domingo, 21 de octubre de 2018

Demografía e inmigración

¿Abocados a la transformación cultural?


Ante la avalancha migratoria que sufre Europa la pregunta que se hacen las distintas administraciones es ¿qué hacemos con ellos? Expresado de esta manera puede resultar hiriente, como un menosprecio a unos seres humanos que son tan personas como nosotros, pero equivale a decir ¿cómo lo gestionamos? Porque no se trata exclusivamente de compartir territorio sino de que participen en el devenir colectivo y sus anhelos de convivencia. Acoger supone hacerlos de los nuestros y eso supone superar la barrera del desconocimiento que solo se supera con el trato. Todo lo que se haga para favorecer el ensamblaje entre la población autóctona y los migrantes redundará en beneficio de todos.

Es un problema complejo que afecta a múltiples ámbitos: sanidad, educación, inserción laboral, seguridad… y casa mal con actitudes frívolas y oportunistas orientadas al lucimiento personal y la propaganda, que no van acompañadas de un protocolo de actuación eficaz orientado a la integración, conciliando la atención que se les presta a los que llegan con la que se debe a los residentes habituales.

Hay quienes ven en la inmigración un remedio para compensar la baja natalidad, un problema que puede afectar al mantenimiento del estado del bienestar. ¿Cómo puede afectar este hecho a las sociedades europeas? El historiador y analista político Florentino Portero abordó este asunto en una entrevista con Ignacio Uría (1) cuyo fragmento he considerado que valía la pena reproducir:

Necesitamos inmigrantes para mantener el estado de bienestar. Sin embargo, la integración es difícil.

No podemos predecir lo que va a pasar. Los ritmos de hoy no tienen por qué ser los de mañana: pueden ir a mejor, o a peor o indistintamente. La crisis demográfica en Europa tiene su origen en la hegemonía del pensamiento relativista. Cuando uno no cree en nada, no distingue el bien del mal, y la vida se convierte en una secuencia breve donde hay que tratar de disfrutar lo más posible... Ese no es el marco idóneo para constituir una familia, y sin familia no hay una recuperación demográfica. Los europeos están dejando de casarse y de reproducirse. Hemos dejado de creer en nuestro futuro, por eso nos hemos convertido en la parte decadente del planeta.

¿Estamos abocados a la desaparición?

Ignacio Uría
En la medida en que este marco de referencia filosófica y cultural impere en Europa, Europa va a desaparecer tal y como la conocemos. Los que vengan del sur llegarán con su cultura, sus valores y sus ideales. Es legítimo, más aún cuando nosotros hemos decidido voluntariamente dejar de existir. Es lo que los geógrafos llaman el «suicidio demográfico». Este es el hecho capital que explica todos los problemas concretos que tiene hoy Europa.

¿Se trata de algo inevitable?

No, por supuesto. No es un determinante histórico, es una circunstancia. Europa puede reaccionar, pero, si no lo hace, las cosas cambiarán. Ya ha ocurrido antes: gentes de otros lugares llegaron a nuestro territorio y construyeron una nueva cultura. Si nosotros nos queremos suicidar, nadie lo impedirá. Este es el hecho fundamental: mientras sigamos en un contexto relativista, la crisis demográfica es inevitable. En consecuencia, cada vez necesitamos importar más mano de obra, pero una cosa es seleccionarla y otra que entren derribando paredes.

(1) Florentino Portero: Entre Oriente  y Occidente, entrevista de Ignacio Uría publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 689 – Otoño 2015. Entrevista completa en https://www.academia.edu/22795685/Florentino_Portero_entre_Oriente_y_Occidente

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