Puertas que se cierran… Ventanas que se abren
Cuando fallece una persona
a la que se ha estado muy unido se inicia un proceso de recomposición
afectivo-emocional que ha de conducir a la asunción plena de la ausencia. Es el
duelo, que como aclara Alfons Gea en Acompañando
en la pérdida (1) no se circunscribe exclusivamente al entorno de un óbito:
“Para entender el duelo, en primer lugar debemos entender lo que se denomina
apego, afección o vinculación. El duelo… remite a una pérdida. Se pierde algo
que se valora, y esto provoca dolor.” Afecta a las relaciones personales, a la
economía, al patrimonio, a los proyectos, a las expectativas profesionales, a
la reputación… Cuanto mayor es el apego, más intenso será el dolor que se padece
por esta causa. Del trance a veces se sale solo, pero suele ser necesario recibir
ayuda, como se explica en el libro mencionado y en los videos que ha colgado el
autor en youtube.
Una situación asimilable de
duelo es la que padecen los afectados por una enfermedad inhabilitante, incurable
y degenerativa, como la de Andrés, el protagonista de El árbol desnudo (2), una novela con tintes autobiográficos del
periodista Manuel Lozano Garrido (Lolo). Asumir la dolencia en toda su crudeza
mientras se produce el deterioro físico que da al traste con las expectativas y
aspiraciones que se han forjado, aceptar las renuncias que conlleva y proyectar
la vida a partir de esa realidad que tanto se aleja de lo que era previsible,
es un proceso de reencuentro con uno mismo que se ha de aprender a sobrellevar.![]() |
| Miriam Fernández durante esa intervención |
No es fácil, por supuesto,
y de ello daba testimonio Miriam Fernández, una joven cantautora que nació con
parálisis cerebral, en uno de los congresos organizados por la Fundación Lo que de verdad importa (3).
Durante su intervención expuso el momento en el que se produjo el punto de
inflexión: “Mi vida cambió cuando dejé de preguntarme por qué a mí y empecé a
pensar para qué.” Quedaba aún por fijar el rumbo y había dos opciones: “amargarme
y amargar a quien está a mi alrededor o ser feliz y contribuir a la felicidad
de los otros.” Escoger la segunda opción no solo ha dado sentido a su vida sino
que lo ha contagiado a otros: “La primera vez que alguien me dijo que mi
testimonio le había dado ganas de vivir aluciné.”
![]() |
| Manuel Lozano Garrido antes de manifestarse la enfermedad |
En el relato de Lolo se trata
con delicadeza –no confundir con edulcoración- el desarrollo de la enfermedad
de Andrés -su alter ego- desde que empieza a manifestarse, pasando por el
fracaso de los distintos remedios y tratamientos a los que paulatinamente se va
sometiendo, fundamentados casi todos ellos en diagnósticos desacertados que
alumbran falsas esperanzas sobre todo entre sus allegados, especialmente su
hermana Emilia. El ánimo se va deteriorando conforme se desvanecen las
posibilidades de mejora: «¿Es que no te acuerdas que en la cartera tengo un
certificado de inutilidad? Inútil es el hombre que sólo sirve para clavarle en
una esquina y que venda avellanas», le dice a su novia aludiendo a lo que
constaba en su cartilla del Servicio Militar, periodo en el que se manifestaron
los primeros síntomas.
Como último recurso para
revertir el curso de la enfermedad accede sin mucho entusiasmo a la propuesta
de su hermana para unirse a un convoy de enfermos que se dirige a Lourdes, donde
ella viajará como enfermera. Allí percibirá que comparte con los centenares de enfermos
que se congregan el anhelo de ser bendecidos con la curación física de sus
dolencias. En su caso, sin embargo, el ‘milagro’ se manifestará de una manera distinta.
Será Emilia quien lo
exprese: «ningún milagro es tan grande como el que se opera con el hecho de
aceptar. Decir que «Sí», ya es dar, y dar es toda una potencia de milagro».
Poco después de su regreso Andrés iniciará su actividad periodística y
literaria. Y Emilia que ha renunciado voluntariamente a proyectos humanamente
más atractivos para dedicarse a cuidar a su hermano se siente confortada: «Me
gusta este aire de mar en calma que acaricia la nueva vida de Andrés. Lo he
deseado tanto y tanto he forcejeado por él que ya no me hago a esta relajación
de las sienes y las palmas de las manos. Soy feliz así, tremendamente feliz, aunque
la factura que todo esto me gira sea tan costosa de solventar.»
Aceptar la realidad que trunca
el camino que habíamos trazado consciente o inconscientemente para nuestra vida,
es un paso fundamental para salir del desconcierto o bloqueo en que nos ha
sumido y estar preparados para descubrir otras veredas que conducen a colmar nuestros
más nobles anhelos de felicidad.
(1) Alfons Gea Romero: Acompañando en la pérdida. Título
original: Acompanyant en la pèrdua (2007) Editorial San Pablo - Colección Salud
y Vida número 12 – 2ª edición (2007). Traducción: Teresa Rofes y Buró Egara.
183 páginas
(2) Manuel Lozano Garrido
(Lolo): El árbol desnudo (1969).
Editorial: Edibesa – Colección: Vida y misión, número 48 (2000). 262 páginas
(3) Crónica de Rosa
Cuervas-Mons: En busca de la felicidad.
Alba del siglo XXI, número 302 del 3 al 9 de diciembre de 2010. La intervención
de Míriam Fernández se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=5kaUvGb-6U0


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