lunes, 25 de agosto de 2025

En torno al Sínodo (17)

Ordenados para servir

Escribe Leszek Kolakowski: «Al preguntársele a un ex ministro de Finanzas británico, durante una entrevista en televisión, si le gustaría ser Primer ministro, contestó, un tanto sorprendentemente, que, por supuesto, a todo el mundo le gustaría ser Primer ministro. Esto, a su vez, me produjo cierto asombro, porque no estoy en absoluto convencido de que a todo el mundo le gustase ser Primer ministro. Por el contrario, estoy seguro de que muchísimas personas jamás han albergado tal sueño, no porque crean que sus probabilidades de alcanzar la meta son muy escasas sino, simplemente, porque creen que debe de ser un trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza, enormes responsabilidades y el convencimiento de que, haga uno lo que haga, será blanco permanente de ataques y ridiculización y de que se le atribuirán siempre las peores intenciones» (1).

Estando próximo a celebrarse el cónclave que eligió como papa a León XIV, el rector de la parroquia que frecuento comentó que esperaba que no saliera elegido un primo suyo que es cardenal elector, no tanto por sus cualidades personales como por el duro camino que ha de recorrer el sucesor de Pedro. Para él, que conoce lo que supone ejercer bien las responsabilidades que encomienda la Iglesia, por su larga trayectoria sacerdotal y los encargos que ha recibido, supuso un alivio saber que su primo no era el elegido, en contraste con la decepción del resto de la familia, comparable con perder la final de la Champions.

Jesús comunicó a los apóstoles cuál debería ser su estilo de gobierno: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (2). Ser papa, ser obispo, ser párroco… o ejercer cualquier cargo de responsabilidad o de gobierno en la Iglesia no es ningún chollo, sino una tarea ingente que remite a estar muy unidos al Señor para sacarla delante de la mejor manera posible; así como contar con colaboradores leales y competentes, y el soporte de la oración y el espíritu de servicio de los fieles que tiene encomendados.

Los siguientes puntos del Documento final del Sínodo se centran en los ministerios ordenados (3), indicando que «el episcopado, el presbiterado y el diaconado están al servicio del anuncio del Evangelio y de la edificación de la comunidad eclesial». Respecto al episcopado dice: «La tarea del obispo es presidir una Iglesia local, como principio visible de unidad en su interior y vínculo de comunión con todas las Iglesias. La afirmación del Concilio según la cual “por la consagración episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden” (4) permite comprender la identidad del obispo en el entramado de las relaciones sacramentales con Cristo y con la ''porción del Pueblo de Dios'' (5) que le ha sido confiada y a la que está llamado a servir en nombre de Cristo Buen Pastor. Al que es ordenado obispo no se le confían prerrogativas y tareas que deba realizar solo. Al contrario, recibe la gracia y la tarea de reconocer, discernir y componer en la unidad los dones que el Espíritu derrama sobre las personas y las comunidades, actuando al interior del vínculo sacramental con los presbíteros y los diáconos, corresponsables con él del servicio ministerial en la Iglesia local. De este modo, realiza lo que es más propio y específico de su misión en el contexto de la preocupación por la comunión de las Iglesias.

El del obispo es un servicio en, con y para la comunidad (6), realizado a través de la proclamación de la Palabra, la presidencia de la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos.» El Documento final hace mención a continuación a cuestiones electivas y organizativas de las diócesis sobre las que conviene reflexionar y clarificar algunos aspectos.

De los sacerdotes el Documento hace referencia a su misión y también a la necesidad de acompañamiento pastoral y personal: «En una Iglesia sinodal, los presbíteros están llamados a vivir su servicio en una actitud de cercanía a las personas, de acogida y escucha de todos, abriéndose a un estilo auténticamente sinodal. Los presbíteros “forman con su obispo un único presbiterio” (7) y colaboran con él en el discernimiento de los carismas y en el acompañamiento y guía de la Iglesia local, con particular atención al servicio de la unidad. Están llamados a vivir la fraternidad presbiteral y a caminar juntos en el servicio pastoral…  Los presbíteros también tienen necesidad ser acompañados y apoyados, especialmente en las primeras etapas de su ministerio y en los momentos de debilidad y fragilidad.»

