lunes, 17 de diciembre de 2018

Los jóvenes y el empleo

Hambre de retos


Se podría pensar que la cita de Nicholas Carr mencionada en la publicación anterior (1) suponía una crítica a Google. Pienso, sin embargo, que eso sería una interpretación errónea. El autor incidía en la actitud del usuario ante este buscador y el cambio de hábitos que le pueden producir si se deja llevar por las facilidades que proporciona la herramienta. El problema radica en la gestión de la información que suministra Google, el riego que llegue a monopolizar el acceso a las fuentes y excitar en demasía la curiosidad. Será provechoso en la medida en que se aprenda a delimitar su uso, a realizar las preguntas adecuadas para obtener eficazmente los resultados esperados y aprender a seleccionar entre la multitud de opciones que nos ofrece. Como en los ejemplos que expone La gran adicción (2), todo lo relacionado con Internet, tiene un poderoso atractivo, con capacidad para dominar y robarnos gran parte de nuestro tiempo, como los hombres grises de Momo (3).

Es la visión de un usuario entrado en años de la herramienta que escudriña en la red, origen de la fama y relevancia que ha adquirido Google en el mundo entero y le ha permitido crecer en extensión geográfica, en oferta de productos y en la puesta en marcha de ambiciosos proyectos. Pero, ¿cómo se contempla desde Google a la generación que se ha venido en llamar de nativos digitales? Hace unos días (4) recogía un fragmento de las declaraciones de Fuenciscla Clemares, responsable para España y Portugal de la compañía, en las que exponía el perfil que buscaban entre los candidatos a trabajar en la empresa. Hoy me centraré en sus comentarios sobre el comportamiento de sus empleados más jóvenes.

Bajo la premisa que los jóvenes no tienen miedo al cambio, le requerían si consideraba positiva esta actitud para las empresas tecnológicas: “Sin duda, porque en nuestra industria todo avanza muy rápido y las empresas estamos obligadas a transformarnos permanentemente. De modo que contar con personas con esa capacidad de adaptación, sin miedo al cambio y que pide más retos, es muy necesario. Sin embargo, en ocasiones me enfrento a una dificultad de otro tipo y es que, habitualmente, los jóvenes son impacientes. Muchas veces todavía no le han sacado el máximo partido a un puesto, a un determinado cargo, y ya están pensando cuál es el siguiente, cuando una empresa también necesita una estabilidad. Ese tipo de impaciencia es muy difícil de gestionar.

¿Cómo puede la empresa retener el talento en esta tesitura?, es la siguiente cuestión que se plantea: “Con nuevos retos porque, en general, estamos buscando e incorporando a nuestra plantilla personas ambiciosas, curiosas y muy bien preparadas. Como una consecuencia de lo anterior, una vez que piensan que están haciendo bien una labor, te piden el siguiente reto. Entonces, o eres una empresa que está en crecimiento y transformación permanente, donde se generan nuevas oportunidades, o es difícil retenerles. El segundo elemento es la cultura empresarial. Los empleados quieren sentirse a gusto, cómodos, que los compañeros puedan ser amigos… El entorno, si atrae, retiene.” (5)

Aunque las declaraciones de Clemares hacen referencia a la experiencia de su empresa, dejan entrever algunos factores que son característicos del entorno social en que nos movemos. La adaptación al cambio se convierte en una necesidad en un mercado laboral donde proliferan los contratos de duración determinada (temporales). La impaciencia tiene que ver con lo que ya apuntaba Susanna Tamaro en Querida Mathilda: “Nuestra época es la época de la aceleración y de la prisa: una época en la que… todo se usa y se tira. Cuando nos cansamos de algo, incluso si todavía sirve, lo sustituimos por otra cosa nueva. Cuando una relación cansa, se «tira» a la persona.”(6) Otros ejemplos en la misma línea: la inmediatez de respuesta que se espera de un Whatsapp, la precipitación al tuitear, los objetivos empresariales fijados a un plazo de tiempo cada vez a más breve… Por último, cuando la sobreestimulación se convierte en un hábito no hay tiempo de reposo para asimilar o disfrutar lo conseguido, los retos y no los objetivos se convierten en un fin.


(2) Enric Puig Punyet: La gran adicción. Editorial: Arpa editores
(3) Michael Ende: Momo. Editorial: Alfaguara
(5) Fuenciscla Clemares, entrevista de Blanca Rodríguez Gómez Guillamón, publicada en Nuestro Tiempo, número 699, Verano 2018. Páginas 78-81
(6) Susanna Tamaro: Querida Mathilda, no veo el momento en que el hombre eche a andar. Título original: Cara Mathilda - Non vedo l'ora che l'uomo cammini (1997). Editorial: Seix Barral (1998). Traductor: Atilio Pentimalli Melacrino. 188 páginas. Fragmento en capítulo: 23 de julio. Lecciones de silencio

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