Disidencia pacífica
En Cambrils, donde he pasado
una semana de vacaciones, leí la carta de una lectora de El Periódico vecina de
esta localidad. (1) Cristina González, su autora, iniciaba su escrito de la siguiente manera: “Hace
un tiempo perdí algo. Iba caminando tranquila y a buen ritmo dejándome llevar
por una marea de gente cuando, de repente, me detuve y la marea continuó
avanzando a su ritmo.
No quiero creer que la
lucha no tiene sentido, y llamo lucha al simple hecho de levantarme cada mañana
y que, por más que haga, nada cambia las cosas. Cuando veo a mi vecino actuar
me doy cuenta de que es casi imposible que esto vaya a mejorar. No hay fuerza
más grande y poderosa que la idea de ser mejor persona. Para sobre llevar esta
realidad me digo, ¿y qué es ser mejor persona? Ahí reside el problema: ¿cómo
actuar si ya no crees en nada?”
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| José Miguel Cejas |
Poco antes de leer esta
carta había finalizado la lectura de Cálido
viento del norte, un libro de José Miguel Cejas que se publicó recientemente,
pocos meses después del repentino fallecimiento del escritor. Se recogen en él
testimonios de disidentes, según la terminología empleada por el autor, de las
ideologías dominantes en sus respectivos países. Proceden de Finlandia, Suecia,
Noruega, Dinamarca, Groenlandia, Islas Feroe e Islandia. Salvo el caso de un
agnóstico, se trata de cristianos que viven en sociedades donde prevalece una
concepción materialista de la vida. Pertenecen a distintas confesiones -católica,
luterana, ortodoxa…- y coinciden en ser inconformistas, en no dejarse arrastrar
por el ambiente pese a las evidentes dificultades que ello conlleva. Los
caminos por los que han llegado a su situación actual son muy diversos, en
algunos casos sorprendentes, y suponen un estímulo para estar esperanzados y
confiar en que las cosas pueden cambiar positivamente si cada uno pone su
granito de arena en cualquier lugar en el que esté. Casi al final de su carta Cristina
decía: “Hace un tiempo que descubrí que, para mí, el futuro está en la gente,
en las personas auténticas…”. En el texto de Cejas se encuentran ejemplos vivos
y atractivos de este tipo de personas.
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