El arte de endosar el marrón
Los desencuentros, los
enfados, las decepciones… desembocan muchas veces en atribución de culpas
externas, incluso cuando se enmascaran en la desdeñosa autoinculpación que da
a entender la canción ‘Échame a mí la culpa’ (1).
En las crisis, los grandes fracasos,
las catástrofes, los estropicios mayúsculos que sufren las sociedades emerge de
una forma más notoria el recurso a vestir las causas con una camiseta, un
emblema, una bandera… que pertenecen a otros. Desentenderse de la propia
responsabilidad descargando los errores, las faltas y los horrores que se han
cometido (personales o colectivos) es una práctica milenaria. Uno de los ritos
del Día de la Expiación, el Yom Kippur, que celebraba el pueblo judío,
consistía en que un macho cabrío cargaba sobre sí “todas las iniquidades de los
israelitas, todas sus rebeldías y todos sus pecados” y era enviado al desierto;
así quedaba resarcida la culpa. El animal afectado se convertía en el chivo expiatorio.
(2)
En la actualidad el chivo
expiatorio es una de las artimañas se procura introducir en lo que se viene en
llamar ‘el relato’, que ocupa un lugar preferente respecto a ‘los hechos’. El
diccionario contempla dos acepciones de relato: “conocimiento que se da,
generalmente detallado, de un hecho” y “narración, cuento”. El discurso que
distorsiona la realidad de las cosas o de los acontecimientos es el que mezcla
ambos significados con intención de enredar, lo que suele conseguir cuando dota
de una apariencia verosímil lo que es una patraña. Es una de las argucias de la
propaganda: conseguir que un gran número de personas se trague el cuento, aunque
poco o nada tenga que ver con la realidad.
El recurso al ‘chivo
expiatorio’ puede ser consecuencia de diversos tipos de conductas que en
algunos casos son concomitantes. Puede ser la máscara para ocultar la
incompetencia; puede ser una manifestación de inmadurez: incapacidad para
asumir responsabilidades; pero me parece especialmente significativo lo que
esgrime Scott Peck en el estudio que realiza sobre la maldad (3) asociándolo a
una actitud narcisista: “una característica predominante de la conducta de los
que yo llamo individuos malos es buscar un CHIVO EXPIATORIO. Como en el fondo
ellos se consideran irreprochables, deben castigar a cualquiera que les haga
reproches. Sacrifican a otros para conservar su propia imagen de perfección.”
Previamente Peck identifica donde radica esta actitud: “no son los pecados per
se los que caracterizan a las personas malas, sino la sutileza, la persistencia
y la consistencia de sus pecados. Esto se debe a que el defecto central del mal
no es el pecado sino la negativa a reconocerlo.”
En el mundo político se
concentra mucho oropel narcisista. Bien sea por iniciativa propia o por asesoramiento,
se aplica una estrategia que considera inadecuado reconocer cualquier desliz y
se destina muchas energías a disfrazarlo. No se soporta ninguna mancha en el
expediente aunque el lamparón sea ostensible. El currículum oficial ha de maquillarse para que parezca impoluto a pesar del polvo que acumula. Todo vale para
mantener una situación privilegiada y dejar intacta la posibilidad de trepar a
un nivel superior.
También desde las tribunas
mediáticas se recurre al chivo expiatorio para defender simpatías o intereses
tratando la información y su tratamiento de manera sesgada, trasladando a la
opinión pública una imagen distorsionada de la realidad. En una entrevista el
reputado reportero Ryszard Kapuściński le dice a su entrevistadora: “nuestra
profesión no puede ser ejercida correctamente por nadie que sea un cínico. Es
necesario diferenciar: una cosa es ser escépticos, realistas, prudentes. Esto
es absolutamente necesario, de otro modo no se podría hacer periodismo. Algo
muy distinto es ser cínicos, una actitud incompatible con la profesión de
periodista. El cinismo es una actitud inhumana, que nos aleja automáticamente
de nuestro oficio, al menos si uno lo concibe de una forma seria… Quien decide
hacer este trabajo y está dispuesto a dejarse la piel en ello, con riesgo y
sufrimiento, no puede ser un cínico.” (4) Desgraciadamente algunos de los
comunicadores que cuentan con una nutrida audiencia no se dan por enterados y
su forma de hacer periodismo transita por un camino tendencioso más proclive a la distorsión,
la agitación y la propaganda.
Si unos y otros se desenvuelven
en su espacio con holgura, incluso con prestigio, embarrando y oscureciendo el
terreno de juego es porque se ven favorecidos por la pasividad y la
condescendencia de mucha ‘buena gente’, como expresaba Edmund Burke: “lo único
que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada” (5).
Peck lo tilda de la ‘haraganería’ por la que uno se desentiende de asuntos que afectan a la convivencia o al funcionamiento de una colectividad porque “es fácil seguir, y
mucho más fácil ser seguidor, que líder. No hay necesidad de pasar por la
agonía de tomar decisiones complejas, planear por anticipado, ejercer la
iniciativa, arriesgarse a ser impopular o esforzarse con mucho coraje.” Y
advierte: “El adulto individual… cuando asume el rol de seguidor entrega su
poder al líder: su autoridad sobre sí mismo y su madurez en la toma de
decisiones. Se torna psicológicamente dependiente del líder como un chico es
dependiente de sus padres.” Y todo ello por la aversión a complicarse la vida
en asuntos comunitarios.
(1) Albert Hammond: Échame
a mí la culpa. Ver letra en enlace
(2) Ver en el enlace https://ec.aciprensa.com/wiki/Yom_Kippur
una exposición del origen y práctica de esta tradición.
(3) M. Scott Peck: El mal y
la mentira. Título original: People
of the Lie. The Hope For Healing Human Evil (1983). Editorial: Emecé editores –
1ª edición (1995). Traducción de Alicia
Steimberg. 171 páginas. Fragmentos utilizados situados en páginas, 42, 45 y
141.
(4) Entrevista de María
Nadotti incluida en el libro: Ryszard Kapuściński: Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo. Título original: Il cinico non è adatto a questo
mestiere. Conversazione sul buon giornalismo (2000). Editorial: Anagrama – Colección: Compactos Anagrama,
número 365 – 6ª edición (2010). 125 páginas. Edición de Maria Nadotti.
Fragmento en página 53
(5) Extraído de https://akifrases.com/frase/105278
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