miércoles, 8 de marzo de 2017

Desentrañar la verdad

Nesesidad de discernir

Antonio Machado
Un compañero de trabajo se había sacado de encima a un cliente diciéndole una trola (mentira). Cuando la oficina estaba cerrada al público le comenté distendidamente en voz alta que tenía un peculiar concepto de la verdad. De pronto otro compañero intervino para aseverar ‘no existe la verdad, existe mi verdad o tu verdad’. No conocía por entonces los versos de Antonio Machado… (1)

¿Tu verdad?  No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.


…pero de haberlo sabido no creo que hubiera respondido con ellos de tan pasmado que me quedé en aquel momento. Nuestra buena relación no se resintió y más adelante comprobé que la contundencia que empleó no era sinónimo de convencimiento.

En la biografía novelada de Tomás de Aquino que escribe Louis de Wohl en La luz apacible hay un fragmento que glosa sobre la verdad recogiendo las respuestas del filósofo y teólogo a sus alumnos:
-Maestro: ¿Cómo podemos saber qué es la verdad? Conozco a un hombre que duda de todo.
-Es imposible. No podéis conocer a un hombre así. Un hombre que dudase de todo tendría que dudar también de que duda de todo. Tendría que dudar hasta de su propia existencia, lo que no le permitiría dudar… Y tendría que admitir que su vida es una constante contradicción, porque dudando de que existan alimentos, comería; dudando de que exista el sueño, dormiría… La postura del escéptico total es completamente absurda. Por eso, tales escépticos no existen en realidad. Hay, desde luego, personas que pretenden que es imposible conocer la verdad, pero es porque reconocer que la verdad existe les llevaría a sentirse obligados moralmente.

La verdad es a veces incómoda, incluso puede resultar para alguien escandalosa en determinadas circunstancias: ‘quien dice las verdades pierde las amistades’, dice el refrán. Es útil entre otras cosas porque nos simplifica mentalmente, genera confianza y facilita la buena convivencia. Pero, como en tantos aspectos de nuestra vida se ha de manifestar cuando sea pertinente, no de manera frívola o con ánimo de herir; por eso es importante el cómo, el cuándo, el por qué y el para qué. Los niños suelen ser muy espontáneos y por eso tienen fama de ‘crueles’. La experiencia ha de servir también de aprendizaje para decir la verdad, no para enmascararla.

Louis de Wohl
En muchos casos no sabremos ‘toda la verdad’, pero sí la que es precisa para un momento determinado. No siempre es necesario conocer hasta el último detalle. Otro fragmento del libro de Wohl se refiere a ello:
-…¿podemos conocer la verdad total?
-No. Solo Dios -dijo Fray Tomás… -. Pero eso no quiere decir que nuestro conocimiento, aunque sea parcial, tenga que ser falso. Pensad, por ejemplo, que encontráis en la calle un trozo de estaño. Si pensáis que es de plata, os equivocáis. Pero si decís: «es un trozo de metal», acertáis y decís la verdad, aunque no sepáis que es un trozo de estaño perteneciente a una copa que ya no servía. Yo, por mi parte, puedo saber eso -porque vi quién la tiraba a la basura- y no saber, sin embargo, que vos lo ibais a recoger. Pero lo que yo sé también es verdad. El único que lo sabe todo -toda la verdad- es Dios. El sabe de dónde procedía ese trozo de estaño y cuál será su destino final. Conoce todas sus propiedades, muchas de las cuales nosotros ignoramos, y cuál ha sido, es y será su destino en el Universo. Lo cual no quiere decir que lo que vos y yo sabemos, por incompleto que sea, no sea verdad.

En otro poema Machado incide en que la verdad es nosotros mismos, no la crea el ser humano:

La verdad es lo que es, 
y sigue siendo verdad 
aunque se piense al revés.

Cuando nos encontramos con tanta información a nuestro alcance, nos podemos preguntar si seremos capaces de descubrir que hay de verdad en todo ello. Otro fragmento de La luz apacible ofrece la clave:
-Entonces, déjame que te haga una pregunta…: ¿Cuál es la facultad racional más importante del hombre?
-La de discernir la verdad -repuso Tomás…
-Hay quienes piensan que el hombre no es capaz de discernir la verdad.
-Se les puede refutar diciéndoles que tal postulado contradice su propia hipótesis. Si el hombre no es capaz de discernir la verdad, tampoco puede postular como verdad que es incapaz de discernir la verdad.

Formación, intuición y experiencia pueden ser de gran ayuda para aprender a discernir, una cualidad que cada vez se hace más necesaria si no queremos ser arrollados por la cantidad de opiniones sin fundamento que circulan.

(1)
Los Proverbios y Cantares son publicados en la segunda edición de Campos de Castilla (1917), aunque el profesor de francés  Antonio Machado, continuará su plegaria sumando Nuevas Canciones en una etapa posterior.

 LXXXV
 ¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

XXX 
El que espera desespera, 
dice la voz popular. 
¡Qué verdad tan verdadera! 
La verdad es lo que es, 
y sigue siendo verdad 
aunque se piense al revés.


(2) Libro leído: Louis de Wohl: La luz apacible (The quiet Light - 1949). Ediciones Palabra – 1984. Traductor: Joaquín Esteban Perruca. 397 páginas

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