Salir del atolladero quejumbroso
Para su esposa Joe se ha
convertido en un cascarrabias, esa característica propia de ancianos recalcitrantes: “Ruth me dice por lo menos una vez al día que los
viejos o las personas que se van haciendo viejas tienden a desconectar, a
retirarse, a mirar hacia dentro y no escuchar nada más que a sí mismos, a
creerse moralmente superiores y volverse hipercríticos. Y no deberían hacerlo.
(Yo no debería hacerlo.)”
Ese carácter hosco puede manifestar
un descontento profundo con las limitaciones físicas a las que somete el paso
del tiempo o los cambios de rol en la sociedad… pero acostumbra a ser fruto de
la manera en que se ha ido enfocando la vida desde mucho antes.
El relato sigue aludiendo a un
comportamiento que no es exclusivo de los veteranos: “No soporta ir conmigo en
coche a ningún sitio porque suelo despotricar contra los conductores que me
molestan. «¿De qué te sirve? -exclama-. ¡Si no te oyen! Sólo te sirve para
molestarme a mí.» «Me sirve para soltar presión -le digo-, porque si no
reviento.» «¿Y esto que haces ahora no es reventar?», me pregunta.”
Podemos pensar que los
desahogos agresivos nos relajan, alivian la irritación. Es posible que en
momentos puntuales de gran tensión emocional –traumas, duelos…- esas descargas sean
convenientes para exteriorizar el dolor: un grito, un puñetazo sobre la mesa,
llorar a moco tendido… Sin embargo, cuando se convierten en hábitos de conducta aplicados a determinados entornos –o en todos- tienen un efecto boomerang:
susceptibilidad, desconfianza, menosprecio…
Joe se da cuenta de lo acertadas
que son las consideraciones de su particular Pepito Grillo: “Tiene razón. Tiene
toda la razón. Encontrar faltas a los demás no es un modo de soltar presión,
sólo sirve para aumentarla.”![]() |
| Wallace Stegner |
Deberíamos tener en cuenta
esta máxima que nos regala Wallace Stegner en El pájaro espectador cuando escribimos en las redes sociales,
cuando hablamos de alguien, cuando emitimos juicios, cuando nos regodearnos con
la mofa, cuando damos pábulo a las consignas de los profesionales de la queja…
La paz interior no se
consigue con técnicas, sino con conductas.

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