jueves, 19 de octubre de 2017

Realidades que parecen ficción

Retrato de grandezas y miserias humanas

Viajaba en un tren repleto de jóvenes que nos dirigíamos a Cartagena para incorporarnos al Cuartel de Instrucción de Marinería para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, la ‘mili’. Pienso que fueron alrededor de dieciocho horas las que pasé en el compartimento con otros siete reclutados, un tiempo que dio origen a múltiples conversaciones, algunas de las cuales me dejaron perplejo y otras incluso me asombraron. En algunos momentos mi mente parecía estarme diciendo ‘¿sabes en qué mundo vives?’. No vivía en una burbuja: llevaba años trabajando, estudiaba en la universidad, practicaba deporte de grupo a menudo, vivía en un barrio de clase media y frecuentaba otro de los llamados obreros… Sin embargo, me sorprendían los modos de vida que traslucían los comentarios de algunos de mis acompañantes.

Fue la antesala de lo que me iba a encontrar cuando iniciase el periodo de instrucción compartiendo sollado * con centenares de aspirantes a marineros –a la fuerza-, donde, de entrada, no contaban ni la procedencia, ni el currículum, ni el ‘pedigree’, a todos se les aplicaba el mismo rasero. Una experiencia que te alejaba del microclima social al que estabas habituado y que suponía un reto y una oportunidad para salir del caparazón en que uno va encorsetando su vida sin apenas darse cuenta.

Este recuerdo ha renacido con la lectura de los relatos de Lucia Berlin incluidos en el texto titulado Manual para mujeres de la limpieza, al que le faltaría añadir ‘y otros relatos’ para dar mayor claridad al contenido. La mayoría de las historias que se cuentan se circunscriben a un ambiente con el que no estoy familiarizado y ello podría hacer pensar que son fruto de la imaginación o interés de la autora por hurgar en situaciones truculentas. Sin embargo, al hacer un somero repaso a su biografía descubres que está retratando situaciones que han formado parte de su vida. Lydia Davis lo describe en el prólogo “Lucia Berlin basó muchos de sus relatos en episodios de su vida. Cuando ya estaba muerta, uno de sus hijos comentó: «Mamá escribía historias reales, no necesariamente autobiográficas, pero sí muy parecidas a la realidad»… «Las historias y los recuerdos de nuestra familia», comenta también su hijo, «han sido lentamente reformados, adornados y corregidos, hasta el punto que ya no estoy del todo seguro de lo que pasó en cada momento. Pero Lucia decía que eso no tenía ninguna importancia, que lo que cuenta es la historia». Davis define este estilo narrativo como “autoficción -la narración de la propia vida, extraída de una manera casi inalterable de la realidad, cribada y explicada con acierto y pericia.

El atractivo del libro, a mi entender, radica en la sencillez con que están contadas las historias, sin apenas adornos, sin pretender suavizar ni recrearse en la morbosidad, sin emitir juicios de valor –los deja al criterio del lector- y donde no faltan destellos de humor. Lo que llevo a interesarme por la lectura de estos 43 relatos no fue ni mucho menos el título, sino los comentarios que vertía el profesor de periodismo José Francisco Sánchez en un artículo, del que entresaco las referencias que se hacen del texto:

José Francisco Sánchez
Llevo unos meses leyendo a Lucia Berlín y su Manual para mujeres de la limpieza. Me parece que nunca me he demorado tanto en el paseo por un libro… Pero con Lucia Berlín llevo meses. La razón es muy sencilla: la escritora murió hace ya años sin legar más obra disponible que esta compilación de relatos y no quiero que se me acabe…  Y cuando todo me parece asqueroso o grotesco o demencial, me deslizo un rato por la tersura de su prosa y luego me quedo pensando en cómo lo hace. En cómo se las apaña para convertir en esperanza lo sórdido, en inspiración lo perverso. Nunca dice que lo malo es bueno ni llama bonito a lo feo. Tampoco se limita, como otros, a decir que eso es lo que hay, sino que redime a los personajes de su maldad o de su fealdad a través de la mirada, penetrante como pocas y como muy pocas misericordiosa. Lucia Berlín… procura enriquecerla (la realidad), y por eso apenas juzga… Lucia Berlin… No etiqueta. Se limita a querer comprender, que es el primer paso para redimir y para redimirse…

* Sollado: Cada uno de los pisos o cubiertas inferiores del buque, donde se suelen instalar alojamientos y pañoles. (En el cuartel se le llamaba así aunque estaba en un edificio situado en tierra firme, aunque bajo el nivel del mar)

(1) Libro leído: Lucia Berlin: Manual per a dones de fer feines – Títol original: A Manual for Cleaning Women  - Editor: L’altra editorial – 1ª edició 2016 – Traducció: Albert Torrescasana – 487 pàgines
(2) Paco Sánchez: Lucia Berlin y las ideologías. Nuestro Tiempo, número 695, verano 2017

No hay comentarios:

Publicar un comentario