martes, 24 de septiembre de 2019

El cascarrabias se hace

Salir del atolladero quejumbroso


Para su esposa Joe se ha convertido en un cascarrabias, esa característica propia de ancianos recalcitrantes: “Ruth me dice por lo menos una vez al día que los viejos o las personas que se van haciendo viejas tienden a desconectar, a retirarse, a mirar hacia dentro y no escuchar nada más que a sí mismos, a creerse moralmente superiores y volverse hipercríticos. Y no deberían hacerlo. (Yo no debería hacerlo.)”

Ese carácter hosco puede manifestar un descontento profundo con las limitaciones físicas a las que somete el paso del tiempo o los cambios de rol en la sociedad… pero acostumbra a ser fruto de la manera en que se ha ido enfocando la vida desde mucho antes.

El relato sigue aludiendo a un comportamiento que no es exclusivo de los veteranos: “No soporta ir conmigo en coche a ningún sitio porque suelo despotricar contra los conductores que me molestan. «¿De qué te sirve? -exclama-. ¡Si no te oyen! Sólo te sirve para molestarme a mí.» «Me sirve para soltar presión -le digo-, porque si no reviento.» «¿Y esto que haces ahora no es reventar?», me pregunta.”

Podemos pensar que los desahogos agresivos nos relajan, alivian la irritación. Es posible que en momentos puntuales de gran tensión emocional –traumas, duelos…- esas descargas sean convenientes para exteriorizar el dolor: un grito, un puñetazo sobre la mesa, llorar a moco tendido… Sin embargo, cuando se convierten en hábitos de conducta aplicados a determinados entornos –o en todos- tienen un efecto boomerang: susceptibilidad, desconfianza, menosprecio…

Joe se da cuenta de lo acertadas que son las consideraciones de su particular Pepito Grillo: “Tiene razón. Tiene toda la razón. Encontrar faltas a los demás no es un modo de soltar presión, sólo sirve para aumentarla.”

Wallace Stegner
Deberíamos tener en cuenta esta máxima que nos regala Wallace Stegner en El pájaro espectador cuando escribimos en las redes sociales, cuando hablamos de alguien, cuando emitimos juicios, cuando nos regodearnos con la mofa, cuando damos pábulo a las consignas de los profesionales de la queja…

La paz interior no se consigue con técnicas, sino con conductas.

(1) Wallace Stegner: El pájaro espectador. Título original: The Spectator Bird (1976). Editorial: Libros del Asteroide, número 72 (2010). Traductor: Fernando González Fernández-Corugedo. 308 páginas. Fragmento en el capítulo UNO.1.

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