jueves, 21 de julio de 2016

Testimonios de esperanza

Disidencia pacífica

En Cambrils, donde he pasado una semana de vacaciones, leí la carta de una lectora de El Periódico vecina de esta localidad. (1) Cristina González, su autora,  iniciaba su escrito de la siguiente manera: “Hace un tiempo perdí algo. Iba caminando tranquila y a buen ritmo dejándome llevar por una marea de gente cuando, de repente, me detuve y la marea continuó avanzando a su ritmo.

Oleadas de personas intentándome arrastrar, pero me cansé y dejé de nadar para hundirme hacia un fondo cada vez más profundo y más oscuro. Ahora, miro a mi alrededor y solo veo resignación, miradas perdidas en un cuadro en dónde prevalece el gris. Me cuesta reconocer que formo parte de ese cuadro, de esa generación esclava de sus decisiones y víctima de los errores de otros.

No quiero creer que la lucha no tiene sentido, y llamo lucha al simple hecho de levantarme cada mañana y que, por más que haga, nada cambia las cosas. Cuando veo a mi vecino actuar me doy cuenta de que es casi imposible que esto vaya a mejorar. No hay fuerza más grande y poderosa que la idea de ser mejor persona. Para sobre llevar esta realidad me digo, ¿y qué es ser mejor persona? Ahí reside el problema: ¿cómo actuar si ya no crees en nada?

José Miguel Cejas
Poco antes de leer esta carta había finalizado la lectura de Cálido viento del norte, un libro de José Miguel Cejas que se publicó recientemente, pocos meses después del repentino fallecimiento del escritor. Se recogen en él testimonios de disidentes, según la terminología empleada por el autor, de las ideologías dominantes en sus respectivos países. Proceden de Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Groenlandia, Islas Feroe e Islandia. Salvo el caso de un agnóstico, se trata de cristianos que viven en sociedades donde prevalece una concepción materialista de la vida. Pertenecen a distintas confesiones -católica, luterana, ortodoxa…- y coinciden en ser inconformistas, en no dejarse arrastrar por el ambiente pese a las evidentes dificultades que ello conlleva. Los caminos por los que han llegado a su situación actual son muy diversos, en algunos casos sorprendentes, y suponen un estímulo para estar esperanzados y confiar en que las cosas pueden cambiar positivamente si cada uno pone su granito de arena en cualquier lugar en el que esté. Casi al final de su carta Cristina decía: “Hace un tiempo que descubrí que, para mí, el futuro está en la gente, en las personas auténticas…”. En el texto de Cejas se encuentran ejemplos vivos y atractivos de este tipo de personas.

(2) José Miguel Cejas: Cálido viento del norte (2015) – Ediciones Rialp (2016)

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