miércoles, 1 de septiembre de 2021

Entrenar con proyección vital

Romper el atractivo de la mediocridad

A algunos de los futuros reclutas que se iban a incorporar al Servicio Militar Obligatorio se les aconsejaba que no destacasen, ni por arriba ni por abajo. En algunos ámbitos ser del montón presagia una cierta tranquilidad, no tener más problemas que los que pueda tener la mayor parte del colectivo. Ocurre también en escuelas en las que el tildado como empollón es mal visto y, en consecuencia, objeto de burlas y bromas más o menos pesadas. Curiosamente en este entorno, suelen tener mayor aceptación los integrantes del ‘pelotón de los torpes’ pese a que sean responsables de ralentizar o entorpecer el desarrollo de las clases.

Kenny Ray Carter, el entrenador real  
A Ken Carter le proponen entrenar al equipo de baloncesto de su antiguo instituto, donde destacó como jugador y conserva varios records (1). Al aceptar quiere que sus jugadores firmen un contrato en el que se comprometen a asistir regularmente a clase, ocupar los primeros bancos del aula y obtener una cualificación mínima equivalente al suficiente en todas las materias. Estas exigencias sorprenden a toda la comunidad educativa: alumnos, padres, profesores y dirección de un centro cuyas ratios son elocuentes: sólo el 50% de los alumnos acaban graduándose y de ese porcentaje tan solo el 6% van a la universidad.

Carter tiene presente lo que le ocurrió a él y a sus compañeros en su época y tiene claro lo que quiere para sus jugadores. Sus condiciones se aceptan a regañadientes, teniendo en cuenta que el equipo está inmerso en una dinámica perdedora, que genera abundantes conflictos entre los jugadores. Su actuación empieza por ganarse el respeto de sus jugadores, para luego imponer disciplina en la preparación y exponiendo su método de trabajo con convicción –para que un equipo funcione el entrenador ha de estar convencido de lo que hace y ser capaz de persuadir a sus jugadores-.

Los frutos del trabajo de Carter no tardan en reflejarse en los resultados; estando avanzada la temporada el equipo está imbatido y se palpa el entusiasmo de todo el instituto. Sin embargo, Carter descubre que no se están cumpliendo sus condiciones académicas: ni la dirección, ni los profesores, ni los padres están colaborando; se contentan con el éxito del equipo y no parece importarles la falta de mejora académica de los jugadores.

Sintiéndose engañado, Carter decide cerrar el gimnasio, impidiendo que el equipo se entrene y se presente a los partidos que le corresponde jugar. El revuelo que se organiza en el instituto se concreta en una reunión del consejo del centro que acuerda expulsarle. Pero, sorprendentemente, los jugadores no secundan a sus progenitores y docentes: reaccionan ocupando el gimnasio para estudiar y así cumplir todo aquello a lo que se habían comprometido. Regresan a la competición con la misma dinámica ganadora, pero caen eliminados en la fase final del campeonato estatal. Sin embargo, los jugadores que finalizaban en el instituto logran graduarse e ir a la universidad.

Xesco Espar hace una extensa referencia a esta película en la entrevista para el proyecto educativo Aprendemos Juntos (2). Una secuencia que va precedida por una frase que atribuye a Marianne Williamson: «Lo que más miedo nos da no es perder, es saber que, si ganamos, se nos va a volver a exigir». El temor a la cumplir con las expectativas de otros sobre uno, el temor a tener que abandonar la burbuja que supone el entorno cotidiano, pueden suponer poderosas razones para refugiarse en la mediocridad.

En su comentario Espar destaca la reacción de los padres cuando Carter les dice que los chicos no están aprovechando la escuela: «no puedes negar a nuestros hijos lo único bueno que van a tener en la vida, que es este campeonato». El entrenador replica: «Es que eso es lo que no puede ser. Que este campeonato, que es un juego, sea lo único bueno. Lo bueno de su vida tiene que ser todo lo demás». A continuación, Espar interpreta a su manera una parrafada -impropia para el personaje- que suelta el jugador más rebelde de la plantilla, que reproduce de pe a pa un fragmento de Volver al amor de Marianne Williamson (3): «Profesor, ¿sabe lo que nos da miedo? Lo que nos da miedo no es ganar o no ganar. Lo que nos da miedo es desencajar de nuestro entorno, sobresalir. Saber que podemos conseguir no solamente ganar, sino ser grandes estudiantes». Para Espar en esta película se ejemplifica «lo que significa realmente este miedo a ser grande que a veces tenemos y que nos limita.»

Hacer rendir las cualidades que cada uno tiene no sólo requiere esfuerzo, sino también fortaleza para no dejarse absorber por la cómoda y esterilizante mediocridad.

(1) Referencia a la película Coach Carter. Año: 2005. Duración: 136 min. País: Estados Unidos. Dirección: Thomas Carter

(2) Xesco Espar: Entrevista en BBVA Aprendemos juntos. Extraído de https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/la-motivacion-es-un-amplificador-del-talento-xesco-espar/

(3) Texto del fragmento de Marianne Williamson en Volver al amor que el personaje Timo Cruz pronuncia: «Nuestro miedo más profundo no es ser inadecuados, nuestro miedo mayor es nuestro poder inconmensurable, es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que nos aterra. Optar por la mezquindad no sirve al mundo, no hay lucidez en encogerse para que los demás no se sientan inseguros junto a ti, nuestro destino es brillar como los niños, no es el de unos cuantos, es el de todos, y conforme dejamos que nuestra luz propia alumbre, inconscientemente permitimos lo mismo en los demás y al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros.» Extraído de https://citas.in/autores/marianne-williamson/

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