El retrato que no pedimos
La fotografía publicada en
la portada de la revista Hola de Isabel Pantoja sentada en un barco en alta mar (1) se convirtió en el principal tema de debate en una de las emisiones de Sálvame –no
sé cuantas más se ocuparon de ello-. Los comentaristas discutían, entre otras
cosas, si se trataba de ‘un posado’, ‘un robado’, ‘un robado pactado’… y si la
artista habría cobrado para que se la hicieran.
De forma más sutil Barbara
Buncle convierte a sus vecinos, sin contar con ellos, en protagonistas de una
novela: les cambia los nombres, firma con seudónimo y adorna el relato con una
fantasía que pronostica el camino tomarán algunos de ellos. Barbara no es una
paparazzi que pretende entrometerse en la vida de los demás y dentro de su comunidad
es más bien un personaje mediocre, pero se encuentra apurada porque le cuesta
llegar a fin de mes al haber disminuido sus rentas y tiene que hacer algo para
conseguir más ingresos. Cotejando alternativas se inclina por escribir un libro
y como no tiene mucha imaginación habla de aquello conoce por experiencia: el
pueblo donde reside y sus habitantes. Lo que no prevé Barbara es la repercusión
que tendrá el texto, en primer lugar porque duda que obtenga el favor del
editor al que le ha hecho llegar el manuscrito y, posteriormente, por el revuelo que
originará la narración entre sus congéneres.![]() |
| Dorothy Emily Stevenson |
El editor se sorprende por la frescura que
transmite la historia pese a la falta de experiencia que denota su autor: “Le
hizo sonreír, lo tuvo pegado al sillón hasta la madrugada; el texto fluía, él
se dejaba llevar y el tiempo no existía. Era la caracterización de los
personajes, decidió el señor Abbott, lo que hacía bueno el libro. Toda la gente
era bien real, cada uno de los personajes era convincente. Cada uno de los
personajes respiraba el aliento de la vida. No había ningún personaje plano,
bidimensional, en todo el libro -¡cosa extraña! Había, por supuesto, errores de
construcción flagrantes (de hecho, no se notaba mucho esfuerzo de
construcción)... Evidentemente era un pardillo, aquel tal John Smith! Pero,
bien mirado, ¿lo era? ¿Seguro? ¿No formaban parte del encanto del libro,
precisamente, aquellos errores de construcción?” (2)
El libro se convierte en un
éxito y la reacción de sus vecinos al verse retratados en la narración es dispar:
sorpresa, indignación y regocijo se entremezclan, pero al unísono se preguntan:
¿Quién es John Smith?, o más bien, ¿quién hay tras John Smith? El hecho es que la
lectura del libro con la imagen que les retorna de sus vidas los transforma, algo
análogo a lo que le ocurre a Mario, el apocado y pusilánime pescador de Isla
Salina cuyo contacto con Pablo Neruda, al que lleva el correo, y su poesía
actuarán como revulsivo para dar un giro a su modo de afrontar la vida
liberándole de sus miedos en El cartero (3).
Quien menos te lo esperas
te deja retratado se podría desprender de la lectura de El libro de la señorita
Buncle, un relato divertido, irónico y con destellos de mordacidad, que
constituye un atractivo pasatiempo que, además, puede inducir a reflexión si se quiere. Podemos rodearnos de una coraza o una máscara evitando mostrarnos como
realmente somos en determinados ambientes. Suele ser una actitud defensiva que impide
expresarse con naturalidad y quizá convendría entonces recordar el refrán: ‘aunque
la mona se vista de seda, mona se queda’. Además, nos viene bien conocer la
mirada exterior –el cómo nos ven-, aunque a veces escueza, para llegar
a conocernos mejor y considerar si es preciso cambiar o retocar el rumbo de nuestra vida.
(2) Libro leído: D. E. Stevenson: El llibre de la senyoreta Buncle. Títol original: Miss
Buncle’s Book (1934). Viena edicions – Colecció El cercle de Viena número 52 –
2ª edició 2016. Traducció: Marta Pera Cucurell. 360 págines. Fragmento escogido en el capítulo 2. El pertorbador de la pau, páginas 16-17.
(3) Película: El cartero (y Pablo Neruda).
Título original: Il postino. Año: 1994. Duración: 115 min. País: Italia. Director:
Michael Radford

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