sábado, 18 de septiembre de 2021

Enfermiza hipersensibilidad

'O te tragas mi relato o me odias'

En el diálogo que reproduce David Burns en Sentirse bien con una mujer desesperanzada y deprimida que se agobia con las cosas malas que encuentra, el terapeuta le contesta: «Sería hermoso que hubiera un universo donde no hubiera problemas, ni sufrimientos, pero entonces no existirían oportunidades para que la gente madurara o resolviera los problemas. Probablemente, uno de estos días usted se ocupará de uno de estos problemas del mundo y contribuir a solucionarlo se convertirá en una fuente de satisfacción para usted» (1).

La pedagogía que pretende evitar a toda costa cualquier contrariedad o malestar a los educandos -no vaya a ser que se traumaticen- suele acarrear un peligroso efecto boomerang, como observa Abigail Shrier, autora del polémico libro –por las reacciones fanáticas e inquisitoriales que suscita- Un daño irreversible cuando enlaza el comentario del entrevistador: “Basta con rascar en la superficie del libro para dar con una generación particularmente desorientada y devastada emocionalmente, que no sabe qué hacer con su ansiedad y su tristeza, y que tampoco encuentra referentes en sus casas ni placer en las comodidades” respondiendo: «¡Sí! Creo que la falta de desafíos hace que, paradójicamente, sus vidas sean más complicadas. Parece que los humanos estamos programados para sufrir ciertas dosis de angustia y dolor, y que si no tenemos razones para el sufrimiento lo creamos. Lo vemos mucho en esta generación, con unos niveles altísimos de ansiedad y depresión… No se han enfrentado a los desafíos de generaciones anteriores y, sin embargo, lidian con un sufrimiento insoportable…» (2).

Jonathan Haidt achaca gran parte de la responsabilidad a la sobreprotección que algunos progenitores –con la mejor intención- aplican a sus hijos durante edades tempranas, los llamados 'padres helicóptero', que, según él, inoculan en sus vástagos «malas ideas» -pensamientos irracionales-, porque blindando a sus hijos de los traumas les provocan un daño irreparable. Esas malas ideas las sintetiza en tres falacias: «”Lo que no te mata te hace más débil” (la mentira de la fragilidad); “siempre confía en tus sentimientos” (la mentira del razonamiento emocional), y “la vida es una batalla entre buenas y malas personas” (la mentira del nosotros contra ellos)» (3).

Todo ello provoca rigidez de pensamiento y la vulnerabilidad emocional, que aboca a un empobrecimiento intelectual. Dice Haidt: «La cultura de la universidad se ha vuelto ideológicamente uniforme, lo que impide que los alumnos aprendan de pensadores de un amplio espectro. También han proliferado los extremistas a izquierda y derecha. Las redes sociales y los nuevos medios permiten que los ciudadanos se refugien en burbujas ideológicas, donde se siembra la polarización entre los miembros de ambos bandos...» (3).

Estas actitudes también tienen su reflejo en otros ámbitos, como expone paródicamente Andrew Doyle en Woke, cuya protagonista, Titania McGrath, representa un personaje arquetípico en boga: ser humano de clase media, que se siente oprimido por los convencionalismos sociales -el 'patriarcado'- a pesar de no haber tenido que luchar en su vida por nada, al que le gusta sentirse ofendido por absolutamente todo, especialmente en nombre de otras personas. Forma parte «de una nueva ideología de justicia social que exacerba (los) problemas en el acto mismo de tratar de oponerse a ellos… Piensan que están siendo progresistas, pero su hostilidad hacia la libertad de expresión hace que acaben encontrándose entre las personas menos libres y más intolerantes que existen No toleran la disidencia a sus principios, así se justifica «El acoso y derribo a los demás… La idea de que, si no estás de acuerdo con alguien, puedas hostigarlo en la red para tratar de destruir su reputación y forma de ganarse la vida» (4).

Por si fuera poco, también la realidad y la ciencia se convierten en enemigas: «La ideología de la justicia social no tiene interés en contemplar la realidad desde un punto de vista objetivo. Es más, sus seguidores y discípulos no creen que esta exista. Es por eso que siempre se centran en lo que ellos llaman “la experiencia vivida y adquirida”. Por eso también ven la biología y la medicina como construcciones occidentales de opresión» (4).

Actitudes que enturbian la mirada franca a la realidad y, como han puesto de manifiesto episodios recientes, hace de los adeptos a la irritación compulsiva seres humanos fácilmente manipulables, con una vulnerabilidad proviene de transitar por los espejismos que le presenta la burbuja ideológica en que están inmersos. Carne de cañón para desestabilizadores sociales y serios candidatos a que les afecte, tarde o temprano, un trastorno mental.

(1) David D. Burns: Sentirse bien. Título original: Feeling Good. The New Mood Therapy (1980). Editorial Paidós – Colección: Paidós Autoayuda – 1ª edición (1990). Traductoras: Beatriz López y Graciela Jáuregui Lorda de Castro. 424 páginas. Capítulo 15: La victoria final: elegir la vida, página 365

(2) Entrevista de Jorge Raya Pons a Abigail Shrier para El Español, publicada el 14 de septiembre de 2021. Extraída de https://www.elespanol.com/espana/politica/20210914/abigail-shrier-padres-espana-alejad-no-usa/611689939_0.html

(3) Entrevista de Gonzalo Suarez a Jonathan Haidt para El Mundo, publicada el 1 de octubre de 2019. Extraída de https://www.elmundo.es/papel/lideres/2019/10/01/5d92416121efa0f0458b458e.html

(4) Entrevista de Enrique Zamorano a Andrew Doyle para El Confidencial, publicada el 20 de julio de 2020. Extraída de https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2020-07-21/andrew-doyle-titania-mcgrath-entrevista-woke_2686567/

No hay comentarios:

Publicar un comentario