Misma letra con distintos efectos
Lo hemos oído repetidas veces: ‘todos somos iguales ante
la ley’, ¿pero realmente es así? Una vez promulgada una ley tiene carácter
universal en su ámbito de actuación, pero la forma en que es aplicada depende
de otras consideraciones que la hacen distinta en cada caso; la interpretación
que el juez dé a las circunstancias que rodean a cada acusado y al hecho que se
somete a juicio determinarán sus efectos.
Jaime Balmes reflexiona sobre la igualdad ante la ley en
forma de diálogo en El Criterio (1):
“La ley dice: el que contravenga sufrirá la multa de mil
reales, y en caso de insolvencia diez días de cárcel. El rico paga los mil
reales, y se ríe de su fechoría; el pobre que no tiene un maravedí, expía su
falta de rejas adentro. ¿Dónde está la igualdad ante la ley?”
El interlocutor replica: “Pues yo quitaría esas cosas; y
establecería las penas de suerte que no resultase nunca esta desigualdad.”
“…Demos que para una transgresión está señalada la pena
de diez mil reales; dos hombres han incurrido en ella, y ambos tienen de qué
pagar; pero el uno es opulento banquero, el otro un modesto artesano. El
banquero se burla de los diez mil reales, el artesano queda arruinado. ¿Es
igual la pena?…
…Demos que la pena sea corporal, encontraremos la misma
desigualdad. El presidio, la exposición a la vergüenza pública, son penas que
el hombre falto de educación y del sentimiento de dignidad, sufre con harta
indiferencia; sin embargo, un criminal que perteneciese a cierta categoría
preferiría mil veces la muerte. La pena debe ser apreciada, no por lo que es en
sí, sino por el daño que causa al paciente y la impresión con que le afecta
pues de otro modo desaparecerían los dos fines del castigo: la expiación y el
escarmiento. Luego, una misma pena aplicada a criminales de clases diferentes,
no tiene la igualdad sino en el nombre, entrañando una desigualdad monstruosa.”
La película Fracture (2) pone el foco en los resquicios
que pueden dejar los procedimientos judiciales cuando la instrucción no se
realiza adecuadamente, que pueden llegar a permitir que el delincuente quede
eximido de su culpa. Se trata de juzgar un crimen pasional cometido con gran frialdad.
Los agentes de policía que acuden al lugar de los hechos alertados por los
vecinos no tienen dudas sobre el autor de la agresión, que es arrestado sin
ofrecer resistencia. De la acusación se encarga un reputado ayudante de fiscal
que cuenta por victorias los casos en que ha intervenido, pero está a punto de incorporarse a un prestigioso bufete. Su exitosa
experiencia, la aparente claridad que presenta el caso y el atractivo futuro
profesional que le espera, le auguran un trámite sin apenas complicaciones. Pero
se verá sorprendido por un acusado que ha diseñado minuciosamente su estrategia
de defensa y actúa con gran aplomo, permitiéndose incluso provocarle
al señalarle dónde se encuentra su punto débil: ‘es usted un ganador’. Muchos chascos son producto
del exceso de confianza.
Esta ficción deja entrever la complejidad de los
procedimientos judiciales, que requieren ser instruidos y juzgados con tiento,
teniendo en cuenta el papel que juegan cada uno de los actores implicados y las
garantías que hay que salvaguardar. Todo ello encaminado a alcanzar el máximo
grado de certidumbre antes de sentenciar; es conocida la máxima in dubio pro
reo –ante la duda se ha de favorecer al acusado-.
Cuando un caso adquiere gran resonancia mediática la
opinión popular no acostumbra a mostrar tantos miramientos en sus juicios y según
de quien se trate la ‘presunción de inocencia’ se transforma fácilmente en ‘presunción
de indecencia’ gracias al estímulo de comunicadores ávidos de protagonismo.
Quizá peliculas como la referida contribuyan a entender lo sucedido en casos
como el asesinato de Diana Quer, donde muchos se preguntan por qué no se detuvo antes al
presunto asesino si los investigadores estaban convencidos de quién era el culpable o los tira y afloja que se derivan de la situación procesal de Carles Puigdemont y sus compañeros con
residencia temporal (?) en Bélgica.
(1) Jaime Balmes: El
Criterio (1845). Editorial Ramón Sopena (1981) ´Colección: Biblioteca
Sopena, número 590. 224 páginas. Fragmento en el capítulo 14: El juicio,
epígrafe: 14.5 Palabras mal definidas. Examen de la palabra igualdad.
(2) Título original: Fracture. Año: 2007. Duración: 112 min. País:
Estados Unidos. Dirección: Gregory Hoblit
No hay comentarios:
Publicar un comentario