viernes, 12 de julio de 2019

Novela de cortapega

Contrición del escritor… de aquella manera


Es la primera vez que leo a un escritor poner reparos a una de sus obras en el mismo texto donde se reproduce. Lo hace Juan Manuel de Prada en una edición de Las máscaras del héroe (1) que sale al mercado doce años después de que la obra se publicara por primera vez. Utiliza el epígrafe Agradecimientos de forma un tanto enmascarada por su habilidad literaria y el amplio dominio del léxico: “hubiese requerido un prólogo con morrión, en el que justificase los excesos y carencias de la juventud y su desalmada búsqueda de la brillantez avant toute chose, pero ya se sabe que cualquier ejercicio retrospectivo puede degenerar en palinodia… Muchas aguas discurrieron bajo el puente desde que el joven que yo era hacia 1996 se estrenara como novelista con este libro; y algunas de esas aguas discurrieron turbias y arremolinadas hasta su desembocadura en el mar, que es el morir… Dicen que el tiempo todo lo muda, pero siempre hay algo que sobrevive al rigor de sus guadañas.”

Juan Manuel de Prada
¿Bisoñez? ¿Ardores de juventud? ¿Afán de notoriedad?… La obra fue premiada y catapultó a su joven autor a la fama, consolidada un año más tarde tras ganar el Premio Planeta con La tempestad. ¿Qué le puede chirriar a de Prada de Las máscaras del héroe una docena de años más tarde? No he descubierto ningún documento más explícito que el expuesto. En cualquier caso, observo que el tono de la obra se aleja de la imagen y el discurso con que de Prada se expresa públicamente en la actualidad.

Pedro Luis de Gálvez
con sus hijos
El libro es en su mayor parte un cortapega de documentos, que se inicia con una “Carta de Pedro Luis de Gálvez a D. Francisco Garrote Peral, inspector de prisiones, fechada el 14 de octubre de 1908 en el presidio de Ocaña” y continua con dos bloques que abarcan la mayor parte de la obra (90% aproximadamente): “Los textos reunidos bajo los epígrafes de Museo de espectros y La dialéctica de las pistolas forman parte de unas memorias hasta ahora inéditas de Fernando Navales (1896-1942); la ordenación en capítulos, así como la exclusión de algunos pasajes que no afectaban al curso de esta historia, son de nuestra entera responsabilidad.” Tan solo en el apartado final, Coda, el escritor se expresa en forma de epílogo -impreso en letra bastardilla-, aunque también ahí se aprovecha para reproducir una extensa carta -significativa, eso sí- de Pedro Luis de Gálvez a Fernando Navales, los protagonistas principales de la obra.

Más que ante una novela nos encontramos con un apaño, donde el escritor se ha dedicado básicamente a publicar las memorias de Navales con el pretexto de mostrar la azarosa vida de Pedro Luis de Gálvez y el clima social, político y cultural de un periodo convulso de la historia de España (1908-1936) contemplado desde la perspectiva de quien, como secretario del empresario del Teatro de la Comedia de Madrid se relacionó con el ambiente bohemio de la capital. La aportación propia del autor es inferior al 5%.

Unas memorias tienen una elevada carga de subjetividad y probablemente algún grado de fantasía. Cuando apenas había leído 100 páginas estuve casi decidido a abandonar la lectura hastiado por su tono mordaz y escabroso. El editor califica a Navales de nihilista y canalla en la contraportada, una actitud que debería ser tenida en cuenta cuando se vierten afirmaciones difamatorias de conocidos personajes y se describen con detalle abundantes manifestaciones libidinosas y burdas que nada aportan al conjunto de la historia, salvo el atractivo que para algunos lectores pueda proporcionar la morbosidad. Prescindiendo de estos fragmentos innecesarios, según mi opinión, los aspectos positivos del texto en cuanto a retratar una época desde un ambiente cultural determinado sin decantaciones ideológicas, quizá debido al cinismo de quien lo transmite, hubieran quedado más resaltados y la lectura más provechosa al eliminarse aspectos distorsionadores. También es posible que hubiera tenido menos éxito.

'Lo escrito, escrito está', es una de las frase lapidarias de Pilatos. A pesar de ello, el pasado es tan solo una referencia que forma parte de nuestra mochila vital, que no tiene por qué ser determinante de lo que ahora somos. Desde hace unos años he seguido intermitentemente a de Prada, me gusta leer u oír sus razonamientos, aunque en ocasiones no esté de acuerdo con ellos. La posición crítica respecto al libro mencionado no altera mi opinión.

(1) Juan Manuel de Prada: Las máscaras del héroe (1996). Editorial: Seix Barral – Colección: Biblioteca breve – 1ª edición (2008). 575 páginas

No hay comentarios:

Publicar un comentario