Antídoto al pensamiento inoculado
Somos proclives a aplicar la ley del embudo en las relaciones con nuestros semejantes… ¡Cuántos juicios de valor contaminados por una malentendida autoprotección. teñida de dependencia social o emocional, que distorsiona e incluso pervierte el criterio! Hay mucho ruido exterior que no ayuda; nos llega a través de los medios de comunicación, de las redes sociales, del discurso político institucionalizado…, que pretende empujarnos hacia posiciones maniqueas de las que resulta difícil desembarazarse por la presión que ejercen para decantarnos irracionalmente.
No es nada nuevo. Hace más de tres décadas Martín Descalzo denunciaba en uno de los artículos recogidos en Razones para la alegría el «lastre de la obligación de ‘pensar en bloque’». Hablaba de lo que observaba a su alrededor: «En nuestro tiempo la gente no piensa en cada caso lo que cree que debe pensar. Más bien la sociedad te empuja a elegir una determinada postura ideológico-socio-política, y una vez adoptada, tú ya tienes que pensar forzosamente lo que ‘corresponde’ a la postura elegida» (1). Su postura al respecto la expresaba en otro artículo: «nunca he creído que la verdad esté en bloque a la derecha o a la izquierda, en el ayer o en el mañana. Y creo que debo conservar libre mi juicio para reconocerla allí donde esté o donde yo la vea. Claro que para esto hace falta otra segunda libertad de espíritu: la de ponerse por montera lo que la gente pueda decir de uno.» (2)
Y para darnos cuenta que en esto, como en tantas otras cosas, el ser
humano no ha cambiado en lo esencial, aunque los escenarios difieran, el patrón
de periodistas y reporteros, san Francisco de Sales, dirigía una de las cartas
a la ficticia Filotea, argumentando sobre la conveniencia de ‘tener el criterio
justo y razonable’ (3). Sus reflexiones de hace medio milenio nos pueden ir
bien para capear la vorágine que en forma de información, moda o estado de
opinión nos asalta a diario, apartándonos del razonamiento equilibrado:
Acusamos por una nonada al prójimo, y nos excusamos de cosas muy graves; queremos vender muy caro y comprar muy barato; queremos para nuestra casa misericordia y tolerancia; queremos que se echen a buena parte nuestras palabras, y somos susceptibles y nos dolemos de lo que dicen los demás. Quisiéramos que el prójimo nos dejara tomar lo que es suyo, mediante indemnización; pero, ¿no es más justo que él conserve sus bienes y que nos deje a nosotros con nuestro dinero?
Nos enojamos cuando
no quiere acomodarse a nosotros, pero ¿no tiene él mayor motivo de queja de que
queramos nosotros incomodarle? Si tenemos afición a un ejercicio, despreciamos
todos los demás y miramos, con desdén, todo lo que no es conforme a nuestro
gusto. Si alguno de nuestros inferiores nos es antipático o le tenemos entre dientes,
todo lo suyo nos parece mal, haga lo que haga; no cesamos de contristarle, y
siempre tenemos el ojo puesto sobre él; al contrario, si alguno nos es simpático
con simpatía sensual, excusamos todo cuanto hace. Hay hijos virtuosos, a
quienes los padres o las madres aborrecen por algún defecto corporal; y los hay
viciosos, que son sus favoritos, únicamente por alguna gracia externa.
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| Perdiz de Paflagonia Alectoris chukar |
Filotea, seas equitativa y justa en tus acciones: ponte siempre en el lugar del prójimo y pon al prójimo en el tuyo, y
así juzgarás bien; hazte vendedora cuando compres, y compradora cuando
vendas, y venderás y comprarás según justicia. Es verdad que todas estas
injusticias son leves, pues no obligan a la restitución, y sólo consisten en
que procedemos con todo el rigor de la justicia únicamente en lo que nos
favorece; pero no por ello dejan de obligarnos a que procuremos la enmienda, ya
que son graves defectos contrarios a la razón y a la caridad; y, al fin, no son
más que engaños, pues nada perdemos en
vivir con generosidad, nobleza y cortesía y con un corazón regio, igual y
razonable. Acuérdate, pues,
amada Filotea, de examinar con
frecuencia tu corazón, para ver si, con respecto al prójimo, es tal como tú
quisieras que el suyo fuese para contigo, si te encontrases en su lugar, pues
este es el verdadero punto de vista de la razón. Trajano, al ser censurado por
sus confidentes, porque, según su parecer, hacía demasiado accesible la
majestad imperial, replicó: “Bien, ¿no he de ser con respecto a los
particulares el emperador que yo quisiera encontrar, si fuese yo un
particular?” (7).»
Busto de Trajano
(1) José Luis Martín Descalzo: Razones para la alegría (1985). Editorial: Ediciones Sígueme (2001). Capítulo: ‘Caperucita violada’.
(2) Id., capítulo ‘Vivir con la lengua fuera’.
(3) San Francisco de Sales: Introducción
a la vida devota. Tercera parte, capítulo XXXVI: ‘Que es menester tener el
criterio justo y razonable’. Extraído de:
http://es.catholic.net/op/vercapitulo/5113/redireccion.html
(4) Biblia de Jerusalén: Cantar
de los cantares, capítulo 2, versículo 15: «Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas,
pues nuestras viñas están en flor.»
(5) José-Alberto Sutil Lorenzo: La
perdiz de Paflagonia, publicado en el periódico La Opinión de Zamora el 3
de marzo de 2019: «Paflagonia es una región situada en Asia Menor, al sur del
Mar Muerto, donde existe una variedad de perdices, la perdiz chukar (alectoris chucar), que tiene dos corazones en lugar de uno, como ya señalara Plinio el
Viejo en su Historia natural.»
(6) Biblia de Jerusalén: Salmo
12, versículos 1-2: «¡Salva, Yahveh, que ya no hay fieles, se acabaron los
veraces entre los hijos de Adán! / Falsedad sólo dicen, cada cual a su prójimo,
labios de engaño, lenguaje de corazones
dobles.»



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