Dejar espacio a la trascendencia
Dice el villancico:
“Los pastores son los primeros
que en la
Nochebuena
fueron a adorar al Niño de Dios”
Quizá eran rudos y su
rostro reflejaba las señales que deja estar muchas horas a la intemperie. Eran
marginados sociales pese al beneficio que aportaba su trabajo a la sociedad en
que vivían. Y, sin embargo, tuvieron el privilegio de ser los primeros en
recibir el anuncio del nacimiento de Jesús (1): “hoy os ha nacido, en la ciudad
de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; y esto os servirá de señal:
encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.” Nos
cuesta entender que la lógica de Dios transcurra en sentido inverso a la de los
convencionalismos humanos.
Estaban acostumbrados a
permanecer en vigilia: “Dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante
la noche” y eso pudo ayudarles a oír el mensaje, pero tuvieron que tomar una difícil
decisión: fiarse del anuncio y arriesgarse a abandonar su rústico acomodo para
ponerse en camino: “Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el
Señor nos ha manifestado”. Se jugaban también su futuro profesional y quizá
algo más si el rebaño se dispersaba o sufría algún daño. Su arrojo fue
recompensado: “encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre”.
Y se abrió su mente: “Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido
anunciadas sobre este niño.”
“Cree para comprender,
comprende para creer”, dice San Agustín. Sin dejar resquicio para que penetre la
trascendencia es muy difícil llegar a captar someramente todos los misterios
que rodean la conmemoración de la Navidad, aunque se perciban sus efectos en
tantas tradiciones nobles que la rodean –prescindamos de las parasitarias que
se aprovechan de ella-.
Tener la piel dura, como consecuencia del trabajo que se realiza, no impide ser sencillo –no confundir con
simple-. Probablemente las manos de esos pastores eran callosas pero demostraron
tener un corazón muy sensible.
¡¡Feliz Navidad para todos
vosotros y los que os rodean!!

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