¿Abocados a la transformación cultural?
Ante la avalancha
migratoria que sufre Europa la pregunta que se hacen las distintas
administraciones es ¿qué hacemos con ellos? Expresado de esta manera puede
resultar hiriente, como un menosprecio a unos seres humanos que son tan
personas como nosotros, pero equivale a decir ¿cómo lo gestionamos? Porque no
se trata exclusivamente de compartir territorio sino de que participen en el
devenir colectivo y sus anhelos de convivencia. Acoger supone hacerlos de los
nuestros y eso supone superar la barrera del desconocimiento que solo se supera
con el trato. Todo lo que se haga para favorecer el ensamblaje entre la
población autóctona y los migrantes redundará en beneficio de todos.
Es un problema complejo que
afecta a múltiples ámbitos: sanidad, educación, inserción laboral, seguridad… y
casa mal con actitudes frívolas y oportunistas orientadas al lucimiento
personal y la propaganda, que no van acompañadas de un protocolo de actuación
eficaz orientado a la integración, conciliando la atención que se les presta a
los que llegan con la que se debe a los residentes habituales.
Hay quienes ven en la
inmigración un remedio para compensar la baja natalidad, un problema que puede
afectar al mantenimiento del estado del bienestar. ¿Cómo puede afectar este
hecho a las sociedades europeas? El historiador y analista político Florentino
Portero abordó este asunto en una entrevista con Ignacio Uría (1) cuyo fragmento he
considerado que valía la pena reproducir:
Necesitamos inmigrantes para mantener el estado de
bienestar. Sin embargo, la integración es difícil.
No podemos predecir lo que
va a pasar. Los ritmos de hoy no tienen por qué ser los de mañana: pueden ir a
mejor, o a peor o indistintamente. La
crisis demográfica en Europa tiene su origen en la hegemonía del pensamiento
relativista. Cuando uno no cree en nada, no distingue el bien del mal, y la
vida se convierte en una secuencia breve donde hay que tratar de disfrutar lo
más posible... Ese no es el marco idóneo para constituir una familia, y sin familia no hay una recuperación
demográfica. Los europeos están dejando de casarse y de reproducirse. Hemos
dejado de creer en nuestro futuro, por eso nos hemos convertido en la parte
decadente del planeta.
¿Estamos abocados a la desaparición?
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| Ignacio Uría |
¿Se trata de algo inevitable?
No, por supuesto. No es un determinante histórico, es una circunstancia. Europa puede reaccionar, pero, si no lo hace, las cosas cambiarán. Ya ha ocurrido antes: gentes de otros lugares llegaron a nuestro territorio y construyeron una nueva cultura. Si nosotros nos queremos suicidar, nadie lo impedirá. Este es el hecho fundamental: mientras sigamos en un contexto relativista, la crisis demográfica es inevitable. En consecuencia, cada vez necesitamos importar más mano de obra, pero una cosa es seleccionarla y otra que entren derribando paredes.
(1) Florentino Portero: Entre Oriente y Occidente, entrevista de Ignacio Uría publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 689 – Otoño 2015. Entrevista completa en https://www.academia.edu/22795685/Florentino_Portero_entre_Oriente_y_Occidente

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