¿Compromiso, autoprotección o fuegos de artificio?
De vez en cuando los medios de comunicación publican algún manifiesto de carácter político, cultural o social firmado por ‘intelectuales’, cuyo propósito, estimo, es influir en la opinión pública. Se les presenta como voces autorizadas con un rango que supera al del común de los ciudadanos: se supone que su opinión tiene un mayor peso específico. ¿Qué valor hay que dar a estos manifiestos? ¿Qué repercusión tienen sobre aquellos a los que se dirigen?
El escritor se pregunta: «¿por qué un grupo de intelectuales y artistas, sin que nadie nos pagara nada, firmamos un alborozado manifiesto de adhesión pública a un impresentable tirano caribeño?». Cuestiones que dan paso a unas reflexiones:
«Creo que,
de entrada, es imprescindible cambiar la noción que tenemos de los
intelectuales. Hay que dejar de pensar
en esa antigua figura del intelectual que podía o pretendía ser –como diría
Foucault- la “conciencia y elocuencia”
de la tribu (2). Los intelectuales solo pueden ser percibidos así en
sociedades donde nadie lee y donde no existe el debate ciudadano. Es más
saludable pensar que los intelectuales son tan irracionales como todos los
demás, que no siempre saben mirar y entender la realidad, que en política se
equivocan con la misma frecuencia que cualquier otra persona…
Obviamente, las experiencias son distintas cuando se piensa y se actúa desde adentro, bajo la amenaza, el control y la violencia institucional, que cuando se hace desde afuera de un sistema totalitario. Si se está adentro, el tránsito entre la irremediable necesidad de sobrevivir y el disimulo oportunista que termina convertido en devoción puede ser sutil, ligero, muy eficaz. Serguéi Dovlátov, un extraordinario escritor que logró salir de la Unión Soviética gracias a Joseph Brodsky, resume este trayecto de la siguiente manera: “Había decidido vender mi alma a Satanás y acabé regalándosela” (3).
El caso de los intelectuales que desde afuera genuinamente establecen una relación de fervor con este tipo de antiguas o modernas tiranías es más complejo. Este sometimiento voluntario suele justificarse por la existencia de una utopía o por el deslumbramiento ante el poder y el magnetismo de un líder…
Leszek
Kolakowski propone una característica distinta para analizar el problema: la dualidad del intelectual entre su sentido
de superioridad e independencia de pensamiento y su aislamiento y su necesidad
de ser parte de una colectividad. El
intelectual requiere constantemente ser reconocido, necesita demostrar que
es un intelectual, legitimarse con la validación pública» (4).
Sea como fuere, el intelectual puede dejar de lado su supuesta ‘independencia de pensamiento’ para dejarse arrastrar por una ola corporativa que le evite quedarse al margen, perder relevancia social, con todo lo que ello conlleva para mantener un privilegiado estatus. Conviene darse cuenta de ello antes de dejarse deslumbrar por los nombres que aparecen en un manifiesto como si eso bastara para suscribir lo que allí está escrito.
(1) Alberto
Barrera Tyszka: Por qué los intelectuales
apoyan regímenes autoritarios, publicado en The Objective el 26 agosto 2023.
El texto completo se puede leer en https://theobjective.com/cultura/2023-08-26/intelectuales-regimenes-autoritarios/
Manifiesto
al que se refiere el autor:
«Nosotros,
intelectuales y artistas venezolanos al saludar su visita a nuestro país,
queremos expresarle públicamente nuestro respeto hacia lo que usted, como
conductor fundamental de la Revolución Cubana, ha logrado en favor de la
dignidad de su pueblo y, en consecuencia, de toda América Latina. En esta hora
dramática del Continente, sólo la ceguera ideológica puede negar el lugar que
ocupa el proceso que usted representa en la historia de la liberación de
nuestros pueblos. Hace treinta años vino usted a Venezuela, inmediatamente
después de una victoria ejemplar sobre la tiranía, la corrupción y el
vasallaje. Entonces fue recibido por nuestro pueblo como solo se agasaja a un
héroe que encarna y simboliza el ideal colectivo. Hoy, desde el seno de ese
mismo pueblo, afirmamos que Fidel Castro, en medio de los terribles avatares
que ha enfrentado la transformación social por él liderizada y de los nuevos
desafíos que implica su propio avance colectivo, continúa siendo una entrañable
referencia en lo hondo de nuestra esperanza, la de construir una América Latina
justa, independiente y solidaria».
(3) Serguéi
Dovlátov, Oficio: «Estaba desconcertado. Había decidido
vender mi alma a Satanás, ¿y a qué condujo todo aquello? A que acabé
regalándosela. ¿Puede haber algo más patético?». Extraído de http://cuentospendientessre.blogspot.com/2019/02/oficio-de-sergue-dovlatov.html
Otra característica común de los intelectuales es su constante y desesperado deseo de probar su legitimidad. Después de todo… preguntarse para qué sirven los intelectuales es en cambio natural y comprensible… Otro problema radica en que quieren ser oídos, y en que la única garantía constitucional de que un intelectual pueda ser oído es que se vuelva parte del establishment totalitario. De allí que tantos intelectuales anhelen convertirse en pensadores o filósofos oficiales dentro de un sistema que puede proporcionarles ciertas comodidades y que garantiza al menos una audiencia a todo leal servidor intelectual, sea cual fuere el resultado final de esa aventura.» Extraído de https://ddooss.org/textos/entrevistas/el-destino-de-los-intelectuales-conversacion-entre-george-steiner-leszek-kolakowski-conor-cruise-obrien-robert-boyers





No hay comentarios:
Publicar un comentario