Una actitud a contracorriente
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| Rafa Nadal |
El estribillo de la
sevillana describe efectos de la bonhomía: ‘Vivan las buenas personas / Que
vivan las buenas gentes / Que vivan las buenas gentes /Esas que nunca
traicionan / Esos que nunca te venden’. ¿Cómo se llega a este comportamiento? El
periodista Andrés Aberasturi señalaba: “La buena gente está reñida con cosas
que también son buenas. ¿Hay que ser sincero en esta vida? ¿Hay que decir la
verdad? Si quieres ser buena gente no puedes ser sincero. No puedes ser sincero
sin interrupción. Tienes que mentir y tienes que engañar…”. La sorprendente aseveración
fue reconducida por el escritor Juan Eslava Galán: “Eso entra ya en el terreno
de lo que llamamos buena educación, que es la manera de ir por la vida sin
arrollar. No puedes decirle las verdades a la cara a alguien si son ofensivas.
Te la guardas…”.
Cabe el peligro de
confundir la ‘buena gente’ con el melifluo, el dulzón, el ‘buenrrollista’,
aquel que disfraza las malas noticia, el que evita cuestionar o advertir… La veracidad
y la sinceridad generan confianza, pero hay momentos en que decir la verdad pone
en un aprieto y ser sincero puede provocar malas caras. Ambas son virtudes –hábitos
operativos buenos- que, como tales, forman un todo con la persona, como
recuerda Salvador Canals: “Las virtudes dan unidad a la vida de las personas
que las ejercitan… las falsas virtudes forman departamentos estancos en la
conducta cotidiana y no pueden regar por falta de fecundidad toda la vida de
una persona” (5) De este modo se podría decir que la sinceridad casa mal con lo
brusco, lo burdo, lo grotesco o lo insolente. Y también que la veracidad
chirria cuando la verdad se utiliza para herir, ridiculizar o cotillear.
Hablar de virtud produce
alergia en algunos ámbitos y se prefiere sustituir por otro término con
significado difuso: valores. Hay un cierto repelús social hacia todo aquello
que lleva a la excelencia, sobre todo cuando no reporta beneficios
crematísticos o eleva la posición social. Incluso la letra de la sevillana le
resta mérito a la ‘buena gente’: ‘Quien nace con esa suerte / Ese va derecho al
cielo’, es decir, factor genético y predestinación, la voluntad no pinta nada.
Aspirar a ‘ser buena gente’
supone darse cuenta de que para ser felices nuestra actitud respecto a los
demás también cuenta, como desarrolla el filósofo Robert Spaemann en su ética
de la benevolencia.
(1) Amigos de Gines: La buena gente
https://www.youtube.com/watch?v=L6rZGVE1z9c
(interpretación)
Párrafo completo: “Es la
verdad. Yo, cuando estoy en casa, tengo una vida muy normal. Cuando estoy en
Manacor soy una persona exactamente igual que cualquier otra, como cualquier
otro amigo mío. Claro que en según qué cosas no puede ser como otros amigos
míos, pero en general en las cosas básicas de la vida, pues sí, y esto para mí
es lo más importante, mucho más que los éxitos deportivos. Para mí los éxitos
humanos son más importantes, el tener amigos, tener una buena relación con la
gente que tienes alrededor, que la gente que tienes a tu lado y te conoce hable
bien de ti… Eso es lo más importante. Al final, lo más importante de todo es
ser buena gente. Eso vale más que cualquier título o logro deportivo, a mi modo
de entender. Después, evidentemente, todo lo demás son momentos de mucha
felicidad y de adrenalina, de mucha satisfacción, pero a la larga la felicidad
la aportan muchas otras cosas.”
(3) http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SNOESU/mp3/0/2/1505636041420.mp3.
El tema se trata a partir del minuto 21
(5) Salvador Canals: Ascética meditada. 13. Virtudes
verdaderas y virtudes falsas

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