de ellas. Me recordó una oración que aprendí hace bastantes años y
que de tanto en tanto recito: “Te doy gracias, Señor, por todos tus beneficios,
también de aquellos que desconozco.” (5) Violeta Parra lo expresa de otra
manera: ‘Gracias a la vida que me ha dado tanto’ (6).
(1) Jeffrey J. Froh y
Giacomo Bono: Educar en la gratitud. Título original: Making Grateful Kids. The Science of
Bullding Character (2015) Ediciones Palabra (2016)
(2) Carles Capdevila: Viure amb humor. Teatre L’Atlàntida de Vic 23/05/2017. www.youtube.com/watch?v=ScxgPfvcS3M
(3) Carles Capdevila: Cada noche es el día mundial de la
Enfermería (https://www.ara.cat/es/noche-dia-mundial-enfermeria-carles-capdevila-articulo-premiado_0_1688831241.html)
(4) Los milagros del cielo. Título original: Miracles from Heaven. Año:
2016
Duración: 109 min. País:
Estados Unidos. Dirección: Patricia Riggen
(5) Gratias tibi, Deus,
gratias tibi, pro universis beneficiis tuis etiam ignotis!: Te doy gracias,
Señor, por todos tus dones, también por los beneficios que me concedes y que no
conozco. (rsanzcarrera.wordpress.com/2016/10/29/algo-sobre-las-acciones-de-gracias/)
(6) Violeta Parra: Gracias a la vida
Letra: www.cancioneros.com/nc/685/0/gracias-a-la-vida-violeta-parra

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