viernes, 3 de noviembre de 2017

Ser buena gente

Una actitud a contracorriente


Rafa Nadal
Cantan por sevillanas Los amigos de Gines que ‘no se compra con dinero eso de ser buena gente’ (1), algo que comparte Rafa Nadal, a tenor de lo que dice en una entrevista publicada en El País: “Al final, lo más importante de todo es ser buena gente. Eso vale más que cualquier título o logro deportivo, a mi modo de entender.” (2) Estas palabras de Nadal dieron pie al debate que propuso el programa radiofónico No es un día cualquiera que dirige Pepa Fernández: ‘¿Qué es ser buena gente?’ (3). Las intervenciones se iban sucediendo entre los contertulios encaminándose a encuadrar ‘ser buena gente’ con una actitud ante la vida que puede tener distintas motivaciones, como más adelante apuntaba la psicóloga Pilar Varela: “los de mi oficio decimos no hay amor sino conducta amorosa, pues no hay bondad sino conducta bondadosa”. Todo ello se asemeja a lo que define a la virtud moral: “Hábito de obrar bien, independientemente de los preceptos de la ley, por sola la bondad de la operación y conformidad con la razón natural” (4).

El estribillo de la sevillana describe efectos de la bonhomía: ‘Vivan las buenas personas / Que vivan las buenas gentes / Que vivan las buenas gentes /Esas que nunca traicionan / Esos que nunca te venden’. ¿Cómo se llega a este comportamiento? El periodista Andrés Aberasturi señalaba: “La buena gente está reñida con cosas que también son buenas. ¿Hay que ser sincero en esta vida? ¿Hay que decir la verdad? Si quieres ser buena gente no puedes ser sincero. No puedes ser sincero sin interrupción. Tienes que mentir y tienes que engañar…”. La sorprendente aseveración fue reconducida por el escritor Juan Eslava Galán: “Eso entra ya en el terreno de lo que llamamos buena educación, que es la manera de ir por la vida sin arrollar. No puedes decirle las verdades a la cara a alguien si son ofensivas. Te la guardas…”.

Cabe el peligro de confundir la ‘buena gente’ con el melifluo, el dulzón, el ‘buenrrollista’, aquel que disfraza las malas noticia, el que evita cuestionar o advertir… La veracidad y la sinceridad generan confianza, pero hay momentos en que decir la verdad pone en un aprieto y ser sincero puede provocar malas caras. Ambas son virtudes –hábitos operativos buenos- que, como tales, forman un todo con la persona, como recuerda Salvador Canals: “Las virtudes dan unidad a la vida de las personas que las ejercitan… las falsas virtudes forman departamentos estancos en la conducta cotidiana y no pueden regar por falta de fecundidad toda la vida de una persona” (5) De este modo se podría decir que la sinceridad casa mal con lo brusco, lo burdo, lo grotesco o lo insolente. Y también que la veracidad chirria cuando la verdad se utiliza para herir, ridiculizar o cotillear.

Hablar de virtud produce alergia en algunos ámbitos y se prefiere sustituir por otro término con significado difuso: valores. Hay un cierto repelús social hacia todo aquello que lleva a la excelencia, sobre todo cuando no reporta beneficios crematísticos o eleva la posición social. Incluso la letra de la sevillana le resta mérito a la ‘buena gente’: ‘Quien nace con esa suerte / Ese va derecho al cielo’, es decir, factor genético y predestinación, la voluntad no pinta nada.

Aspirar a ‘ser buena gente’ supone darse cuenta de que para ser felices nuestra actitud respecto a los demás también cuenta, como desarrolla el filósofo Robert Spaemann en su ética de la benevolencia.

(1) Amigos de Gines: La buena gente
Párrafo completo: “Es la verdad. Yo, cuando estoy en casa, tengo una vida muy normal. Cuando estoy en Manacor soy una persona exactamente igual que cualquier otra, como cualquier otro amigo mío. Claro que en según qué cosas no puede ser como otros amigos míos, pero en general en las cosas básicas de la vida, pues sí, y esto para mí es lo más importante, mucho más que los éxitos deportivos. Para mí los éxitos humanos son más importantes, el tener amigos, tener una buena relación con la gente que tienes alrededor, que la gente que tienes a tu lado y te conoce hable bien de ti… Eso es lo más importante. Al final, lo más importante de todo es ser buena gente. Eso vale más que cualquier título o logro deportivo, a mi modo de entender. Después, evidentemente, todo lo demás son momentos de mucha felicidad y de adrenalina, de mucha satisfacción, pero a la larga la felicidad la aportan muchas otras cosas.
(5) Salvador Canals: Ascética meditada. 13. Virtudes verdaderas y virtudes falsas

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