La verdad y sus circunstancias
Decía un conferenciante que había
residido en Japón que a los japoneses se les ponía en un apuro cuando se les
formulaba una pregunta cerrada, esas que sólo se pueden responder con un sí o
un no. El uso social les obliga a no defraudar a quien le hace un ofrecimiento,
aunque sepan que no lo pueden complacer. La cortesía precede a la sinceridad.
Te dirán que sí aunque de hecho sea que no.
No sé si este rasgo cultural persiste
y si es tan generalizado como daba a entender el conferenciante, pero sirve
para mostrar que hay circunstancias que impulsan a algunas personas a mentir a
pesar de no tener intención de engañar. En el caso que nos ocupa quien hace la propuesta debe aprender a preguntar teniendo en cuenta la costumbre local para no llevarse un
chasco.
En uno de los ensayos sobre la vida
cotidiana que conforman Libertad,
fortuna, mentira y traición, el filósofo polaco Leszek Kolakowski
reflexiona sobre la mentira. Disiente de quienes defienden posturas morales
radicales que prohíben mentir, porque considera que en determinadas
circunstancias este imperativo puede ser contrario a otros como la amabilidad
hacia nuestros semejantes o el interés público.
En el relato se pone de manifiesto una tensión
interior en el autor, que ha de congeniar el ideal de veracidad -soporte de la
confianza y condición necesaria para la buena convivencia-, con la experiencia
cotidiana -lo empírico-: “aunque se dan circunstancias en las que mentir es
permisible o incluso, por una buena causa, preferible, no hay que deducir de
ello que podemos limitamos a decir: «Mentir a veces está mal y a veces no»”;
porque no hay un principio general que diga cuando mentir sería permisible: “No
existe tal principio, ninguna regla general puede abarcar todas las
circunstancias morales imaginables, ni proporcionar una solución infalible”.
Pero situados en el caso en que se utiliza la mentira como herramienta recomienda
por cautela que se rija por cuatro reglas:
-La primera regla es que deberíamos
esforzarnos para no mentirnos a nosotros mismos… cuando mentimos, debemos ser
conscientes de que mentimos.
-La segunda regla es que el modo en
que nos justifiquemos nuestras mentiras y la idea que tengamos de la «buena
causa» en cuyo nombre mentimos son siempre sospechosos si la «buena causa»…coincide
con nuestros intereses.
-La tercera regla nos dice que debemos
tener en cuenta que, incluso cuando la mentira está justificada en nombre de un
bien moral mayor, sigue sin ser, en sí misma, moralmente buena.
-La cuarta regla nos señala que
debemos percatarnos de que, si bien la mentira es a menudo lesiva para los
demás, es más lesiva para nosotros mismos, porque tiene el efecto de corroer nuestro
espíritu.
Mentiras con condiciones porque hay
algo que tiene muy claro el filósofo: “Sería mejor enseñarles a los niños que
mentir siempre está mal, sean cuales sean las circunstancias. De este modo, por
lo menos, se sentirían mal cuando mintiesen. El resto pueden aprenderlo por sí
mismos con rapidez, facilidad y sin la ayuda de los adultos.”
El libro es ameno, con una temática
cercana y un lenguaje sencillo –no parece escrito por un filósofo-. 18 reflexiones
sobre distintos aspectos de la vida corriente expuestos en 100 páginas que se
leen con facilidad y dan mucho de sí.
Libro leído: Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición.
Ensayos sobre la vida cotidiana. Freedom, Fame, Lying and Bretrayal – 1997.
Ediciones Paidós. Colección Biblioteca del presente número 15. 1ª edición 2001.
Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108 páginas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario