Una explicación diáfana
‘Juro decir la verdad, toda
la verdad y nada más que la verdad, con la ayuda de Dios’. Es la fórmula ritual
que precede a la declaración en un juicio en los Estados Unidos, tal como lo
acostumbramos a ver en las películas. Pero, más allá de la intención del
declarante, ¿es posible ser estrictamente fiel al contenido de este juramento?
Tomás de Aquino trata 'Sobre
la Verdad' en la cuestión 16 de la primera parte de la Suma Teológica, donde se define en el artículo 1 como “la
adecuación entre objeto y entendimiento” (adaequatio rei et intellectus) (1),
una sentencia que parece tener su origen en el Libro de las Definiciones de Isaac ben Salomon Israeli (Isaac el
Viejo), médico y pensador judío nacido en Egipto (2). Para Tomás, que hurga en
lo más profundo de cada concepto para que brille en plenitud, “esta cuestión
plantea y exige respuesta a ocho problemas” que articula y desarrolla
separadamente siguiendo la secuencia analítica habitual: premisas –pros y
contras-, solución y respuesta a las objeciones.
No pretendo glosar el discurso del Doctor Angélico en esta cuestión,
entre otras razones porque antes debería haberlo leído de pe a pa, pero al hilo
de lo expuesto en el primer párrafo me parece interesante, por su sencillez y claridad
expositiva, reproducir un fragmento de La
luz apacible –biografía novelada del santo dominico-, en el que Louis de
Wohl centra la narración en preguntas y respuestas en torno a la verdad,
enmarcadas en el ámbito universitario, donde los alumnos expresan sus
inquietudes al docto profesor para que les ilustre: (3)
“-Maestro: ¿Cómo podemos
saber qué es la verdad? Conozco a un hombre que duda de todo.
-Es imposible. No podéis
conocer a un hombre así. Un hombre que dudase de todo tendría que dudar también
de que duda de todo. Tendría que dudar hasta de su propia existencia, lo que no
le permitiría dudar… Y tendría que admitir que su vida es una constante
contradicción, porque dudando de que existan alimentos, comería; dudando de que
exista el sueño, dormiría… La postura del escéptico total es completamente
absurda. Por eso, tales escépticos no existen en realidad. Hay, desde luego,
personas que pretenden que es imposible conocer la verdad, pero es porque
reconocer que la verdad existe les llevaría a sentirse obligados moralmente…
-Maestro: ¿Cómo definiría
la verdad?
-La verdad es la adecuación
o conformidad entre la visión intelectual y el objeto considerado. El error, la
no conformidad.
-Pero, ¿podemos conocer la
verdad total?
-No. Solo Dios. Pero eso no
quiere decir que nuestro conocimiento, aunque sea parcial, tenga que ser falso.
Pensad, por ejemplo, que encontráis en la calle un trozo de estaño. Si pensáis
que es de plata, os equivocáis. Pero si decís: «es un trozo de metal», acertáis
y decís la verdad, aunque no sepáis que es un trozo de estaño perteneciente a
una copa que ya no servía. Yo, por mi parte, puedo saber eso -porque vi quién
la tiraba a la basura- y no saber, sin embargo, que vos lo ibais a recoger.
Pero lo que yo sé también es verdad. El único que lo sabe todo -toda la verdad-
es Dios. Él sabe de dónde procedía ese trozo de estaño y cuál será su destino
final. Conoce todas sus propiedades, muchas de las cuales nosotros ignoramos, y
cuál ha sido, es y será su destino en el Universo. Lo cual no quiere decir que
lo que vos y yo sabemos, por incompleto que sea, no sea verdad.”
“-Guardaos, amigos, de los
filósofos que os digan que el hombre no puede conocer la verdad. Esa postura
sólo puede conducir al hombre a la perdición. De ellos ya dijo San Pablo que
los despreciáramos, que no hiciéramos ningún caso a esos falsos filósofos. (4)”
Sencillez y profundidad
para poner los conceptos en su sitio.
(1) “La verdad consiste en
la adecuación del intelecto y la cosa [adaequatio intellectus et rei], como más
arriba queda dicho (S. Th 1, q 16, a 1, ad 3: adaequatio rei et intellectus). Por
eso usa santo Tomás de Aquino la definición de Isaac Israelí. Santo Tomás de
Aquino dice que la verdad es la adaequatio rei et intellectus. Adecuación de
las cosas a su idea ejemplar en el entendimiento divino (verdad ontológica o
trascendental); y adecuación del intelecto humano a la realidad de las cosas
naturales (verdad lógica o del conocimiento).” Fuente: http://www.hispanidad.info/verdad.htm
(2) Stanford
Encyclopedia of Philosophy: Isaac Israeli.
Epígrafe: ‘The Book of Definitions’: "Originally
written in Arabic, this work is extant in two Latin (Liber de
Definicionibus/Definitionibus) and two Hebrew translations (Sefer ha-Gvulim),
but only a fragment of the original Arabic (Kitab al-Hudud) survived. That this
book was widely read by Christian scholastics is evidenced by Thomas Aquinas’
and Albertus Magnus’ misattribution of Avicenna’s definition of truth to
Isaac’s Book of Definitions (see
Altmann & Stern, Isaac Israeli, p. 59). This book is a collection of 57
definitions, the bulk of which are paraphrases and quotes (often without
attribution) of various passages of al-Kindi.” Fuente: https://plato.stanford.edu/entries/israeli/
(3) Louis de Wohl: La luz apacible. Título original: The quiet Light (1949). Editorial: Palabra (1984). Traductor: Joaquín Esteban Perruca.
397 páginas. Capítulo XV
(4) Referencia a la Carta de San Pablo a los Colosenses,
capítulo 2, versículo 8: “Vigilad para que nadie os seduzca por medio de vanas
filosofías y falacias, fundadas en la tradición de los hombres y en los
elementos del mundo, pero no en Cristo.”


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