sábado, 18 de enero de 2025

Donde menos se espera

 Querer lo que uno hace

‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?’ (1) Algo parecido piensa Muriel cuando llega a un pequeño pueblo, donde ocupará la plaza vacante de maestra. Durante el viaje desde la capital de provincia en la que reside ha comprobado que las maneras de los lugareños son bastante diferentes de las que está habituada. Y al llegar al pueblo, a pesar de las atenciones iniciales para acompañarla a la casa en la que tiene reservada una habitación, ha comprobado el deficiente estado del aula por falta de mantenimiento y el poco interés que tienen, en general, las familias por los estudios de sus hijos. Si ya viene contrariada porque piensa que su brillante expediente académico en Magisterio es merecedor de un destino más atractivo, más acorde con su mérito, los primeros contactos con la realidad a la que se ha de enfrentar refuerzan la idea de estar allí el menor tiempo posible, siguiendo la estela de las maestras que la han precedido.

En este escenario nos sitúa Cinco panes de cebada, la novela de Lucía Baquedano (1). En medio del desconcierto en que está sumida Muriel por el ambiente en el que se encuentra, el sacerdote del pueblo le dice: «Es cierto que has venido a parar a un lugar de gente cerrada, tímida, como tú me dices. Ya sé que para ti, una chica joven, poco acostumbrada a los pueblos, sería mucho más sencillo que todos fuéramos abiertos, comunicativos, animadores, ¿verdad? Pero no trates nunca de comprender a los hombres, Muriel. Ámalos. Y cuando hayas he aprendido a quererlos, verás como nada te importa no comprenderlos.» Puede parecer un comentario propio de un pensamiento naíf, crédulo o buenista, pero es muy profundo. En otro registro Jean-Paul Sartre dice: «Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace». Ese ‘ámalos’ no tiene nada de sentimental, es un esfuerzo de la voluntad por querer el bien del otro, y eso influye positivamente en la relación que se mantiene con él, aunque falte correspondencia o tarde en llegar.

La canción de los Burning, que hizo fama a finales de los años setenta del siglo pasado, empieza con una pregunta y continúa con otra: '¿Qué clase de aventura has venido a buscar?' Muriel sólo quiere ejercer de maestra, pero espera un ambiente más propicio a lo que imaginaba. Sin embargo, llega un momento en el que se pregunta para qué está ahí; y con un aire trascendente se responde: «Tal vez en Beirechea había un niño que me necesitaba. Precisamente a mí, no a otra maestra. No sé cómo ni para qué, pero sería un niño a quien yo podía servir.» Detecta que tiene una misión que cumplir, aunque no sepa muy bien cuál es, quizá la descubra más adelante, pero de momento le sirve para poner empeño en su tarea.

Cuando empieza a observar frutos en su trabajo, le toca luchar contra las incomprensiones de sus mejores amigos. Aquel con quien más sintoniza le dice: «¿Por qué no dejas esto? Perderás aquí lo mejor de tu vida y todo seguirá igual…» y le expone una serie de razones. Dicho comentario molesta a Muriel: «Te lo dije ya una vez. Yo desde mi escuela voy a intentarlo, y no lo haré pensando en alejarlos de aquí, sino con la esperanza de que, hagan lo que hagan, en el pueblo o en la ciudad, sea con verdadera vocación. Que su camino lo elijan ellos mismos, pero que marchen por él preparados. No seas demoledor conmigo, te lo ruego… Conozco muy bien mis limitaciones y sé que mi influencia es más bien escasa, pero si aquel chico del evangelio que entregó los panes y los peces hubiera pensado que con tan poca cosa no se podía solucionar la comida de cinco mil personas, y que encima él se quedaría con hambre, hubiera comido opíparamente, tras escuchar el sermón de la montaña, pero nos hubiera privado de uno de los mayores milagros de la historia.»

Los frutos de la generosidad son incalculables, aunque muchas veces se contemplen con escepticismo, no nos lo acabamos de creer. Optamos habitualmente por buscar seguridades o por el ‘doy para que me des’. De esta manera se ponen en stand by muchos proyectos personales y colectivos, porque se quieren resultados ciertos antes de emprender cualquier iniciativa. Buscando seguridades de manera enfermiza nuestras cualidades se agarrotan o se vuelven estériles, porque hay momentos en que conviene arriesgar, salir de la zona de confort, para dar lo mejor de uno mismo y afrontar los retos que la vida nos plantea. Muriel lo descubrirá.

(1) De la canción de los Burning: ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?’ Se puede escuchar en https://www.youtube.com/watch?v=6ssGfaPrORE

(2) Lucía Baquedano: Cinco panes de cebada (1981). Editorial: SM – Colección: Gran Angular, número 17 – 49ª edición (2016). 173 páginas

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