La influencia de los medios de comunicación
Habían pasado unos días muy
intensos en la sucursal bancaria atendiendo a numerosos clientes que estaban
inquietos por la seguridad de su dinero y, preveían otra jornada parecida, pero
una de las empleadas llegó diciendo a sus compañeros que ese día habría más sosiego.
¿En que se fundamentaba su expectativa? ‘Aquí toda la gente ve…’, comentaba aludiendo
a un canal televisivo. ‘Ayer por la noche daban un mensaje tranquilizador’,
había concluido tras ver la emisión. A partir de esas premisas su deducción seguía
las leyes de la lógica y, sorprendentemente para el resto de la plantilla, su pronóstico
se cumplió: la jornada transcurrió con inusitada tranquilidad, si se comparaba
con la ‘locura’ de las precedentes. Este episodio supone una constatación de la
influencia que pueden ejercer los medios de comunicación en la opinión y
comportamiento de los que los siguen.
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| Màrius Carol |
Ese ascendiente de los
medios sobre sus seguidores es a la vez una fortaleza y una responsabilidad. Hace
unos días escribía Màrius Carol –director de La Vanguardia- (1): “Los medios de
comunicación no somos neutrales, pero debemos aspirar a ser honestos”, y a
continuación reforzaba el argumento con una frase que puede llevar a confusión:
“La objetividad es un concepto caducado, porque es imposible ponerse de acuerdo
en si la botella está medio llena o medio vacía”. Consciente o
inconscientemente Carol estaba mezclando información con opinión: un hecho
objetivo –el contenido de la botella- y una percepción subjetiva –medio llena,
medio vacía-.
En 1921 Charles P. Scott,
director del rotativo británico Manchester Guardian, acuñó una frase que se
convirtió en una máxima del periodismo: "Comment is free, but facts are
sacred", cuya contundencia conviene no separarla de la frase antecedente:
“Ni en lo que da, ni en lo que deja de dar, ni en el modo de presentarlo debe
el rostro límpido de la verdad sufrir ningún mal. El comentario es libre, pero
los hechos son sagrados” (2). Un llamamiento a la honestidad de los profesionales
que reclama Carol.
A los medios no se les
puede pedir neutralidad porque son empresas con unos intereses determinados:
económicos, políticos, culturales, intelectuales… Su misión no consiste en
escupir noticias o limitarse a canalizarlas, sino que les corresponde procesar
la información que disponen para ofrecerla al público al que va dirigida:
seleccionar los datos que obtiene, tratarlos y presentarlos. Ahí se enmarcan sus
preferencias, su estilo, sus mensajes, su modo de contemplar la realidad…![]() |
| Josep Ramon Correal |
Uno de los
eslóganes-consigna más repetidos en las manifestaciones en Catalunya ha sido
“premsa espanyola manipuladora”, un mensaje preventivo –no os fieis delo que publiquen- que
pretende encorsetar las fuentes de información y al que se le puede aplicar el
refrán “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. En este contexto
Josep Ramon Correal -director de Diari de Tarragona- (3) recordaba una frase de
Hiram Johnson: “la primera víctima de una guerra es la verdad” tras afear el
contenido de un artículo publicado en un rotativo editado en Madrid.
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| Enric Hernández |
Unas semanas antes Enric
Hernández –director de El Periódico de Catalunya- (4) recordaba una frase de
Orwell: "Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique;
lo demás son relaciones públicas", defendiéndose del acoso sufrido tras
una información que no gustó en el entorno del ejecutivo catalán. Denunciaba que
habían querido “someter a un juicio sumarísimo a este diario para desacreditar
la información que había desvelado”, afirmando más adelante que “conviene
recordar que la función democrática de la prensa es arrojar luz sobre la verdad
y fiscalizar al poder”.
Como dice el antiguo
refrán: “en todas las casas se cuecen habas…” y quizá “en la nuestra
calderadas”. Tenemos derecho a recibir una información veraz y los medios de
comunicación deberían, por responsabilidad, autoobligarse a ofrecerla.
Desgraciadamente sabemos que no es así en muchos casos y, por ello, aunque procuremos
seleccionar aquellos que nos merezcan mayor crédito, deberíamos tomar la
precaución de no sacralizarlos, procurar que nuestro criterio no se forme
partiendo de una única fuente y complementarlo con un atisbo de espíritu
crítico antes de asumir los mensajes que difunden. Aun y así es posible que no
podamos evitar del todo ser manipulados o engañados, pero lo pondremos mucho
más difícil.





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