miércoles, 23 de marzo de 2022

Auparse sembrando dudas

Estrategia contradictoria y desmesurada

‘Una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido’ señala el  principio lógico de no contradicción (1). Sin embargo, no es extraño encontrar a algunos personajes públicos que ponen un gran empeño en desmentirlo en su discurso.

En La masa enfurecida, Douglas Murray (2) aborda un fenómeno que se extiende en las sociedades occidentales y que tiende a propagarse por otras latitudes. Se ampara en una pretendida justicia social y se manifiesta en el identitarismo de algunos colectivos que reclaman una reparación por el maltrato real o supuesto con que la sociedad les ha tratado. Murray que se declara gay, ateo y culturalmente cristiano (3), advierte que entre los grupos que se pronuncian con más agresividad subyace un substrato marxista insensible a las contradicciones: «Una de las señas de identidad de los pensadores marxistas siempre ha sido que, cuando tropiezan con una contradicción, nunca vacilan ni se cuestionan nada, que es lo que haría alguien cuyo fin es encontrar la verdad. Los marxistas, en cambio, se precipitan hacia las contradicciones. La dialéctica hegeliana solo avanza por medio de contradicciones, y por tanto cualquier complejidad –casi apetece decir ‘absurdidad’- que salga al paso es bienvenida y poco menos que aplaudida, como si lejos de suponer un problema, fuera un beneficio para la causa.»

Hegel
En estas condiciones prima la imposición sobre el diálogo, el eslogan sobre el razonamiento; inoculan una cerrazón que impide prestar atención a cualquier planteamiento que no apoye sus postulados. Esa incapacidad receptiva se traduce en actitudes arrogantes, cínicas y fanáticas que vemos reflejadas en la defensa de algunas causas: «El marxismo encontró en la política identitaria y la interseccionalidad una prole ideológica que parecía satisfecha de habitar un espacio trufado de contradicciones, absurdos e hipocresías.» Una altiva rigidez ideológica que lleva a sus miembros a una «inherente voluntad de arrojarse en brazos de la contradicción antes que reconocer sus monstruosas incongruencias o preguntarse cuál es en realidad el objetivo último de todo esto.»

Murray duda de que el objetivo último de los promotores de las movilizaciones identitarias sea arreglar o aliviar los problemas que afectan a estos colectivos: «El objetivo constante de los activistas de la justicia social en relación con cada uno de los asuntos que hemos tratado en este libro –la homosexualidad, las mujeres, la raza, lo trans- ha sido presentarlos como una fuente de agravios y defenderlos de la manera más incendiaria posible. Su deseo no es remediar, sino dividir; no aplacar, sino inflamar; no mitigar, sino incendiar. Una vez más, atisbamos aquí los restos de una subestructura marxista. Si no puedes gobernar una sociedad –o fingir gobernarla, o derribarla en el intento de gobernarla-, puedes hacer otras cosas.»

Douglas Murray
¿Qué cosas? Por ejemplo, minar el substrato por el que se rige la convivencia de una sociedad -deconstruir-: «La primera pista… la encontramos en su descripción parcial, sesgada, injusta y poco representativa de nuestras sociedades. Pocas personas creen que nuestra sociedad no tenga margen de mejora, pero presentarla como un sistema en el que la intolerancia, el odio y la opresión campan por sus respetos denota la aplicación de un prisma que, en el mejor de los casos, resulta parcial y, en el peor, directamente hostil. Su perspectiva no es la del crítico que busca el perfeccionamiento, sino la del enemigo que aspira a la destrucción.»

José María García
El tremendismo altera la tranquilidad de una sociedad preocupada casi exclusivamente en el bienestar material: «Puedes elegir una sociedad sensible a sus propios defectos –y, aunque imperfecta, mejor que el resto de las opciones- y sembrar en ella la duda, la división, la discordia y el miedo. Lo principal es hacer que la gente dude de absolutamente todo: que dude de las bondades de su sociedad en general; que dude de si se la trata con justicia; que dude de si existen entidades tales como los hombres y las mujeres; que dude de casi todo.» Entonces, como decía el periodista José María García: ‘a río revuelto ganancia de vividores’: «Hecho esto, puedes presentarte como si tuvieras todas las respuestas: un conjunto imbricado, grandilocuente y omniabarcador de respuestas que restituirán el orden perfecto y cuya aplicación irás explicando por medio de las redes.»

Los activistas profesionales que viven de ello nunca se darán por satisfechos, siempre encontrarán algo de lo que quejarse y lo magnificarán hasta el extremo para llamar la atención, aun a costa de ir sembrando un malestar social del cual procurarán sacar provecho. Si gran parte de la sociedad, por acción u omisión, les concede un protagonismo desmesurado, se muestra acomplejada ante sus injustos ataques, permite que bloqueen a quien pueda decir o hacer algo que les moleste, asiste impávida a sus amenazas o agresiones a personas o grupos…, acabará siendo rehén de sus caprichos. La paz social y la sana convivencia se construyen con respeto mutuo y ánimo colaborativo; y no contentando a los que solo saben expresarse con pataletas y rabietas.

(1)El principio de no contradicción es un principio clásico de la lógica y la filosofía, según el cual una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido. El principio también tiene una versión ontológica: nada puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido; y una versión doxástica: nadie puede creer al mismo tiempo y en el mismo sentido una proposición y su negación. Extraído de https://es.wikipedia.org/wiki/Principio_de_no_contradicción

(2) Douglas Murray: La masa enfurecida. Cómo las políticas de identidad llevaron al mundo a la locura. Título original: The Madness of Crowds (2019). Editorial: Península – Colección: Atalaya – 2ª edición (2020). Traductor: David Paradela López. 366 páginas

Los fragmentos reproducidos se encuentran en:

Capítulo: Interludio. Los fundamentos marxistas. Página 84

Capítulo: Conclusión. Epígrafe: Lo que de verdad ocurre. Páginas 329 y 332

(3) Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Douglas_Murray

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