A medias es un bluf
Se ha comparado en
ocasiones al comunismo con el modo de vida de los primeros cristianos. Hay un
pasaje de los Hechos de los Apóstoles
que parece corroborarlo: “Todos los creyentes estaban unidos y tenían todas las
cosas en común. Vendían las posesiones y los bienes y los repartían entre
todos, según las necesidades de cada uno.” (1) Parece coincidir con el aforismo
utilizado por Marx ‘para formular el principio por el que se regiría la «fase
superior» de la «sociedad comunista»’: “De cada cual según sus capacidades, a
cada cual según sus necesidades.” (2) Hay, sin embargo, una diferencia
sustancial: la libertad con que se realiza la acción. No es lo mismo hacerlo
voluntariamente -porque quieres, porque te da la gana- a hacerlo obligado
–porque no tienes otro remedio, por narices-. Basta para percibir la diferencia
con leer en el capítulo 5 de los Hechos
el reproche que reciben los esposos Ananías y Safira por parte de Pedro, no por
el hecho de quererse quedar para sí una parte del dinero obtenido con la venta
de una propiedad –no tenían por qué entregar nada si no querían-, sino por
pretender engañar a la comunidad haciendo ver que lo daban todo. (3)
La distinción no se queda
en este importante aspecto, porque el ser humano es corazón y razón y la vida
está entretejida de claroscuros; cuando falta alguno de los ingredientes en
cualquier ideal humano al que se aspire el resultado es desencarnado, superficial o
insulso. Fulton J. Sheen hace una aguda reflexión sobre las consecuencias de la disgregación y el decantamiento hacia una u otra posición:
“El mundo moderno, que
niega el delito personal y solo admite crímenes sociales, que no encuentra
sitio para el arrepentimiento personal y lo halla sólo para reformas públicas
ha divorciado a Cristo de su cruz… Lo que Dios había juntado, los hombres lo
han desunido. Como resultado tenemos la cruz a la izquierda y Cristo a la
derecha. Cada uno ha estado aguardando nuevos compañeros que los adopten… Viene
el comunismo y se apodera de la cruz, exenta de significado por si sola; viene
la civilización occidental postcristiana y escoge para sí al Cristo sin llagas.
El comunismo ha elegido la
cruz en el sentido de que ha devuelto a un mundo egotista una idea de
disciplina, de abnegación, de sumisión, de dura labor, de estudio y
consagración a fines supraindividuales. Pero la cruz sin Cristo es sacrificio
sin amor. De ahí que el comunismo haya producido una sociedad autoritaria,
cruel, opresora de la libertad humana, llena de campos de concentración,
pelotones de fusilamiento y lavados de cerebro.
La civilización occidental
postcristiana ha elegido a Cristo sin la cruz. Pero un Cristo sin un sacrificio
que reconcilie al mundo con Dios es un predicador ambulante barato, afeminado,
incoloro que merece llegar a ser popular por su gran sermón de la montaña, pero
que merece también la impopularidad por lo que dijo, por un lado acerca de la
divinidad y lo que manifestó, por otro, acerca del divorcio, el juicio y el
infierno. Este Cristo sentimental aparece remendado con mil lugares comunes
sustentado por etimologistas académicos incapaces de ver la Palabra por encima
de las letras, o confundidos más allá del reconocimiento personal por un
principio dogmático según el cual todo lo que es divino ha de ser
necesariamente un mito. Sin su cruz, Cristo queda reducido a un insoportable
precursor de la democracia o a un humanitario que enseñó una fraternidad sin
lágrimas.” (4)
(1) Hechos de los apóstoles,
capítulo 2, versículos 44 y 45. Versión de la Biblia de Navarra. Editorial
Eunsa. Fuente: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/hechos-2
(3) Confrontar Hechos de los apóstoles, capítulo 5,
versículos 1 a 11. Obra citada. Fuente: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/hechos-5
(4) Fulton John Sheen: Vida de Cristo. Título original: Life of
Christ (1958). Editorial:
Herder – Segunda edición (1996). Traductor: Juan Godó Costa. 525 páginas.
Prefacio, páginas 10-11

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