Una tarea común
En la década de los setenta se acuñó el concepto “futbol total” para denominar el juego desplegado por el Ajax de Ámsterdam y la selección de los Países Bajos, que se caracterizaba por la versatilidad de unos jugadores que debían realizar diversas funciones durante el desarrollo del encuentro, tal como lo define la Wikipedia: «El fútbol total es un sistema de juego usado en el fútbol, en el que un jugador que se mueve fuera de su posición es sustituido por un compañero de equipo, lo que permite que el conjunto conserve su estructura táctica» (1). Llevarlo a cabo satisfactoriamente dependía de la preparación de los jugadores -física, técnica, táctica y estratégica-, así como que estos estuvieran ‘metidos en el partido’ -concentrados-.
«A estos los acompañan ministerios no instituidos ritualmente, pero ejercidos con estabilidad por mandato de la autoridad competente: coordinar una pequeña comunidad eclesial, dirigir la oración comunitaria, organizar acciones caritativas…» Destaca en este punto de manera especial la labor de los catequistas indicando: «Aunque no exista un rito prescrito, es aconsejable hacer pública la encomienda mediante un mandato ante la comunidad para favorecer su reconocimiento efectivo.» Los últimos ministerios que menciona son los extraordinarios: «de la comunión, de la presidencia de las celebraciones dominicales en espera de presbítero, de la administración de ciertos sacramentales…», antes de referirse a «los servicios espontáneos, que no necesitan más condiciones ni reconocimiento explícito. Muestran que todos los fieles, de diversas maneras, participan en la misión a través de sus dones y carismas.»
Seguro que nos suena este pasaje evangélico: «Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (3). A este fragmento se le podría añadir un conocido refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando” (4). Aun sabiendo que la eficacia de la labor que desarrolla una parroquia u otra comunidad eclesial la aporta en último término del Señor, a todos nos toca arrimar el hombro de una manera u otra y hay que estar dispuestos a ello en la medida que nos sea posible.
En la homilía de la misa
de hoy el párroco hacía mención a los que ocupan habitualmente los últimos
lugares en el templo, no tanto por humildad, como nos propone el evangelio (5),
sino como actitud para pasar desapercibidos y evitar compromisos. Nos perdemos
mucho acudiendo a la misa como meros espectadores o viviendo nuestro
cristianismo aisladamente.
A veces el problema no radica en la falta de compromiso de los fieles, sino en que no saben cómo pueden colaborar. De ahí que el Documento indique: «A los fieles laicos, hombres y mujeres, se les deben ofrecer más oportunidades de participación, explorando también otras formas de servicio y ministerio en respuesta a las necesidades pastorales de nuestro tiempo, en un espíritu de colaboración y corresponsabilidad diferenciada.» Se trata que todos participemos de una ‘misión total’.
(1) Ver https://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%BAtbol_total
(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de
los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión.
Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione.
Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Puntos tratados 75 a 78.
Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(3) Evangelio según san Mateo, capítulo 9,
versículos 36-38. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/.
(4) Ver el significado en la web del Centro Virtual
Cervantes: https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58061&Lng=0
(5) Ver Evangelio según san Lucas, capítulo 14,
versículos 7-14: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/





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