martes, 17 de julio de 2018

Centrarse en lo que se juzga

No dejarse llevar por las emociones


Hace unas semanas acabé de leer Eichmann en Jerusalén, el gran trabajo realizado por Hannah Arendt analizando con minuciosidad y rigor académico los hechos que se trataron en el juicio a uno de los dirigentes del régimen nazi que más contribuyó a que se produjera el Holocausto. La escritora de origen judío nacida en Alemania describe en él como se desarrolló el proceso que desembocó en el exterminio de millones de judíos. Sin embargo, no gustaron a algunos personajes socialmente relevantes la libertad y la honestidad intelectuales con que se expresó Arendt y presionaron para que no viera la luz.

Todos los hechos históricos, se prestan a múltiples interpretaciones; en parte porque son una especie de puzzle cuyas piezas -los datos que se obtienen- hay que ir encajandolos para obtener una visión cada vez más clara del conjunto; y en parte porque la investigación puede estar contaminada por prejuicios ideológicos o de otra índole.

Leer, entre otros, el libro de Arendt, que se publicó en 1963, hubiera bastado para constatar que hubo un plan de exterminio premeditado que partía de la cúpula del gobierno nazi. Pero cuando desde un análisis pretendidamente histórico se quiere hacer apología de Hitler y su movimiento este hecho se convierte en un episodio incómodo cuya evidencia ha de ponerse en cuarentena.

Ese era el planteamiento de David Irving, historiador experto en Hitler, pródigo escritor y hábil polemista al que la historiadora Deborah Lipstadt quiso desenmascarar en Negando el Holocausto: “Irving es uno de los voceros más peligrosos para el negacionismo del Holocausto. Familiarizado con la evidencia histórica, la inclina hasta que se conforme con sus inclinaciones ideológicas y su agenda política”, decía en uno de ellos (1).

Irving denunció en 1996 por difamación a Lipstadt y su editor por los perjuicios que habían ocasionado en su reputación las afirmaciones de Lipstadt. Y lo hizo en Londres aprovechándose de que en ese ámbito era la acusada la que tenía que demostrar la certidumbre de lo que había escrito sobre Irving (inversión de la carga de la prueba).

Deborah Lipstadt
La estrategia procesal que siguió la defensa de Lipstadt centra el argumento de la película Negación (2), donde sobresalen las figuras de los abogados Anthony Julius y Richard Rampton. Fue necesario un extenso equipo para preparar el caso, hurgando en la gran cantidad de publicaciones y manifestaciones públicas de Irving.

El interés mediático que despertó el caso pudo dar a entender a la opinión pública que se trataba de un juicio sobre el Holocausto, pero no era así. Lo que se dirimía era si eran justificados los calificativos peyorativos vertidos en el libro de Lipstadt sobre Irving. Además del gran esfuerzo que suponía la recopilación de datos, los abogados de la defensa tenían que convencer a la acusada de que convenía ir al meollo de la cuestión evitando perderse en aspectos circunstanciales por muy importantes que le parecieran.

David Irving
La importancia de contar con una buena asistencia jurídica y centrarse en lo que se juzga procurando que los impulsos emocionales no enturbien la exposición de los argumentos que han de conducir a conseguir el objetivo propuesto, son algunos de los mensajes que se pueden desprender del relato de la película.

La resonancia mediática que adquieren algunos casos actúa a menudo como elemento distorsionador que impide valorar con suficiente profundidad lo que se juzga. Guste o no la justicia institucional tiene sus procedimientos y limitaciones; y que hay que contar con ello antes de aventurarse a emitir juicios precipitados.

(2) Negación. Título original: Denial. Año: 2016. Duración: 110 min. País: Reino Unido. Dirección: Mick Jackson Fuente: www.filmaffinity.com/es/film977912.html

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