jueves, 25 de octubre de 2018

El sinuoso camino del orgullo

Vacuna para una enfermedad latente


Los distintos significados que puede tener una palabra (polisemia) nos confunden cuando no acertamos a aplicar la acepción que corresponde a aquello que valoramos o juzgamos. Es lo que ocurre con el orgullo, del que el diccionario de la RAE recoge cuatro acepciones (1).

En este escrito me referiré a la que lo define como ‘exceso de estimación propia’ y tomaré como referencia un capítulo del libro de Salvador Canals Ascética meditada titulado ‘La ruta del orgullo’ (2) del que reproduciré algunos fragmentos, pero os invito a leerlo completo en https://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura92.htm, no os llevará mucho tiempo. Pienso que os puede aportar luz sobre algunos comportamientos que van ligados a esta tendencia que a todos nos afecta en mayor o menor medida, aunque puede ocurrir que seamos capaces de observarla en los demás e incapaces de detectarla en nosotros mismos; o verla sólo como un reflejo en el sentido que apunta Unamuno: “de ordinario, lo que aborrezco en otros aborrézcolo por sentirlo en mí mismo; y si me hiere aquella púa del prójimo, es porque esa misma púa me está hiriendo en mi interior. Es mi envidia, mi soberbia, mi petulancia, mi codicia, las que me hacen aborrecer la soberbia, la envidia, la petulancia, la codicia ajenas.” (3)

Canals, sacerdote fallecido en 1975, (4) describe el sendero que va recorriendo quien está encantado de conocerse y está convencido de que no debe nada a nadie: “Cultivamos voluntariamente y con una especie de interior circunspección este alto concepto de nuestro propio ser, y no admitimos ninguna sombra, por pequeña que sea, ni referencia alguna a otras personas y no soportamos ningún reproche o corrección. Atribuimos a nosotros mismos –olvidándonos por completo de Dios nuestro Señor– todo lo que somos y todo lo que valemos. Y al obrar así, excluimos a Dios y a los demás de nuestra vida: tan sólo yo importo, dice obstinadamente el orgulloso, contemplándose complacido y meciéndose con presunción a sí mismo.”

Uno de los primeros efectos es un retorcimiento interior: “Si existe un camino que haga complicadas a las almas, éste es la ruta del orgullo… es un laberinto en el que las almas se desorientan y se pierden. El orgullo destruye la simplicidad de las almas, aquel ser y aparecer sin pliegues –sine plicis– que es una encantadora característica de las personas humildes. ¡Cuántos pliegues se forman, por el contrario, en el alma contaminada por el orgullo! Este pecado capital, en efecto, induce –cada vez más avasalladoramente– a replegarse de continuo sobre sí mismo.”

Salvador Canals
Continúa con la alergia al agradecimiento: “Del mundo interior se pasa al mundo exterior: la ruta del orgullo continúa su progresión implacable. Todo aquello que estas personas han construido dentro de sí, desean ahora edificarlo a su alrededor… Su mirada y su pensamiento jamás se levantarán, por encima de sus propias cualidades y de sus propios éxitos, hasta Dios nuestro Señor, para darle gracias por su bondad. La mirada y el pensamiento de estas almas se demora siempre a ras de tierra.”

Sigue con la autosuficiencia: “El horizonte del orgulloso es terriblemente limitado: se agota en él mismoNunca pide consejo a nadie y de nadie acepta nunca consejos. Se basta a sí misma. Vive aferrada al propio juicio y a la propia voluntad hasta la tozudez, e ignora voluntariamente, hasta el desprecio, cualquier opinión o convicción que no sea la suya.”

Aparece luego el sentimiento de superioridad: “El desprecio por el prójimo es… una actitud frecuente, y a menudo habitual, en las personas que siguen esta ruta… Los demás existen sólo como término de parangón, para que el orgulloso pueda exaltarse mientras los desprecia. Las personas que van por este camino no soportan que haya nadie superior a ellas… Los demás no pueden tener más función que la de exaltar a estas personas: deben estar por debajo de ellas. Los defectos de los demás deben servir para poner en evidencia y para subrayar sus propias virtudes. Los errores de los demás deben servir para poner de relieve su sabiduría y destreza; y la escasa inteligencia ajena, para hacer resplandecer su gran valía. Y aquí está la raíz de las envidias, de los celos y ansiedades que acompañan la vida de todos aquellos que siguen la ruta del orgullo.”

Las relaciones humanas se deterioran: “De la envidia se pasa a la enemistad. ¡Y cuántas no son las enemistades que tienen su origen –¡extraño origen!– en la envidia! Personas hay que se ven despreciadas, odiadas y combatidas sólo porque son mejores o más inteligentes que sus perseguidores. Se han hecho culpables del gran delito de ser buenas o inteligentes, o de haber trabajado mucho. Y este delito se combate y se castiga –en la ruta de orgullo– con la frialdad, la enemistad, el silencio y la calumnia.”

La introspección viciada oscurece la realidad: “No perder el puesto, no ceder las armas: quien se encamina por esta dirección suele recurrir a la ficción y a la hipocresía. Simula lo que no es, exagera lo que posee. Todo es lícito, todo es bueno, en este maldito camino, a condición de que uno sea el primero y el mejor ante uno mismo y en la estimación de los demás.

Con un lenguaje cercano, íntimo, Canals quiere alertarnos sobre “la ruta del orgullo” para descubrir los síntomas y poner remedio antes de que la enfermedad se cronifique: “Déjame pues, amigo mío, que a propósito de ella, te confíe algún pensamiento y alguna reflexión, de modo que aprendamos juntos a reconocerla desde el primer instante y a evitarla siempre”. ¿Y todo ello por qué?: “Existe un camino que no es, ciertamente, el de la salvación, ni el de la felicidad, y por el cual –ello no obstante– solemos adentrarnos los hombres con gran facilidad.”

(1) 1. m. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del equipo despertó el orgullo nacional.
2. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.
3. m. Amor propio, autoestima. Se sintió herido en su orgullo.
4. m. Persona o cosa que es motivo de orgullo ( sentimiento de satisfacción). Es el orgullo de sus padres.
(2) Salvador Canals: Ascética meditada. Editorial: Ediciones Rialp. Capítulo 8
(4) Breve semblanza de Salvador Canals: https://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_Canals_Navarrete

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