Contrición del escritor… de aquella manera
Es la primera vez que leo a un escritor poner reparos a una de sus obras en el mismo texto donde se reproduce. Lo hace Juan
Manuel de Prada en una edición de Las
máscaras del héroe (1) que sale al mercado doce años después de que la obra
se publicara por primera vez. Utiliza el epígrafe Agradecimientos de forma un
tanto enmascarada por su habilidad literaria y el amplio dominio del léxico: “hubiese
requerido un prólogo con morrión, en el que justificase los excesos y carencias
de la juventud y su desalmada búsqueda de la brillantez avant toute chose, pero ya se sabe que cualquier ejercicio
retrospectivo puede degenerar en palinodia… Muchas aguas discurrieron bajo el
puente desde que el joven que yo era hacia 1996 se estrenara como novelista con
este libro; y algunas de esas aguas discurrieron turbias y arremolinadas hasta
su desembocadura en el mar, que es el morir… Dicen que el tiempo todo lo muda,
pero siempre hay algo que sobrevive al rigor de sus guadañas.”![]() |
| Juan Manuel de Prada |
¿Bisoñez? ¿Ardores de juventud? ¿Afán de
notoriedad?… La obra fue premiada y catapultó a su joven autor a la fama,
consolidada un año más tarde tras ganar el Premio Planeta con La tempestad. ¿Qué le puede chirriar a
de Prada de Las máscaras del héroe una
docena de años más tarde? No he descubierto ningún documento más explícito que
el expuesto. En cualquier caso, observo que el tono de la obra se aleja de la
imagen y el discurso con que de Prada se expresa públicamente en la actualidad.
![]() |
| Pedro Luis de Gálvez con sus hijos |
El libro es en su mayor parte un cortapega de
documentos, que se inicia con una “Carta de Pedro Luis de Gálvez a D. Francisco
Garrote Peral, inspector de prisiones, fechada el 14 de octubre de 1908 en el
presidio de Ocaña” y continua con dos bloques que abarcan la mayor parte de la
obra (90% aproximadamente): “Los textos reunidos bajo los epígrafes de Museo de
espectros y La dialéctica de las pistolas forman parte de unas memorias hasta
ahora inéditas de Fernando Navales (1896-1942); la ordenación en capítulos, así
como la exclusión de algunos pasajes que no afectaban al curso de esta
historia, son de nuestra entera responsabilidad.” Tan solo en el apartado
final, Coda, el escritor se expresa en forma de epílogo -impreso en letra bastardilla-, aunque también ahí se aprovecha para reproducir una
extensa carta -significativa, eso sí- de Pedro Luis de Gálvez a Fernando Navales, los protagonistas
principales de la obra.
Más que ante una novela nos encontramos con un
apaño, donde el escritor se ha dedicado básicamente a publicar las memorias de
Navales con el pretexto de mostrar la azarosa vida de Pedro Luis de Gálvez y el
clima social, político y cultural de un periodo convulso de la historia de
España (1908-1936) contemplado desde la perspectiva de quien, como secretario
del empresario del Teatro de la Comedia de Madrid se relacionó con el ambiente
bohemio de la capital. La aportación propia del autor es inferior al 5%.
Unas memorias tienen una elevada carga de
subjetividad y probablemente algún grado de fantasía. Cuando apenas había leído
100 páginas estuve casi decidido a abandonar la lectura hastiado por su tono
mordaz y escabroso. El editor califica a Navales de nihilista y canalla en la
contraportada, una actitud que debería ser tenida en cuenta cuando se vierten
afirmaciones difamatorias de conocidos personajes y se describen con detalle
abundantes manifestaciones libidinosas y burdas que nada aportan al conjunto de
la historia, salvo el atractivo que para algunos lectores pueda proporcionar la
morbosidad. Prescindiendo de estos fragmentos innecesarios, según mi opinión, los
aspectos positivos del texto en cuanto a retratar una época desde un ambiente
cultural determinado sin decantaciones ideológicas, quizá debido al cinismo de
quien lo transmite, hubieran quedado más resaltados y la lectura más provechosa
al eliminarse aspectos distorsionadores. También es posible que hubiera tenido
menos éxito.
'Lo escrito, escrito está', es una de las frase
lapidarias de Pilatos. A pesar de ello, el pasado es tan solo una referencia
que forma parte de nuestra mochila vital, que no tiene por qué ser
determinante de lo que ahora somos. Desde hace unos años he seguido
intermitentemente a de Prada, me gusta leer u oír sus razonamientos, aunque en
ocasiones no esté de acuerdo con ellos. La posición crítica respecto al libro
mencionado no altera mi opinión.
(1) Juan Manuel de Prada: Las máscaras del héroe (1996). Editorial: Seix Barral – Colección: Biblioteca breve – 1ª edición (2008). 575 páginas




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