Hambre de retos
Se podría pensar que la
cita de Nicholas Carr mencionada en la publicación anterior (1) suponía una
crítica a Google. Pienso, sin embargo, que eso sería una interpretación
errónea. El autor incidía en la actitud del usuario ante este buscador y el
cambio de hábitos que le pueden producir si se deja llevar por las facilidades
que proporciona la herramienta. El problema radica en la gestión de la
información que suministra Google, el riego que llegue a monopolizar el acceso
a las fuentes y excitar en demasía la curiosidad. Será provechoso en la medida
en que se aprenda a delimitar su uso, a realizar las preguntas adecuadas para
obtener eficazmente los resultados esperados y aprender a seleccionar entre la
multitud de opciones que nos ofrece. Como en los ejemplos que expone La gran adicción (2), todo lo
relacionado con Internet, tiene un poderoso atractivo, con capacidad para
dominar y robarnos gran parte de nuestro tiempo, como los hombres grises de Momo (3).
Es la visión de un usuario
entrado en años de la herramienta que escudriña en la red, origen de la fama y
relevancia que ha adquirido Google en el mundo entero y le ha permitido crecer
en extensión geográfica, en oferta de productos y en la puesta en marcha de
ambiciosos proyectos. Pero, ¿cómo se contempla desde Google a la generación que
se ha venido en llamar de nativos digitales? Hace unos días (4) recogía un
fragmento de las declaraciones de Fuenciscla Clemares, responsable para España
y Portugal de la compañía, en las que exponía el perfil que buscaban entre los
candidatos a trabajar en la empresa. Hoy me centraré en sus comentarios sobre
el comportamiento de sus empleados más jóvenes.
Bajo la premisa que los
jóvenes no tienen miedo al cambio, le requerían si consideraba positiva esta
actitud para las empresas tecnológicas: “Sin duda, porque en nuestra industria todo avanza muy rápido y las empresas estamos
obligadas a transformarnos permanentemente. De modo que contar con personas con esa capacidad de
adaptación, sin miedo al cambio y que pide más retos, es muy necesario. Sin
embargo, en ocasiones me enfrento a una dificultad de otro tipo y es que, habitualmente, los jóvenes son impacientes. Muchas
veces todavía no le han sacado el máximo partido a un puesto, a un
determinado cargo, y ya están pensando
cuál es el siguiente, cuando una empresa también necesita una estabilidad.
Ese tipo de impaciencia es muy difícil de gestionar.”
¿Cómo puede la empresa retener
el talento en esta tesitura?, es la siguiente cuestión que se plantea: “Con
nuevos retos porque, en general, estamos
buscando e incorporando a nuestra plantilla personas ambiciosas, curiosas y muy
bien preparadas. Como una consecuencia de lo anterior, una vez que piensan que están haciendo bien una labor, te piden el
siguiente reto. Entonces, o eres una
empresa que está en crecimiento y transformación permanente, donde se generan
nuevas oportunidades, o es difícil retenerles. El segundo elemento es la cultura empresarial. Los empleados
quieren sentirse a gusto, cómodos, que los compañeros puedan ser amigos… El
entorno, si atrae, retiene.” (5)
Aunque las declaraciones de
Clemares hacen referencia a la experiencia de su empresa, dejan entrever
algunos factores que son característicos del entorno social en que nos movemos.
La adaptación al cambio se convierte en una necesidad en un mercado laboral
donde proliferan los contratos de duración determinada (temporales). La
impaciencia tiene que ver con lo que ya apuntaba Susanna Tamaro en Querida Mathilda: “Nuestra época es la época de la aceleración y de la prisa: una
época en la que… todo se usa y se tira. Cuando nos cansamos de algo, incluso si
todavía sirve, lo sustituimos por otra cosa nueva. Cuando una relación cansa,
se «tira» a la persona.”(6) Otros ejemplos en la misma línea: la inmediatez de
respuesta que se espera de un Whatsapp, la precipitación al tuitear, los objetivos
empresariales fijados a un plazo de tiempo cada vez a más breve… Por último, cuando
la sobreestimulación se convierte en un hábito no hay tiempo de reposo para
asimilar o disfrutar lo conseguido, los retos y no los objetivos se convierten
en un fin.
(1) Dependencia tecnológica
en https://txukim.blogspot.com/2018/12/dependencia-tecnologica.html
(2) Enric Puig Punyet: La
gran adicción. Editorial: Arpa editores
(3) Michael Ende: Momo. Editorial: Alfaguara
(4) Educación low cost en https://quimmontoliu.blogspot.com/2018/12/pedagogia-low-cost.html
(5) Fuenciscla Clemares,
entrevista de Blanca Rodríguez Gómez Guillamón, publicada en Nuestro Tiempo, número 699, Verano 2018.
Páginas 78-81
(6) Susanna Tamaro: Querida Mathilda, no veo el momento en que
el hombre eche a andar. Título original: Cara Mathilda - Non vedo l'ora che
l'uomo cammini (1997). Editorial: Seix Barral (1998). Traductor: Atilio
Pentimalli Melacrino. 188 páginas. Fragmento en capítulo: 23 de julio.
Lecciones de silencio
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