jueves, 7 de septiembre de 2017

Estar a la altura

El muro de la interlocución

Se recomienda a los padres que cuando hablen directamente a sus hijos pequeños lo hagan poniéndose físicamente de frente y a su misma altura. Algo análogo debería tenerse en cuenta al dirigirse a nuestros semejantes cuando medie entre ambos un gran desnivel en el rango social, cultural o económico. El respeto y la delicadeza deberían prevalecer para facilitar una comunicación que permite el acercamiento y la confianza. Pero, la eficacia de la interlocución radica en atinar con la sintonía, algo que depende del modo de ser de cada persona. Mi padre me comentó que tenía a su cargo en la empresa donde trabajaba a un operario al que tenía que tratar con un tono brusco, porque de no ser así pensaba que te estabas mofando de él.

Hay ocasiones en que la falta de entendimiento lo provoca el muro de la altivez, que provoca un distanciamiento voluntario con los demás, a los que se considera inferiores, y su corolario en estos casos es la cerrazón interior, una coraza que impide que se aireen los pensamientos y convicciones –no tengo nada que aprender de…-.

En un fragmento de El nombre de Dios es misericordia el papa Francisco lo aplica a los miembros de la Iglesia (1): “Cuando uno se siente un poco más seguro, empieza a adueñarse de facultades que no son suyas, sino del Señor. El estupor empieza a degradarse, y esto está en la base del clericalismo o de la actitud de aquellos que se sienten puros. La adhesión formal a las reglas, a nuestros esquemas mentales, prevalece. El asombro degrada, creemos poder hacer las cosas solos, ser nosotros los protagonistas. Y, si uno es un ministro de Dios, acaba por creerse separado del pueblo, dueño de la doctrina, titular de un poder, sordo a las sorpresas de Dios.

Otro ejemplo en un ámbito distinto lo muestra la película Sueño de invierno (2) cuando Nihal, la esposa del protagonista, Aydin, le dice a su marido, en un tono temeroso que denota un poso de amargura, cuando es interpelada por él: “Eres un hombre culto, veraz, justo e íntegro. Generalmente hablando no puedo reprocharte nada. Pero a veces usas tus cualidades para asfixiar a los demás, para menospreciarlos, humillarlos, aplastarlos. Tu elevada moral hace que odies al mundo entero. No dejas de hablar del interés general del pueblo, pero sospechas de todos… También odias al pueblo.” Pero, el reproche no se queda ahí, sino le hace ver su actitud incoherente cuando se expresa en público a través de sus artículos: “…por una vez, podrías defender una posición incómoda, o tener un sentimiento que no fuera en beneficio tuyo.” Altanería enmascarada para cuidar la imagen de un empresario hostelero, actor jubilado y articulista, que goza de una posición económica holgada y está a punto de empezar a escribir un libro. La arrogancia de Aydin está carcomiendo su matrimonio y destrozando anímicamente a su esposa, cuestionando toda iniciativa que no esté tutelada por él y sumiéndola en un estado de depresiva melancolía, pero cuesta mucho bajar del burro cuando éste ha llegado a ser del tamaño de un elefante.

Me sorprendió leer que el complejo de superioridad, término introducido por Alfred Adler, es un mecanismo reactivo ante un sentimiento de inferioridad. Por de pronto tiene efecto aislante y produce ceguera y sordera intelectual. No todas las opiniones son igualmente válidas, pero conocerlas no debilita las propias convicciones, porque estas se fortalecen cuando se contrastan.

(1) Papa Francisco: El nombre de Dios es misericordia. Título original: Il nome di Dio è Misericordia (2016). Editorial Planeta (2016). Traductora: María Ángeles Cabré. 143 páginas. Fragmento escogido en el capítulo VI. Pastores, no doctores de la ley.
(2) Sueño de invierno - Título original: Kis uykusu. Año 2014. Duración: 195 min. País: Turquía. Director: Nuri Bilge Ceylan.

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