La sintonía de la jornada
Es martes, ha finalizado el primer tramo de tareas matinales y hago un pequeño parón para destinarlo a la reflexión personal con el propósito de que se convierta en oración. Busco un punto de apoyo que me ayude a concentrarme, aparcando momentáneamente de mi mente las diversas ocupaciones que me toca lidiar durante el día. Acudo a la liturgia de las horas, que me regala este bello himno que percibo como un acicate para orientar la jornada:En esta luz del nuevo día
que me concedes, oh Señor,
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.
Dichoso yo, si al fin del día
un odio menos llevo en mí,
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.
Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.
Que ame a los seres este día,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame el amor y ame la cruz.
Ha sido suficiente por esta vez para que fluya la plegaria y luego
he pensado que me conviene tenerlo presente a menudo para evitar despistarme en el trajín diario. Supone
un buen estímulo para dotar a los quehaceres cotidianos de un sentido que
permite crecer interiormente y aportar dosis de bienestar anímico a nuestro alrededor.
(1) Himno de laudes de la liturgia de las horas del martes, 9 de febrero de 2021


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