martes, 5 de marzo de 2019

Pack indivisible

A medias es un bluf


Se ha comparado en ocasiones al comunismo con el modo de vida de los primeros cristianos. Hay un pasaje de los Hechos de los Apóstoles que parece corroborarlo: “Todos los creyentes estaban unidos y tenían todas las cosas en común. Vendían las posesiones y los bienes y los repartían entre todos, según las necesidades de cada uno.” (1) Parece coincidir con el aforismo utilizado por Marx ‘para formular el principio por el que se regiría la «fase superior» de la «sociedad comunista»’: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades.” (2) Hay, sin embargo, una diferencia sustancial: la libertad con que se realiza la acción. No es lo mismo hacerlo voluntariamente -porque quieres, porque te da la gana- a hacerlo obligado –porque no tienes otro remedio, por narices-. Basta para percibir la diferencia con leer en el capítulo 5 de los Hechos el reproche que reciben los esposos Ananías y Safira por parte de Pedro, no por el hecho de quererse quedar para sí una parte del dinero obtenido con la venta de una propiedad –no tenían por qué entregar nada si no querían-, sino por pretender engañar a la comunidad haciendo ver que lo daban todo. (3)

La distinción no se queda en este importante aspecto, porque el ser humano es corazón y razón y la vida está entretejida de claroscuros; cuando falta alguno de los ingredientes en cualquier ideal humano al que se aspire el resultado es desencarnado, superficial o insulso. Fulton J. Sheen hace una aguda reflexión sobre las consecuencias de la disgregación y el decantamiento hacia una u otra posición:

El mundo moderno, que niega el delito personal y solo admite crímenes sociales, que no encuentra sitio para el arrepentimiento personal y lo halla sólo para reformas públicas ha divorciado a Cristo de su cruz… Lo que Dios había juntado, los hombres lo han desunido. Como resultado tenemos la cruz a la izquierda y Cristo a la derecha. Cada uno ha estado aguardando nuevos compañeros que los adopten… Viene el comunismo y se apodera de la cruz, exenta de significado por si sola; viene la civilización occidental postcristiana y escoge para sí al Cristo sin llagas.

El comunismo ha elegido la cruz en el sentido de que ha devuelto a un mundo egotista una idea de disciplina, de abnegación, de sumisión, de dura labor, de estudio y consagración a fines supraindividuales. Pero la cruz sin Cristo es sacrificio sin amor. De ahí que el comunismo haya producido una sociedad autoritaria, cruel, opresora de la libertad humana, llena de campos de concentración, pelotones de fusilamiento y lavados de cerebro.

La civilización occidental postcristiana ha elegido a Cristo sin la cruz. Pero un Cristo sin un sacrificio que reconcilie al mundo con Dios es un predicador ambulante barato, afeminado, incoloro que merece llegar a ser popular por su gran sermón de la montaña, pero que merece también la impopularidad por lo que dijo, por un lado acerca de la divinidad y lo que manifestó, por otro, acerca del divorcio, el juicio y el infierno. Este Cristo sentimental aparece remendado con mil lugares comunes sustentado por etimologistas académicos incapaces de ver la Palabra por encima de las letras, o confundidos más allá del reconocimiento personal por un principio dogmático según el cual todo lo que es divino ha de ser necesariamente un mito. Sin su cruz, Cristo queda reducido a un insoportable precursor de la democracia o a un humanitario que enseñó una fraternidad sin lágrimas.” (4)

(1) Hechos de los apóstoles, capítulo 2, versículos 44 y 45. Versión de la Biblia de Navarra. Editorial Eunsa. Fuente: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/hechos-2
(3) Confrontar Hechos de los apóstoles, capítulo 5, versículos 1 a 11. Obra citada. Fuente: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/hechos-5
(4) Fulton John Sheen: Vida de Cristo. Título original: Life of Christ (1958). Editorial: Herder – Segunda edición (1996). Traductor: Juan Godó Costa. 525 páginas. Prefacio, páginas 10-11

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