domingo, 23 de diciembre de 2018

Piel dura, corazón sensible

Dejar espacio a la trascendencia



Dice el villancico:

Los pastores son los primeros
que en la Nochebuena
fueron a adorar al Niño de Dios

Quizá eran rudos y su rostro reflejaba las señales que deja estar muchas horas a la intemperie. Eran marginados sociales pese al beneficio que aportaba su trabajo a la sociedad en que vivían. Y, sin embargo, tuvieron el privilegio de ser los primeros en recibir el anuncio del nacimiento de Jesús (1): “hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.” Nos cuesta entender que la lógica de Dios transcurra en sentido inverso a la de los convencionalismos humanos.

Estaban acostumbrados a permanecer en vigilia: “Dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche” y eso pudo ayudarles a oír el mensaje, pero tuvieron que tomar una difícil decisión: fiarse del anuncio y arriesgarse a abandonar su rústico acomodo para ponerse en camino: “Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado”. Se jugaban también su futuro profesional y quizá algo más si el rebaño se dispersaba o sufría algún daño. Su arrojo fue recompensado: “encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre”. Y se abrió su mente: “Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño.”

Cree para comprender, comprende para creer”, dice San Agustín. Sin dejar resquicio para que penetre la trascendencia es muy difícil llegar a captar someramente todos los misterios que rodean la conmemoración de la Navidad, aunque se perciban sus efectos en tantas tradiciones nobles que la rodean –prescindamos de las parasitarias que se aprovechan de ella-.

Tener la piel dura, como consecuencia del trabajo que se realiza, no impide ser sencillo –no confundir con simple-. Probablemente las manos de esos pastores eran callosas pero demostraron tener un corazón muy sensible.

¡¡Feliz Navidad para todos vosotros y los que os rodean!!

(1) Cfr. Lucas 2, 8-20

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