martes, 7 de agosto de 2018

Discernir para saber vivir

Dominar los impulsos


Hace unos días el equipo de animación con la colaboración de unos cuantos clientes representaron en el hotel donde me alojaba con mi familia Aladdín, basándose en la recreación que hizo Disney de Aladino y la lámpara maravillosa, uno de los cuentos de Las mil y una noches. Aladdin logra tener un genio a su servicio dispuesto a concederle deseos y el más preciado para él es convertirse en un príncipe para conquistar a la princesa Jasmín.

Representación de Salomón
Según cuenta la Biblia (1), a Salomón, después de haber sido proclamado rey, también se le da la oportunidad de pedir lo que desee. En este caso es Dios quien se la ofrece: “Pídeme lo que quieras que te dé”. Salomón le contesta: “Ya que tú me has constituido rey de un pueblo numeroso como el polvo de la tierra, dame sabiduría y entendimiento para que pueda dirigir la vida de este pueblo, porque ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan considerable?”. 
Esta declaración de humildad y espíritu de servicio es premiada: “Puesto que éste es el deseo de tu corazón y no has pedido riquezas ni bienes ni gloria, ni la vida de tus enemigos, ni tampoco has pedido larga vida… te son concedidos la sabiduría y el entendimiento; y, además, te daré riquezas, bienes y gloria como no las han tenido los reyes anteriores a ti, ni las tendrán tus sucesores.

En un pasaje de La luz apacible Louis de Wohl (2) relata una conversación entre Tomás de Aquino y su maestro fray Alberto, que parece seguir el método socrático para evaluar los conocimientos de su discípulo. “¿Cuál es la facultad racional más importante del hombre?”, le pregunta. Tomás le responde: “La de discernir la verdad”. El maestro continúa: “Hay quienes piensan que el hombre no es capaz de discernir la verdad”. Tomás recurre a la lógica: “Se les puede refutar diciéndoles que tal postulado contradice su propia hipótesis. Si el hombre no es capaz de discernir la verdad, tampoco puede postular como verdad que es incapaz de discernir la verdad.” El diálogo sigue, encaminándolo fray Alberto a un terreno más peliagudo: “Además, tampoco seríamos capaces de reconocer el error como tal error… Aunque ciertamente con frecuencia no es fácil reconocerlo. ¿Qué es, a tu juicio, lo que hace que el error sea muchas veces creíble?” Tomás sentencia: “La cantidad de verdad que el error contiene”.

El discernimiento es una cualidad en la que insiste el papa Francisco en algunos de los escritos del papa Francisco como en Amoris laetitia y el más reciente Gaudete et exsultate; una herramienta necesaria para los que quieren seguir los pasos de Jesucristo sin desorientarse como describe en este último documento: “¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual.” (3) Considera, además, que debe impregnar toda la vida del cristiano: “El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial. Es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor. Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante, porque la magnanimidad se muestra en lo simple y en lo cotidiano”. (4)

El rey Salomón necesitaba del discernimiento para gobernar bien a su pueblo; Tomás de Aquino para vivir su vocación religiosa, para desarrollar su labor docente y redactar sus tratados de filosofía y teología. El papa Francisco extiende esa necesitad a todos para encaminarnos a una vida en plenitud: la vida buena de la que hablaban los clásicos o la vida santa a la que están llamados los seguidores de Jesucristo.

El vendedor de la Once, al que había dicho en tono jocoso que el premio me estaba esperando, me preguntó: “¿Qué harías si te tocase el bote millonario?”. “No lo sé… igual tendría un problema”, contesté. Soy consciente de que también necesitaría discernimiento para saber utilizarlo. Como le ocurre a Aladdín, el impulso emocional es lo que suele anteponerse y la experiencia de tantos apunta a que no suele ser la mejor opción para sacarle un buen rendimiento como persona.

(1) La Biblia, versión de Serafín de Ausejo (1975). Segundo libro de las Crónicas, capítulo 1, versículos 6 a 12
(2) Louis de Wohl: La luz apacible. Título original: The quiet Light. Fragmento: Libro segundo. Capítulo X. Páginas 210-211
(3) Papa Francisco: Exhortación apostólica Gaudete et exsultate. Punto 166. Fuente: w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html
(4) Ibídem. Punto 169


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