sábado, 26 de enero de 2019

El meollo de la acción educativa

Disposición a retroalimentarse


José Antonio Fernández Bravo
durante la sesión
Al tratar un tema que sobrepasa su propia experiencia Réginald Garrigou-Lagrange anuncia que lo desarrolla apoyándose en el testimonio de los que la han vivido y lo introduce recurriendo a una presunción ambiental: “aquello que se suele decir de los profesores en sus diversas edades:Los profesores jóvenes enseñan más de lo que saben, es decir enseñan muchas cosas que ignoran. Los de mediana edad enseñan lo que saben. Los viejos, en cambio, enseñan las cosas que son útiles a sus oyentes’.” (1)

Podría deducirse que basta con que transcurra el tiempo ejerciendo una profesión para adquirir un alto grado de excelencia. Sin embargo, necesita que la acompañe una buena disposición y capacidad para que eso sea posible. Aptitud, actitud y experiencia son los pilares de la profesionalidad.

Víctor García Hoz
En lo que respecta a la docencia Víctor García Hoz distingue entre pedagogía visible y educación invisible. La parte visible son los aspectos materiales: planificación, instalaciones, programación, organización, metodología, temario, recursos didácticos… La parte invisible la aporta el factor humano, tanto del educador como del educando. “La pedagogía visible influye más en la adquisición de conocimientos y desarrollo de aptitudes, físicas o mentales. Por su parte, la educación invisible tiene más incidencia en las actitudes, intereses y valores de la persona.” (2)

Esta educación invisible es la que deja patente José Antonio Fernández Bravo en el fragmento destacado de su intervención en una sesión del proyecto Aprendemos juntos del BBVA, que me evoca algunas anécdotas que me habían contado profesores de educación primaria.

Le preguntan a José Antonio qué ha aprendido de los niños. De su respuesta, que viene ilustrada con experiencias que divierten al auditorio, reproduzco algunas frases:
Que las respuestas que tenemos no coincidan con las que esperamos no significa en modo alguno que no razonen, sino simplemente que hay discrepancia entre lo que nosotros deseamos y lo que obtenemos. Eso lo he aprendido de los niños…
Aprendí a imaginar respuestas que jamás antes hubiera podido sospechar.
Aprendí a enseñar desde el cerebro del que aprende con esas posibles respuestas…
Aprendí a adaptar mi mirada a su mirada infantil
Me enseñaron a escuchar, pero escuchar es preguntarse por qué dicen lo que dicen, por qué hacen lo que hacen. Y, en definitiva, si nos damos cuenta, lo que hace cualquier investigador es escuchar, es escuchar, es contar con el otro...
Me enseñaron que no existe método de enseñanza superior a la capacidad de aprendizaje de la mente humana.
Me enseñaron que cuando mi método falla, cuando lo que yo tengo programado no llega a producir el aprendizaje deseado, no puedo decir: el que tiene dificultades es el niño que me mira. Tengo que plantear modificar el método que llevo.
Me enseñaron a callar para que hablaran ellos. Son tus silencios los que conquistan su voz.
Me enseñaron todo. Y me siguen enseñando todo.” (3)

Ameno, instructivo, sugerente. La densidad del mensaje durante las casi dos horas de exposición -el fragmento referido dura poco más de 7 minutos- se esponja con la emotividad de algunos momentos, con la graciosidad de otros. Es un buen orador, pero lo más importante es lo que transmite su discurso: amor a su profesión.

(1) Réginald Garrigou-Lagrange: Las tres edades de la vida interior. Título original: Les Trois Ages de la Vie Intérieure (1938). Editorial: Desclée de Brouwer. Tercera edición (1950). Traductor: Leandro de Sesma. 1285 páginas. Sección 3ª página. 1073
(2) Extraído del libro de Valentín Martínez-Otero Formación integral de adolescentes, que cita a Víctor García Hoz.
(3) https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/todo-lo-que-me-ensenaron-los-ninos-jose-antonio-fernandez-bravo/

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