El accidente de Natálie
Tras aterrizar el vuelo en Memingen nos dirigimos a nuestro destino vacacional en Austria con un coche alquilado realizando dos paradas en Alemania. Primero en Schwangau para comer y contemplar desde fuera el Castillo de Neuschwanstein subiendo a pie por una carretera de unos dos quilómetros, a pesar de la lluvia y la posibilidad de subir en unos carruajes tirados por caballos. Es un edificio tan inmenso que sólo lo pudimos observar parcialmente. Proseguimos la ruta hasta Ehrenberg, donde hay un castillo que está en ruinas y un puente colgante a 179 metros de altura, Highline 179. Mientras mi mujer desistía de pasarlo por el vértigo que le producía, yo lo cruzaba como un autómata sin apenas levantar los pies del suelo; sin embargo, nuestras dos hijas hacían ejercicios gimnásticos en un tramo del puente. Era el pasado 10 de julio.
El día 11 fuimos al denominado Top of Salzburg, que alberga una estación de esquí y varios atractivos turísticos. Dispone de un balcón panorámico de forma irregular, situado a 3029 metros de altitud, suspendido y con suelo enrejado en algunas de sus partes. Mientras estábamos allí contemplando el paisaje alpino, nos llamó la atención que en el límite de uno de los extremos, el más estrecho, una joven mujer estuviera haciendo un ejercicio gimnástico acrobático con las manos apoyadas en el suelo y las piernas alzadas, abiertas y flexionadas con un pie mirando hacia arriba y el otro hacia abajo. A pesar de la barandilla, estimamos que un desequilibrio en esa posición y ese lugar podía precipitarla al vacío. La acompañaba un joven.
Mediada la segunda quincena
de agosto leo una luctuosa noticia que me llama especialmente la atención por
sus circunstancias. Se refería al fallecimiento el 21 de agosto de la gimnasta
checa de 23 años Natálie Štíchová, a causa de las heridas sufridas el 15 de
agosto al precipitarse por la ladera del monte Tegelberg ‘mientras se hacía un selfie
con el castillo de Neuschwanstein como fondo’, informaba The Epoch Times.
«El accidente tuvo lugar en una ruta de montaña descrita como “desafiante” por
la policía local… Según afirmó el medio local Blesk, la gimnasta estaba
realizando una pose acrobática en la que levantaba una pierna en el borde del
acantilado cuando perdió el equilibrio» (2), el periódico argentino La
Nación. «Según el sitio web alemán merkur.de, la joven atleta cayó
desde una altura de setenta metros el 15 de agosto mientras escalaba una vía
ferrata cerca del castillo de Neuschwanstein», el rotativo checo Blesk
(3).
Natálie iba acompañada de su novio y dos amigos. No parece tener mucho sentido hacerse un selfie en una postura acrobática cuando la foto te la puede hacer alguno de tus acompañantes, a no ser que la contemplación majestuosa del castillo de Neuschwanstein ejerciera una fatal atracción para realizarlo. Si algo me llamó especialmente la atención de esta noticia, además de producirse en los aledaños de un lugar que había visitado un mes antes, fue una foto de la gimnasta haciendo la misma postura acrobática que vi realizar a aquella joven mujer en Top of Salzburg. Un hecho que me animó a indagar más.
En esa indagación la figura de Natálie se me hacía más cercana. Mis dos hijas practican también la gimnasia artística, pero sobre todo la mayor lo vive de tal manera que aprovecha cualquier ocasión que se le preste -en un polideportivo, en la calle, en el monte, en la playa…- para hacer algún ejercicio gimnástico. Pienso que en esa vivencia coincide con Natálie, además también es entrenadora como ella y le gustan los deportes de aventura, como las vías ferratas y la escalada. Pienso que para ellas es/era una especie de espíritu indómito, un impulso irrefrenable, que las empuja a probarlo incluso en entornos especialmente arriesgados. Buceando en nuestro interior quizá descubramos alguno de estos espíritus indómitos que nos arrastran a realizar acciones en un momento y lugar que aplicando el sentido común parecen inadecuados. Es un estímulo que conviene domar para que no nos haga perder la cabeza. En Sick Heart River, la postrera novela de John Buchan, encontramos varias manifestaciones de espíritu indómito. En uno de sus pasajes Edward Leithen, el protagonista, recuerda una frase: «El coste de una cosa es la cantidad de lo que llamaré vida que se requiere intercambiar por ella». En el caso de Natálie el coste de esa foto ha sido demasiado elevado.
No todo acaba aquí. El contexto en el que Natálie sufrió el accidente me ha hecho aproximarme a alguien a quien no conocí personalmente, aunque coincidiera con la joven de Top of Salzburg. Así que, en consecuencia, rezo por ella para que su alma se dirija a la bienaventuranza eterna, pensando a la vez que los días que transcurrieron desde el accidente hasta el fallecimiento, cualquiera que fuera su nivel de consciencia, sirvieran como spatium verae penitentiae, espacio para el verdadero arrepentimiento que limpia el polvo acumulado en el camino.
(1) es.theepochtimes.com/news/gimnasta-profesional-fallece-en-tragico-accidente-alemania-1305423.html
(4) John Buchan: Sick Heart River. Primera parte, capítulo X




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