martes, 15 de agosto de 2023

Digerir un suceso extraordinario

Ana y Jimena

Ha sido uno de los hechos destacados de la Jornada Mundial de la Juventud: la curación milagrosa de la ceguera de una adolescente madrileña, Jimena. Había pedido a unas amigas que rezaran con ella una novena pidiendo a la Virgen de las Nieves la curación de su dolencia y el 5 de agosto, día en que se celebra esta advocación de la Virgen María y finalizaba la novena, volvió a recuperar la vista, que había perdido unos dos años antes, después de comulgar en la Misa en la que participaba. Un suceso extraordinario que ha tenido mucha resonancia por el marco en que se ha producido y las reacciones que ha suscitado.

A medida que oía y escuchaba comentarios refiriéndose a este suceso, pensé en lo que narra el evangelio de san Juan sobre la curación del ciego de nacimiento (1), un fragmento que vale la pena leer para observar las distintas reacciones que se producen: admiración, alegría, incredulidad, suspicacia, malestar, irritación … Jimena tiene que estar preparada para soportar un cierto acoso de admiradores, curiosos e intrigantes al reincorporarse a la vida cotidiana, que la pueden desconcertar, incluso desestabilizar, si no cuenta con un adecuado soporte emocional: el eco de lo sucedido atrae los cotilleos y el afán periodístico.

Un episodio de la sección Katakumba Exit del canal de Youtube Infinito más uno trata de un caso parecido en unas circunstancias bastante diferentes (2). La protagonista es Ana Hernández, doctora en Química orgánica e investigadora en un instituto oncológico. Con el aire desenfadado y, a la vez, profundo con el que Juan Manuel Cotelo conduce la entrevista, Ana cuenta su historia. Desde los catorce años tenía una dolencia visual –uveítis que le provocaba neuritis que dañan el nervio óptico-; además de producirle fuertes dolores de cabeza, aceleraba la pérdida visual y la conducía hacia la ceguera sin remedio posible. En el transcurso de una Misa a la que acudió atraída por el modo un tanto folclórico –mucha música y cantos- en que se desarrollaba la liturgia, notó que tras arrodillarse –por respeto- durante la consagración- veía con nitidez las letras de los cantos expuestos en una pantalla que unos segundos antes no veía. Ana quedó perpleja, desconcertada y dudaba de lo que le había pasado, era para ella como un espejismo y se resistió a aceptarlo buscando una explicación científica y esperando que volvieran a repetirse los síntomas que tanto le atormentaban. No entendía por qué le había pasado esto a ella si no había hecho ninguna petición. Se lo comentó a su madre, que le dijo que ella sí que lo había pedido desde hacía muchos años. A Ana no sólo le cambio la vida físicamente, sino sobre todo interiormente y, en un ambiente profesional que suele ser reacio, incluso hostil, a todo lo relacionado con Dios, da testimonio de lo que le ha ocurrido y de su fe, que se ha ido acrecentando desde aquel momento.

Ana y Jimena han recuperado la vista durante una Misa, pero ambos casos difieren en cuanto a la disposición de ambas. Dios actúa a través de los milagros, pero no sigue una lógica humana que nos permita deducir que si hago esto ocurrirá esto otro. La fe nos estimula a acudir a Dios por múltiples motivos, especialmente ante situaciones que nos superan. Confiamos en que Él las atenderá, aunque eso no supone que se resolverán de acuerdo con nuestros deseos. La fe en Dios supone estar dispuesto a arriesgar, Él sabe lo que nos conviene en cada momento, pero hay que estar preparados; no es cuestión de negociar, ni de especular sino de abandonarse a Su voluntad. Dice J. H. Newman que “nuestro deber como cristianos reside en correr riesgos por la vida eterna sin la certeza absoluta de tener éxito” (3).

(1) Evangelio según san Juan, capítulo 9, versículos 1-41: “Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él». Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.” Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/

(2) Youtube: Canal Infinito más uno, sección: Katakumba Exit, episodio 6: Ana Hernández. Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=_wX13PCRWzE

(3) John Henry Newman: Los riesgos de la fe. Enlace: https://www.amigosdenewman.com.ar/wp-content/uploads/2020/07/LOS-RIESGOS-DE-LA-FE-PPS-IV-20.pdf

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