Promesas utópicas, desconfianza manifiesta
Hay regímenes políticos que
rezuman tal halo mesiánico que impermeabilizan las decisiones que toman sus
dirigentes, son incontestables. Cuestionarlas, discrepar o expresar la más
mínima duda puede ser considerado como una traición que merece un castigo
ejemplar.
El protagonista de El cero y el infinito se lo deja claro a
un joven comunista que se ha negado a distribuir los folletos propagandísticos
que ha recibido por discrepar con su contenido: “El Partido no se equivoca
jamás -dijo Rubachof-. Tú y yo podremos equivocarnos. Pero el Partido, no. El
Partido, camarada, es algo mucho más grande que tú y que yo y que otros mil como
tú y como yo. El Partido es la encarnación de la idea revolucionaria en la
Historia. La Historia no tiene escrúpulos ni vacilaciones… La Historia conoce
su camino. Nunca comete errores. El que no tiene una fe absoluta en la Historia
no debe estar en las filas del Partido.” (1) Años más tarde, cuando ha caído en
desgracia, Rubachof sufre en sus carnes las dentelladas del Partido que
sublimaba. Entonces se descubre la falacia que se esconde en los ideales que
había perseguido y promocionado: “Todo lo que él había creído y predicado, todo
aquello por lo que había luchado durante cuarenta años le inundó el alma en
marejada irresistible. El individuo no era nada, el Partido lo era todo.” (2)
El ente abstracto Historia, en la práctica suele personificarse en un líder o cúpula dirigente endiosados,
que ordenan qué se ha de hacer, cómo y cuándo. Decisiones fruto en ocasiones de
una mente obsesiva como manifiesta la película La clase de esgrima (3) que menciona el estigma que pesaba sobre
los jóvenes estonios obligados a reclutarse por el ejército alemán que al
incorporarse Estonia a la URSS, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, fueron
declarados por Stalin «enemigos del pueblo» y, por tanto, perseguidos para ser
juzgados y encarcelados –como le ocurre al protagonista del film-.![]() |
| Redacción artículo 58 (7) |
En la URSS el artículo 58
del código penal era una de las salvaguardas en las que se apoyaba el régimen.
Puesto ‘en vigor el 25 de febrero de 1927 para detener a las personas
sospechosas de actividades contrarrevolucionarias’ (4). En las historias que
cuenta Varlam Shalámov -publicadas en seis volúmenes- sobre las vivencias de
los reclusos destinados en un campo de trabajo situado en la inhóspita Siberia
en condiciones infrahumanas y con un trato de los guardianes habitualmente
vejatorio se hace repetida mención a dicho artículo. En el primero de ellos, Relatos de Kolimá (5), -único que he
leído- nos dice que “el campo era un lugar en el que se enseñaba a odiar el
trabajo físico, a odiar el trabajo en general.” Sorprendentemente “el grupo más
privilegiado de la población carcelaria era la gente del hampa.” ¿Por qué? “Los
vigilantes de guardia nunca se asomaban al barracón de los arrieros
–delincuentes comunes, hampones-, pues suponían con razón que su primer deber
era controlar a los condenados por el artículo 58.” (6) Entre estos ‘malvados’
se encontraban intelectuales, artistas, profesionales cualificados, literatos,
científicos… algunos de ellos habían colaborado activamente en favor del
régimen.
Ejemplos concernientes a un
estado que no existe actualmente como tal, disgregado en diversas repúblicas, y
un régimen que ha tenido replicas autóctonas en distintos puntos del planeta y
es anhelado en otros por grupos políticos que lo presentan como la panacea para colmar las aspiraciones humanas, pese a la constancia de que donde se aplica el
individuo es subyugado, sometido a un pretendido interés colectivo que se
identifica con el que prescribe la elite dirigente. Gobiernos que se autocalifican
del pueblo -con, para y por el pueblo-, en los que la sospecha sobre los ciudadanos es máxima, ejerciendo un control férreo sobre cualquier
iniciativa privada y fomentando la delación para mermar la confianza de unos
con otros.
La tentación totalitaria
del poder político está siempre latente y tiene su correlato en actitudes arrogantes y supremacistas en cualquiera
de sus manifestaciones -étnica, política, cultural, social, religiosa…- que se nutren de su ensimismamiento rehuyendo el debate sereno y argumentado; pretendiendo imponer sus postulados forzando posicionamientos
maniqueos irreflexivos. En ambos casos la libertad individual se encarece y
requiere de un mayor esfuerzo y decisión para ejercerla.
(1) Arthur Koestler: El
cero y el infinito (Darkness at Noon -Oscuridad y mediodía- 1941). Editorial
Destino (1957). Primer interrogatorio. IX
(2) Ibidem, Primer
interrogatorio. XIV
(3) La clase de esgrima. Título original: Miekkailijaaka. Año: 2015.
Duración: 93 min. País: Finlandia. Dirección: Klaus Härö. Fuente: https://www.filmaffinity.com/es/film655517.html
(5) Varlam Shalámov:
Relatos de Kolimá. Volumen I. Título original: Колымские рассказы (1962).
Editorial: Minúscula – Colección: Paisajes narrados, número 20 – 1ª reimpresión
(2007) – Traductor: Ricardo San Vicente. 354 páginas. La ración de campaña
(1959)
(6) Ibídem, página 9(7) http://apuntesrevolu.blogspot.com/2019/02/lenin-y-su-aporte-al-funesto-articulo.html

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