Dar sentido al sinsentido
En el Apocalipsis, el libro bíblico de moda en los días que preceden al cambio de ciclo litúrgico, hay un fragmento que asocio con aquellos proyectos, tanto personales como colectivos, que empiezan con gran ímpetu, logran consolidarse sorteando las dificultades que van surgiendo, llegando incluso a adquirir relevancia social, pero en la medida en que van creciendo y la estructura organizativa se va agigantando se van distanciando de aquello que impulsó su creación y les daba sentido, perdiendo la referencia al espíritu fundacional, que puede llegar a desvirtuarse al amparo de una pretendida efectividad que compromete su futuro tal como estaba concebido. La burocratización autorreferencial desalma.Dice el texto citado en un mensaje
dirigido a la iglesia de Éfeso: «Conozco tus obras, tu fatiga y tu constancia;
que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que se
dicen apóstoles y no lo son, y los encontraste mentirosos; que tienes paciencia
y has sufrido por mi nombre, sin desfallecer. Pero tengo contra ti que has
perdido la caridad que tenías al principio. Recuerda, por tanto, de dónde has
caído, arrepiéntete, y practica las obras de antes.» (1) La advertencia pone el
foco en el espíritu con que se actúa, el aliento que impulsa el fin que se
persigue.
Si la desafección a los principios afecta a las organizaciones, también afecta al ámbito familiar, como me ha dado a entender la historia que escribe Eloy Moreno en El bolígrafo de gel verde (2), donde el protagonista, hastiado por la sinrazón en que se ha convertido su vida, se entretiene curioseando en vidas ajenas y dejándose llevar por obsesiones fetichistas sin esforzarse en poner remedio al deterioro que está sufriendo la vida en común, que amenaza con verter al sumidero tantos esfuerzos e ilusiones que la han forjado, anclándola en unas rutinas que, aun siendo necesarias, se tornan corrosivas cuando se afrontan como autómatas; la vida familiar se torna insulsa cuando va perdiendo su esencia: la cohesión amorosa que la fraguó, el amor primero al que se refiere el texto bíblico.
El relato nos aboca a un cambio drástico para revertir la tendencia tóxica que va ahogando la relación matrimonial. En casos extremos puede ser la única manera de salir del atolladero, pero considero que es preferible ir prestando atención a las señales de disfuncionalidad que van surgiendo, a las pequeñas grietas que aparecen en el edificio construido en común, para irlas sellando antes de que adquieran unas dimensiones considerables. No se trata de hacer apaños, porque el mejor remedio siempre va acompañado por el amor mutuo.
(1) Libro del Apocalipsis, capítulo 2, versículos 2 a 5. https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/apocalipsis-2
(2) Eloy Moreno: El bolígrafo de gel verde (2011). Editor: Espasa – Colección: Narrativa. 317 páginas


No hay comentarios:
Publicar un comentario