Respecto al diaconado, el Documento expone su cometido y el gran desconocimiento que hay entre los cristianos sobre su misión, especialmente en lo que hace referencia a los diáconos permanentes: «Servidores de los misterios de Dios y de la Iglesia (8), los diáconos son ordenados “no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio” (9). Lo ejercen en el servicio de la caridad, en el anuncio y en la liturgia, mostrando en cada contexto social y eclesial en el que están presentes la relación entre el Evangelio anunciado y la vida vivida en el amor, y promoviendo en toda la Iglesia una conciencia y un estilo de servicio hacia todos, especialmente hacia los más pobres».

Concluye este apartado del Documento con un llamamiento a fomentar la corresponsabilidad de todos los fieles en las tareas de gobierno de la Iglesia: «La experiencia del Sínodo puede ayudar a obispos, presbíteros y diáconos a redescubrir la corresponsabilidad en el ejercicio de su ministerio, que requiere también la colaboración con otros miembros del Pueblo de Dios»; así como a superar cualquier atisbo de clericalismo: «entendido como el uso del poder en beneficio propio y la distorsión de la autoridad de la Iglesia que está al servicio del Pueblo de Dios».

(1) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición. Ensayos sobre la vida cotidiana. Título original: Freedom, Fame, Lying and Bretrayal (1997). Ediciones Paidós. Colección: Biblioteca del presente, número 15. 1ª edición (2001). Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108 páginas. Capítulo 1: Del poder. Página 9

(2) Evangelio según san Mateo, capítulo 20, versículos 26-28. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/.

(3) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Epígrafe: El ministerio ordenado al servicio de la armonía. Puntos tratados 68 a 74. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(4) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 21: «Enseña, pues, este santo Sínodo que en la consagración episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden, llamada, en la práctica litúrgica de la Iglesia y en la enseñanza de los Santos Padres, sumo sacerdocio, cumbre del ministerio sagrado. La consagración episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere también los oficios de enseñar y de regir, los cuales, sin embargo, por su misma naturaleza, no pueden ejercerse sino en comunión jerárquica con la Cabeza y los miembros del Colegio.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(5) Concilio Vaticano II: Decreto Christus Dominus, número 11: «La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que la apaciente con la cooperación del presbiterio, de forma que unida a su pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular, en la que verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html

(6) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 20: «Los Obispos, pues, recibieron el ministerio de la comunidad con sus colaboradores, los presbíteros y diáconos, presidiendo en nombre de Dios la grey, de la que son pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno.» Extraído de  https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(7) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 28: «Los presbíteros, próvidos cooperadores del Orden episcopal y ayuda e instrumento suyo, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman, junto con su Obispo, un solo presbiterio, dedicado a diversas ocupaciones.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(8) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 41: «También son partícipes de la misión y gracia del supremo Sacerdote, de un modo particular, los ministros de orden inferior. Ante todo, los diáconos, quienes, sirviendo a los misterios de Cristo y de la Iglesia deben conservarse inmunes de todo vicio, agradar a Dios y hacer acopio de todo bien ante los hombres.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(9) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 29: «En el grado inferior de la Jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio». Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura…

Ahora bien, como estos oficios, necesarios en gran manera a la vida de la Iglesia, según la disciplina actualmente vigente de la Iglesia latina, difícilmente pueden ser desempeñados en muchas regiones, se podrá restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente de la Jerarquía. Corresponde a las distintas Conferencias territoriales de Obispos, de acuerdo con el mismo Sumo Pontífice, decidir si se cree oportuno y en dónde el establecer estos diáconos para la atención de los fieles. Con el consentimiento del Romano Pontífice, este diaconado podrá ser conferido a varones de edad madura, aunque estén casados, y también a jóvenes idóneos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

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