viernes, 22 de abril de 2016

Cuatro enemigos de la felicidad

El equilibrio emocional en juego

Hace algo más de quince años leí Tus zonas erróneas, un libro de Wayne Dyer que se presenta como ‘guía para combatir las causas de la infelicidad’. El tono del texto es provocador y pretende estimularnos a modificar aquellos comportamientos que son fuentes de infelicidad, aunque advierte Dyer: “El mirarte a ti mismo en profundidad con intenciones de cambiar puede ser algo que dices que te interesa hacer, pero a menudo tu comportamiento demuestra lo contrario. Es difícil cambiar. Si eres como la mayoría de la gente, hasta las fibras más íntimas de tu ser se resistirán a emprender el duro trabajo que significa eliminar los pensamientos que sirven de apoyo a tus sentimientos y conducta autoalienatorios.” Muchos de los planteamientos me resultaron chocantes y la agresividad con que eran expuestos estimulaba un rechazo interior porque afectaban al propio sistema de valores. La idea que me quedó más clara tras su lectura fue la importancia de no perder el tiempo dándole vueltas a los pensamientos que tienen los demás sobre nosotros.

El libro de Rafael Santandreu que acabo de leer, L’art de no amargar-se la vida, persigue un objetivo parecido, pero el tono es mucho más amable a pesar de llamar la atención sobre maneras de enfocar la vida que obstaculizan el bienestar emocional. Se presenta como ‘las claves del cambio psicológico y la transformación personal’. Santandreu es psicólogo cognitivo y propone un método para ser personas más fuertes y felices con las herramientas que se utilizan en su especialidad. El relato se apoya en anécdotas de su experiencia clínica y ejemplos de vida que le han cautivado. De los obstáculos que cita el autor, se pueden destacar, desde mi punto de vista, cuatro que hay que procurar eliminar: terribilizar (hacer una montaña de cualquier problema que surja), necesititis (crearse necesidades que si se analizan bien no lo son), quejas y ojalás –término no utilizado en el texto- (deseos que se confunden con necesidades).


En estos momentos en que se hacen más visibles los profesionales de la queja, conviene no dejarse arrastrar por el regusto amargo que deja esta actitud y aprender a disfrutar de lo que tenemos. Dice Santandreu que uno de los requisitos para poder gozar de las cosas es no tener miedo a perderlas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario