Disposición a retroalimentarse
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| José Antonio Fernández Bravo durante la sesión |
Al tratar un tema que
sobrepasa su propia experiencia Réginald Garrigou-Lagrange anuncia que lo desarrolla
apoyándose en el testimonio de los que la han vivido y lo introduce recurriendo
a una presunción ambiental: “aquello que se suele decir de los profesores en
sus diversas edades: ‘Los profesores jóvenes enseñan más de lo que saben, es
decir enseñan muchas cosas que ignoran. Los de mediana edad enseñan lo que
saben. Los viejos, en cambio, enseñan las cosas que son útiles a sus oyentes’.”
(1)
Podría deducirse que basta
con que transcurra el tiempo ejerciendo una profesión para adquirir un alto
grado de excelencia. Sin embargo, necesita que la acompañe una
buena disposición y capacidad para que eso sea posible. Aptitud, actitud y
experiencia son los pilares de la profesionalidad.![]() |
| Víctor García Hoz |
En lo que respecta a la
docencia Víctor García Hoz distingue entre pedagogía visible y educación
invisible. La parte visible son los aspectos materiales: planificación,
instalaciones, programación, organización, metodología, temario, recursos
didácticos… La parte invisible la aporta el factor humano, tanto del educador
como del educando. “La pedagogía visible influye más en la adquisición de
conocimientos y desarrollo de aptitudes, físicas o mentales. Por su parte, la
educación invisible tiene más incidencia en las actitudes, intereses y valores
de la persona.” (2)
Esta educación invisible es
la que deja patente José Antonio Fernández Bravo en el fragmento destacado de su
intervención en una sesión del proyecto Aprendemos
juntos del BBVA, que me evoca algunas anécdotas que me habían contado profesores
de educación primaria.
Le preguntan a José Antonio
qué ha aprendido de los niños. De su respuesta, que viene ilustrada con experiencias
que divierten al auditorio, reproduzco algunas frases:
“Que las respuestas que
tenemos no coincidan con las que esperamos no significa en modo alguno que no
razonen, sino simplemente que hay discrepancia entre lo que nosotros deseamos y
lo que obtenemos. Eso lo he aprendido de los niños…
Aprendí a imaginar
respuestas que jamás antes hubiera podido sospechar.
Aprendí a enseñar desde el
cerebro del que aprende con esas posibles respuestas…
Aprendí a adaptar mi mirada a su mirada infantil…
Me enseñaron a escuchar,
pero escuchar es preguntarse por qué dicen lo que dicen, por qué hacen lo que
hacen. Y, en definitiva, si nos damos cuenta, lo que hace cualquier
investigador es escuchar, es escuchar, es contar con el otro...
Me enseñaron que no existe
método de enseñanza superior a la capacidad de aprendizaje de la mente humana.
Me enseñaron que cuando mi método falla, cuando lo que yo tengo programado no
llega a producir el aprendizaje deseado, no puedo decir: el que tiene
dificultades es el niño que me mira. Tengo que plantear modificar el método
que llevo.
Me enseñaron a callar para
que hablaran ellos. Son tus silencios los que conquistan su voz.
Me enseñaron todo. Y me
siguen enseñando todo.” (3)
Ameno, instructivo,
sugerente. La densidad del mensaje durante las casi dos horas de exposición -el fragmento referido dura poco más de 7 minutos- se esponja con la emotividad de algunos momentos,
con la graciosidad de otros. Es un buen orador, pero lo más importante es lo
que transmite su discurso: amor a su profesión.
(1) Réginald
Garrigou-Lagrange: Las tres edades de la
vida interior. Título original: Les
Trois Ages de la Vie Intérieure (1938). Editorial: Desclée de Brouwer. Tercera edición (1950). Traductor: Leandro de Sesma. 1285
páginas. Sección 3ª página. 1073
(2) Extraído del libro de
Valentín Martínez-Otero Formación
integral de adolescentes, que cita a Víctor García Hoz.
(3) https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/todo-lo-que-me-ensenaron-los-ninos-jose-antonio-fernandez-bravo/




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